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Año XIII, vol 10, N°4, marzo de 2002

Morfogénesis cerebral y psiquiatría

Juan Carlos Goldar

La ocultación de lo primordial es una de las tendencias evolutivas fundamentales, aunque olvidada bajo la fuerte censura que sufre la noción de tendencia – derivada del principio teleológico. Sin embargo, la experiencia del especialista en anatomía comparada señala que las tendencias son realidades. Vamos a tratar, para traer pruebas en este asunto, tres ocultaciones que ocurren en la evolución cerebral.

En primer lugar, la ocultación dorsomedial. Cuando se comparan los cerebros de reptil y de mamífero, se advierte que el hipocampo se ha desplazado desde el primitivo e inoculto sitio dorsal hasta el ulterior puesto oculto medial.

Cuanto más nos acercamos al hombre, tanto más se profundiza esta ocultación, hasta rematar en las delgadas bandas intralímbicas.

En segundo término, la ocultación ventromedial. Tanto en reptiles como en mamíferos primitivos, la corteza olfatoria o piriforme ocupa una manifiesta o inoculta posición en la superficie lateral del hemisferio. En el camino hacia el cerebro humano – expresión prohibida por la censura – la tendencia a la ocultación genera un corrimiento o desplazamiento piriforme desde la posición lateral hacía el puesto medial. Tanto en el mono como en el feto humano es posible observar los pasos que sigue la ocultación.

En efecto, la cisura rinal, que en los mamíferos primitivos forma el límite piriforme dorsal en la superficie lateral y en el hombre adulto forma el límite ventral y oral del gyrus uncinado en la superficie medial, tiene una posición intermedia en el mono y en el feto humano.

En tercero y último lugar, la ocultación insular. El cortex insular, inicialmente semioculto en el valle rinal, es sepultado profundamente en la fosa de Reil por la expansión de los opérculos. Sabido es que la corteza insular está estrechamente ligada a los rendimientos viscerales, sobre todo digestivos. De este modo, la ocultación en la fosa de Reil es la ocultación de lo primordial por excelencia: la digestión. Además, la relación entre ínsula y dolor es otra clara ilustración de la ocultación de lo primordial.

Tan importante como los sectores ocultados son, claro está, los dispositivos ocultadores. En psiquiatría nos interesa, muy especialmente, el dispositivo que opera en la ocultación ventromedial, o sea en la ocultación evolutiva de la corteza olfatoria.

La profunda ocultación del cortex olfatorio humano (siempre inaccesible para los estudiantes) se debe a la expansión del neocortex temporal basal, que constituye lo más reciente, la última novedad.

Por ser el dispositivo cerebral que contiene la última adquisición (y, por ello, el último ocultador), el neocortex temporal basal tiene la mayor vulnerabilidad, en plena confirmación de la ley de Ribot. Esta vulnerabilidad se manifiesta, sobre todo, en la atrofia de Pick y en la esquizofrenia.

Los síntomas esquizofrénicos que Minkowski ha reunido bajo la noción de "demencia pragmática" traducen alteraciones localizadas en el lóbulo temporal, tal como lo venimos señalando desde hace más de 25 años.

El neocortex temporal basal, o sea el último ocultador en la historia del cerebro, es el fundamento de los rendimientos mentales más refinados.

Así lo señalaba Hugo Spatz, el gran teórico de la ocultación evolutiva, quien trasladó al cerebro el principio de la "internación", acuñado por Johannes Meckel en 1821 bajo la influencia de la "Naturphilosophie".

En el último ocultador están las bases de la res cogitans stricto sensu, que no es conocimiento o exterioridad sino sentimiento, valor, verdadera subjetividad, interioridad, vivencia pura. Sólo la noción de tendencia, unida al detallado estudio anatómico, permite entender este camino hacia el hombre, esta creación del último ocultador y, a la vez, del sentimiento.

 

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