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Año XV, vol 12, N°1, Marzo de 2005

 

La erotomanía

La expresión clínica del delirio de “ser-amado”

Lucio E. Bellomo1

 

- “¡ Oh, ya veo que los locos no tiene oídos!”

Romeo: - “¿Cómo van a tenerlos cuando los

cuerdos carecen de ojos?” (Acto III, esc. III-83)

Introducción

 

Hace ya algunos años vengo estudiando la naturaleza íntima del fenómeno delirante paranoico, proceso mórbido realmente apasionante dentro de la patología psiquiátrica (4- Bellomo, l995, l996). Confieso que ninguno de los cuadros delirantes estudiados me ha proporcionado más asombro que el llamado “delirio de ser amado” (délire d’être aimé) según la Escuela Francesa y denominado así por su principal y genial descriptor más difundido Gaetan Gaitan De Clérambault [1872-1934]. Su sinonimia la podemos reducir simplemente a “erotomanía” o “delirio pasional amoroso”. El llamado Delirium (Whan) paranoico, constituye aún hoy un enigma que va desde su fenomenología, cómo y cuándo se presenta, su trama y textura delusiva, su mecanismo y sistematización.

Su temática predominante, su forma de actuación en “sector o en red” sobre la realidad, y lo que es aún más obscuro de saber, el porqué de tal caótico y colosal trastorno, que utiliza casi los mismos elementos de la razón y de la pasión humanas, para finalizar y desembocar en un delirio de amor tan imposible como erróneo y equívoco. Pues bien, podemos con absoluta seriedad científica colocar a la erotomanía dentro de la paranoia y de una manera genérica, con las salvedades que iremos acotando respecto de la misma. El Delirio estructurado (Whan, de los alemanes) proviene de delirare (de: fuera; lirare: ruta) que significa “apartarse del camino, de la senda, de la huella, o de la ruta”.

Todas ellas son acepciones posibles, y que ya hemos intentado explicar sobre su posible significado en relación al apartamiento del camino cogitativo lógico del ser humano (opus. cit.-4). El elemento constitutivo fundamental del delirio lo constituye la idea delirante “whan”, que Tellembach le otorga el significado de “expectación”.

La idea delirante ha sido definida por Karl Jaspers (1883-1969), como una idea devenida al Yo por vía patológica, sustentada con gran vigor afectivo (catatimia), que mueve al Yo a la acción, y que no rectifica jamás a la convicción lógica del pensamiento(46). El conjunto ensamblado de ideas delirantes conforman el Delirium (Whan) al cual nos abocaremos.

Ahora bien, para entrar de lleno al tema tan intrincado y complejo de la erotomanía, realizaremos una breve reseña histórica del mismo desde sus orígenes hasta su descripción formal por el citado Gaetan Gaitan De Clérembault (1872-1934); luego estudiaremos el aspecto clínico del delirio, proporcionando algunos ejemplos, y su problemática actual nosográfica tanto en materia neurobiológica como psicogenética.

 

Historia

 

Según la interesante Tesis de Ferdière(33) desde un inicio, Hipócrates de Cos (-460 AC), Galeno (131-202/3) y Plutarco (46/50-120), hasta la primera treintena del siglo XVIII, la erotomanía estuvo confundida con la ninfomanía, que resulta de la exaltación desenfrenada del instinto sexual en la mujer. Su equivalente en el hombre lo constituye la satiriasis.

Recién Jean-Etiénne Dominique Esquirol [772-1840] en 1837(81) las diferencia como tales, considerando la erotomanía como una monomanía intelectual, por la cual una mujer tiende a enamorarse perdidamente de un hombre considerado como superior.

“La locura de amor -dice Esquirol- no respeta ni a sabios ni a locos”...el enfermo es un juguete de la imaginación”... “el amor los posee en sus sueños y semejan ser iguales a los íncubos o los súcubos de las antigüas demonopatías”...aún cuando la ninfomanía es a la erotomanía, algo similar a las enfermedades del corazón respecto del cuerpo, “pero castas”(30, 31).

Agustín Benedict Morel (1809-1873)(81), en 1853, define ésta monomanía como “délire d’amour” imprimiéndole también el sesgo de un amor platónico, reafirmada por Charles Ball como una “persecución amorosa del amor casto”.

Jacques Joseph Valentin Magnan (1835-1916), en 1893 (57, 81) por primera vez conjetura que la erotomanía obedece a un trastorno del lóbulo frontal del cerebro.

Carl Wernicke (1848-1896), en sus célebres Lecciones de Psiquiatría -hoy accesibles al habla hispana por la magnífica traducción de nuestro Prof. Diego Outes(93)- adscribe a la hipótesis de la “sejución” -(sejunctionshypothese) escición de la fluidez del pensamiento, con la aparición de ideas autóctonas, prevalentes y sobrevaloradas, las cuales mediante su emergencia, dan lugar a los delirios paranoicos, a veces con tonalidad erotomaníaca, tal como se glosa en el ejemplo de la Lección XV [pp. 150] de la obra citada.

La obra del autor alemán es altamente medulosa y compleja en su aspecto teórico neuropsiquiátrico y exige del lector una profunda concentración y versación neuroanatómica y neurológica. Brevemente, trataremos de compendiar el criterio científico de Wernicke para el delirio.

La unidad del Yo, según Wernicke depende de la actividad asociativa cerebral. Existen asociaciones subcorticales, corticales y transcorticales; las alucinaciones afectarían la vía psicosensorial (sA), mientras que las ideas patológicas erróneas -como las ideas delirantes de mención-tendrían su asiento y génesis en la vía intrapsíquicas (AZ) (Lección II, pp. 21-28; y Lección XII, pp. 117-126, de la obra citada-93).

Todo ello está íntimamente asociado a la cualidad receptora y fonético-expresiva del lenguaje así como de la psicomotricidad, y de la función mnésica que juegan un papel protagónico, para la reproducción de los engramas patológicos.

Sérieux, P. (1864-1947) y Capgrás (1873-1950), en 1909(82) -especialmente J.Capgrás (11-12-13) en trabajos posteriores, descriptos como delirios pasionales- vinculan a la erotomanía como una forma del delirio sistematizado (folie raisonnante) interpretativo y reivindicativo, a temática erótica, cuya trama sobre la realidad se realiza “en red” y no sectorialmente o en cuña sobre el Objeto, a diferencia de los delirios querulantes persecutorios.

Los autores dedican todo el capítulo II, parágrafo V, de la obra citada(82) para explicarlos detenidamente y los definen como delirios lúcidos, ausente de alucinaciones, con conservación de la actividad psíquica, con evolución extensiva de las interpretaciones, incurabilidad, sin evolución demencial.

Emil Kraepelin (1856-1926), en 1921 describe la Paranoia (Verrütheit). Como tipos clínicos primarios comprende a los delirios paranoicos de celos, de grandiosidad y de persecución; y consagra diversos “subtipos clínicos” de la paranoia -cinco fundamentales entre ellos: 1-los delirios erotomaníacos; 2- de los “los altos ascendientes” (megalomaníacos); 3- de los inventores; 4- de los “profetas y santos” (místicos) y 5- los de temática hipocondríaca(48, 49). También se adjuntaron a estos subtipos los deliros que la escuela francesa llamaba de “autoacusación”, que aparecían en la evolución de la melancolía, llamada lipemanía por Esquirol, en la cual la monomanía era parcial y no global.

La vinculación de la descripción científica de los delirios erotomaníacos de las dos escuelas, alemana y francesa, por el saber histórico, se hizo casi simultáneamente. La desconexión entre las dos escuelas, sólo puede atribuirse por algunas razones que exceden el presente trabajo. Sí, puede afirmarse que el eslabón se hizo posible gracias a la persona de Paul Julius Moëbius (1853-1907) el cual al traducir al alemán la obra de Magnan, hizo factible la vital vinculación entre ambas escuelas.

 

La naturaleza de la pasión amorosa

 

Veamos. Por definición, el amor representa una corriente afectiva fluida y centrífuga de entrega que va del Yo al Objeto de la realidad(65). El amor “mueve a”... “es irradiación psíquica del amante a lo amado”... “es amor a”... y tiende a desear el Bien de lo que ama, pero también aquí comienzan sus infortunios. Sin entrar a convertirnos en un filósofo (no hay peor tentación para un psiquíatra que ello) solamente expresaremos que el amor está íntimamente ligado a la pasión amorosa (V. Cabello, 10). Por su etimología, la palabra pasión (del latín “passio-passionis”) deviene “ab-initio” de la acción pasiva, aunada a un estado afectivo de padecer y de sufrir.

¿Por qué y de qué, sufre y padece el que ama? Pues, contestaríamos, casi tautológicamente, que de eso mismo, de lo que ama. O mejor aún, que se halla muy precavido y dispuesto, hasta el sufrimiento -y sufrimiento de muerte si se brindara la posibilidad- para que el Objeto de su amor halle el Bien, o su bienestar. Es esclavo de lo que ama.

No obstante, el amor fascina e insufla al Yo aumentando el sano narcisismo del que lo practica, por identificación introyectiva del objeto amado, tal como lo refiere la terminología psicoanalítica.

Aun así, paradojalmente, el narcisismo extático e hipnótico que produce el amor, no está exento de una cierta mística -señalada por la mayoría de los autores- lo que provoca un ensanchamiento de las emociones básicas y de los sentimientos, provocando un bienestar inefable. Es un “desasimiento” donde se “embebe” el Espíritu, como proclaman San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús.

Se produce luego -o casi simultáneamente- un deseo de proteger al Objeto amado, lo cual se halla gestado por el deseo de su Bien y entonces, se genera la Oblación. La Oblación es el sacrificio de la lucha por el Bien del amor en pro de una creencia estimada como superior(20). Esta segunda instancia de lucha por el deseo de bienestar del Objeto amado, es protagonizada y defendida con ardor, fogosidad, entusiasmo, vehemencia y representa de manera genérica, lo que vulgarmente se entiende por pasión amorosa, o directamente por amor pasional. No se cae en la cuenta que el amor, primero duele o hiere al Yo gratamente y de manera narcisística; secudariamente, el Yo (ya entrampado por el movimiento afectivo hacia el Objeto) lucha apasionadamente por el su Bien, con todo su corazón, con su Alma y con todas sus fuerzas. Será por ello, quizás, que la Escolástica define a la pasión como un movimiento apetitivo de los sentidos (Passio est motus appetitus sensitivi, 91).

Ahora bien, esta corriente fluida de entrega necesita de la correspondencia del Objeto. Nadie ama de veras sin la esperanza de ser amado, dice Stenthal ( personne n’ aime pas sans l’ espoir d’ être aimé, 89). Necesita vitalmente del “sí” del Objeto que excita e incentiva la lucha. La negativa del Objeto amado sume al Yo normalmente en sentimientos de soledad, teñidos de envidia, de celos, de rencor y de resentimiento. Es más, el ¡NO! del Objeto, puede llevar al sujeto a padecer de los sentimientos de su par antitético: el odio; y vivir la aspiración que el Objeto odiado se destruya, se muera, que sufra, cayendo en el “enodiamiento”, como opuesto del sentimiento amoroso.

El ‘no-te-quiero’ o el ‘no-te quiero-más’ (como es sabido) es equivalente a una de las respuestas más amargas y más trágicas que puede recibir una persona, con sus concomitantes médico-legales como lo hemos observado(4). No olvidemos que el amor ‘tocó’ el corazón, hiriéndolo y dilatándolo a la vez. El sujeto cuando se enamora, cae (to fall in love) de bruces frente a una realidad interna ineludible e ineluctable de la cual su psiquismo no se puede apartar, como ocurre con las “ideas fijas” descriptas por Pierre Janet. Al respecto decia Ribot, “la pasión representa en el orden afectivo lo que la idea fija representa en el orden intelectual” [la passion est dans l’ordre affectif ce que l’idée fixée est a l’ordre intellectuel-(72)].

Se pueden yuxtaponer fantasías sexuales en el Objeto, inicialmente como destellos efímeros y poco eficaces, pero lo común es que el amante en un inicio no los atienda. El sujeto idealiza primero al Objeto tratándolo como un ser asexuado.

El instinto intenvendrá posteriormente y cuando la díada amorosa se consolide lo hará cada vez más y más. El primer arrobamiento amoroso no parece hacer caso de la pulsión sexual casi aletargada en esta primera fase. Luego, cuando la vicisitud instintual sexual se despierta y la misma juega el papel correspondiente (bien satisfecho) el vínculo en el curso de la pasión amorosa hallan su cumbre, su acmé.

Entonces, sí, en éstas instancias el Yo disfruta de su amor, está... “loco de amor”. Proyectos, iniciativas, metas, fines, y objetivos acuden espontáneamente a su voluntad para el logro de tales anhelos. Pero la pasión amorosa, además del padecimiento de la lucha por el mutuo bienestar, que cuenta con la amalgama de la voluntad del sujeto y la del Objeto; pues también el otro (l’autre) no sólo desea “estar-con-él/ella”, sino que desea fundirse con él/ella.

En otras palabras desea ‘ser-el-otro’ poseyéndolo; y se entiende entonces, que el amor sea pura otreidad, como dice Octavio Paz(66).

La gran desilusión que sigue en los años venideros, y que propende a languidecer estas emociones y sentimientos tan primarios del amor de sus fases iniciales, es imaginar que con la posesión del otro se logra la plenitud y se vence la soledad. Tal falacia proviene de ignorar que el otro posee su propia mismidad, su propia vida, y su propio Destino que cumplir. Sigue en pie, el “sentimiento de incompletud” que admirablemente describiera Pierre Janet (1859-1947) tanto para la vida normal como para el psiquismo desequilibrado(45). Como residuo final queda que ambos amantes se acompañen en el ocaso de su vida, con los vestigios ardorosos del amor primitivo que los unió, que de tanto en tanto aparecen, cuando los fines materiales y espirituales proyectados se van cumpliendo.

¿Qué había ocurrido entonces en esas etapas iniciales del amor que en el atardecer de la existencia se recuerdan con añoranza? Pues, simplemente, respondemos que fueron necesarias, inherentes al ser humano, y producidas -entre muchas otras cosas- para evitar el sentimiento de soledad, una de las condiciones más íntimas y hasta despreciada como existente por el ser humano de manera genérica. Invitaríamos al lector a buscar aquellas páginas tan sabias escritas por Octavio Paz, respecto de la “Dialéctica de la soledad”. En ellas encontrará, creemos, la respuesta de la búsqueda amorosa: “sólo la interioridad del otro mitiga la soledad” (op. cit.- 67). Pero ésta interioridad -nos damos cuenta después- es inasible, sabemos que está dentro del Otro, pero no podemos ser el Otro. El (ella), el otro(a), el Objeto, está allende a nosotros y si cada amante no claudica en el efecto de mitigar su soledad por la acción del otro, y no transita por su propia soledad, la armonía misma entre ambos se pone seriamente en peligro, colocándose los dos, al margen de la insoportabilidad. No es amor, es apego; la vida se vuelve efímera y vacía de contenido.

Soledad y vacío, son sinónimos, vienen del vocablo “orphanos” (orfandad), y por la etimología sabemos que la soledad se halla estrechamente relacionada con “la añoranza y con el dolor de ausencia”(16, 67, 19, 26). Los hombres sabios y prudentes, necesitan de la soledad, como del oxígeno, para rescatarse y poder crecer en el Espíritu. Pero, como decía Juan Ramón Jimenez en “la soledad se halla lo que a la soledad se lleva”(59), y por lo general se lleva desesperanza. No quisiera ser tan sartreano de pensar que el amor humano es sólo una ficción o un mero antídoto ineficaz contra la soledad, y que sólo la Nada o nuestras ilusorias fantasías, son el motor de nuestros desvelos amorosos. Jacques Lacan concibe también un concepto pesimista del amor. Cuando estudia el Banquete de Platón(38,39), hace un correlato entre el Objeto del deseo, al cual llama “carencia del ser” (manque à-être) y termina finalmente rematando su pensamiento con una fórmula genial, cáustica, triste e irremediable: “el amor es dar lo que uno no tiene a alguien que no lo quiere” (¿¡) “L’ amour est donner un chose qui ne l’ont pas a quelqu’un qui ne veut pas l’accepter(51,75).

Biológica, psíquica y espiritualmente necesitamos de la esperanza del amor y de la Oblación, de la lucha pasional a que nos lleva y de la alegría a la que nos transporta. Se puede entender entonces su máxima expresión, en el Pobre de Asís...que estaba (¿enfermo?)... “loco de Amor y de Alegría”(40).

Intuitiva y cognitivamente, por los tres factores invocados antes: biológicos, psíquicos y espirituales, el hombre entre amar y sentirse insatisfecho o decepcionado por el amor que no cumplió con el cometido de quitar su soledad, prefiere amar a quedarse solo.

Decía Paz, que el amor es un sacrificio sin virtud... “hoy diría que es una apuesta insensata de la libertad, no la mía, sino la ajena” (opus. cit.67, pp.60). La soledad (desolada) improductiva, nos hace transitar en la mayor de las miserias, en el tedio, el egoísmo, el aburrimiento y la desesperanza; la cual -repetimos- necesariamente padecemos en algún momento de la vida(73).

Amar es “des-centrarse”, salirse de sí- mismo, y conlleva algo de locura y de alienación. Pone a la gente también “fuera de sí” como le pasaba al Quijote, que sólo veía el Bien y el Amor, allí donde todo el mundo corroboraba la burla, el escarnio, y la maldad humana(59). El Objeto de su amor inexistente -Dulcinea- sumada a su condescendencia y perdón a los demás, en la plena locura frente a las diatribas y vejámenes que soporta, lo transforman en ése personaje extraño, que Unamuno magistralmente llamó de la Triste Figura; pues nunca se vió tan claramente el hecho que ‘su razón era tan necia y al mismo tiempo que su locura era tan cuerda’(92).

Sólo nos quedaría decir que amar representa la conjunción necesaria de varios sentimientos gratos y dolorosos a la vez, confluentes hacia el Bien del Objeto amado y que además, nos distancian de manera significativa del sentimiento de la soledad y de las penurias del vivir. Representa la excitación simultánea del entusiasmo y del dolor por sabernos y sentirnos vivos, deseando sólo el Bien de lo que queremos. Necesitábamos creo, éstos conceptos básicos sobre la naturaleza del amor pasional, para comprender mínimamente, la patología pasional amorosa, que como veremos, resulta ser tan interesante.

 

El delirio erotomaníaco (De Clérambault)

 

En la famosa Enfermería Especial de la Prefectura de París (Dépôt) que funcionó con sucesivos Jefes de a talla de Laségue (de 1850 a 1883), de Legrand du Saulle (hasta 1886), de Garnier (hasta 1905), de Dupré (hasta 1920) y por De Clérambault desde 1921 hasta su muerte en 1934, fue el lugar elegido de estudio por el último autor, de dichos delirios.

Como toda institución a la que llegan toda clase de marginales traídos por la Policía, allí se veían desfilar prostitutas, locos, alcoholistas, personajes de la vagancia, intoxicados con hidrato de cloral, haschich y gente del mundo bohemio de la noche parisina, debiéndose hacer un informe médico-legal sumarísimo, con el fin de informar respecto al punto álgido de la pregunta, de si estos personaje eran o no alienados.

La obra de De Clérambault es muy extensa; casi repetitivamente el autor estudia casos clínicos de manera exhaustiva, parte de cuyo historial se hallan publicados y discutidos en los Anales Médico Psicológicos de la época, de la Sociedad Clínica de Medicina Mental y de la Semana de los Hospitales, que van desde 1899 hasta 1935(5, 22, 23, 24, 25).

En tales publicaciones se hallan descriptos los casos clinicos más interesantes, sobre los que De Clérambault concebía desde sus análisis semiológicos, la teoría del delirio de amor, el “automatismo mental” y sus famosos “postulados”.

Recién en 1942 se edita su Obra Psiquiátrica(25) con la consiguiente divulgación de su magna tarea. Su labor está asimismo teñida por las características biográficas del gran psiquiátria francés, el cual para extraer las manifestaciones delirantes de un presunto enfermo alienado, no tenía empacho de emplear semiotécnicamente las más ocurrentes extravagancias para lograr su cometido. Se disfrazaba, gritaba, seducía, atacaba al enfermo hasta hacer que éste hablara de su delirio.

Era, propedéuticamente hablando, un verdadero provocador de reacciones en el paciente, tal como nos enseña Vallejos Nágera, que un psiquiatra debe ser durante la entrevista. Su vida fue un ejemplo de estudio clínico y ostracismo científico que le sirvió para obtener una objetividad en sus dictámenes realmente encomiables, aún cuando le valió quizás su malogrado fin, y que la perfidia de la prensa francesa obtuviera el margen perverso que necesitaba, tal como refiere Paul Bercherie (op.cit-5-pp. 9-25). Los certificados de De Clérambault se distinguieron prontamente por su genialidad basada fundamentalmente en su laconismo y precisión científica. Los mismos eran tomados como sagrados para el Juez de turno por su maestría y renombre.

De Clérambault halló que el delirio “d’être aimé”, era más frecuente en mujeres, las cuales se sentían amadas por un hombre generalmente superior, médico famoso, Juez, artista de prestigio, etcétera. Se sustentaba en el “automatismo mental” psíquico y se nutría de postulados fundamentales, a los que luego la enferma adhería fervorosamente para nuevas demostraciones delirantes. Partía siempre de uno o varios postulados.

Pero, ¿qué es un postulado? pues respondiendo de manera simple con el clásico Diccionario de Lalande u hoy día, con el de la Real Academia, decimos que se trata de una “verdad simple, espontáneamente creíble, que no requiere demostración ni pruebas”.

Sólo por parecer evidente a la razón, y constituir la base de nuevas demostraciones y de nuevos postulados(26) hace posible una conducta posterior congruente con lo creíble.

Por sí mismos, los postulados no son delirantes; constituyen los paradigmas o lemas básicos de una conjetura lógica verosímil y posible, y que normalmente mueve la conducta. El tema central es saber cuando se constituyen en delirantes.

En el caso del delirio de ser amado, el núcleo mórbido pasional transforma por sus “postulados” la propia naturaleza del amor en su revés y en su antípoda, como veremos. Para entender cómo los postulados se transforman en delirantes, debemos recorrer de manera diacrónica las distintas etapas o fases que se suceden en el psiquismo del enfermo, que hacen posible que éstos lemas o axiomas se conviertan en el eje axial de su existencia.

Según De Clérambault el trastorno comienza y tiene su fundamento con lo que él llamaba el “automatismo mental”, descripto por el Maestro en una psicosis tóxica que data de 1905(81, 7) y concuerda bastante a los hallazgos observados por Moreau de Tours en los drogados por haschich. La alteración tiene tres características principales: 1) es de carácter “neutro” pues carece de hostilidad para con el sujeto; 2) es “sensorial” y 3) aparece al comienzo de la psicosis como estado “pre-delirante” (1942, T2. pp. 492-493/ Lanteri-Laura, 53-54- pp.141).

Existe un enturbiamiento de la conciencia provocado por la aparición confusa de recuerdos, abstracciones, ideorrea, psitacismo ideoverbal, vacío del pensamiento, etcétera, que remendan un estado confusional -aún cuando no es un estado puro de confusión mental- que invade poco a poco el estado consciente del individuo hasta vencer e imponerse al proceso mismo del pensamiento, desembocando luego en los postulados delirantes (1942-T2, pp. 519-550).

El proceso descripto se refiere al “pequeño” automatismo en contraposición al “gran” automatismo mental: ideoverbal, sensorial y psicomotriz, que se desencadena por ejemplo, en la psicosis esquizofrénicas, y no en los delirios erotomaníacos; he aquí la diferencia que muchos autores confunden.

El desorden predelirante se une a una alteración del humor, de la timia -Wahnstimmung, de Jaspers, l913(46) y de la cenestesia alterada(15) sumado a la “désagrégation psychique”- disolución del sistema intelectual como explicaba Moreau de Tours, conducentes al descubrimineto del ‘hecho primordial’ (le “fait primordial”) Henry Ey, 1950-(32).

¿En qué consiste ése nudo vital, particularmente, en el caso de la erotomanía? Pues en la relación de un percepto normal vinculado a una inferencia errónea (Dromard, 28) o el equivalente scheneideriano(78) de la “percepción delirante primaria (PDP)” de... “sentirse amado”.

Es notable como Wilheim Griesinger (1817-1868) en 1861, se daba la mano con Gäetan de Clérambault, en l905, sobre la génesis diacrónica de los delirios. El primero afirmaba como Eugen Bleuler (1857-1940), que el estallido psicótico iba precedido de una confusión de sueños y hechos reales. De Clérambault, más contundente afirmaba... “en el momento en que el delirio aparece, la psicosis ya es antigua. El Delirio no es más que una superestructura”(7, 25). (On peut dire qu’ au moment ou le délire apparait la psychose est déjà ancienne. Le délire n’ est pas qu’ une superestructure).

Todo este estado pre-delirante descripto, como decíamos, -que algunos autores modernos como Berrios y Fuentenebro, llaman “magma primordial” (Delirio, 7- pp. 146) desemboca y finaliza en la convicción delirante de vivir el amor proveniente de alguien, como una estación final salvífica, de tal estado que claudica en el propio postulado erróneo. La convicción e ilusión delirante de “sentirse amado” representa el primer postulado del delirio. Es centrípeto, y va del Objeto al Yo y de éste a su significado patológico: primera diferencia con el amor normal (centrífugo) que va del Yo al Objeto, con la correspondencia posible del amor. Luego, siguen los postulados derivados del éste amor inicial: la fase de esperanza (éspoir):

* El Objeto no halla goce ni valor sin su amor;

* el Objeto amado está preso, y no puede manifestar su amor;

* el Objeto necesita de su protección.

 

Curso, evolución y formas clínicas

 

De Clérambault, continúa la descripción del delirio, caracterizado por la tríada del orgullo sexual, del deseo y la esperanza del amor, con las fases esperanza, de despecho y de rencor (epoir, dépit et de rancune). Lagache y Ellemberger no creen que sea sistemática, tal evolución. El primero, Daniel Lagache, define la erotomanía como “la relación amorosa, cuyo componente activo amar, se halla disminuído en favor de su componente pasivo: ser-amado”(52).

El Maestro de la Enfermería Especial, en cambio, creía en las formas puras y mixtas de erotomanía; la forma ‘pura’, decía, cursaba como la describimos, sin evolución demencial. Las ‘mixtas’ se unían en el tema, a la parafrenia y la esquizofrenia, misticismo y manía. Capgrás, sostenía la formación de una erotomanía “paranoica” y otra “pasional”; la primera más interpretativa que la segunda, de tipo reivindicativo. De todas maneras, como concepto original y primario, la Escuela Francesa participó de la idea que la erotomanía formaba parte de una forma polarizada de las tendencias paranoicas de la personalidad (Genil Perrin, 36-Lacan, 50).

En cuanto al objeto del amor persistía a través de toda la vida no hallando substituto vicario, como una fusión cristalizada de muchos objetos vinculares amorosos entre sí(33).

La misma concepción, distinguía asimismo por su temática la erotomanía de la celotipía. La primera comportaba una díada (sujeto-objeto) en la cual el sujeto desestimaba como jerarquizada una tercera persona vinculada al Objeto amoroso. En la celotipía la tríada es insoportable e inadmisible. El Objeto es deseado con denuedo, en la forma más terebrante de los celos, pues se halla unido al sentimiento de la existencia de un tercero en competencia al acecho y próximo a apoderarse del Objeto de su amor.

En el primer caso el sujeto lucha para corresponder al máximo el amor sentido desde el Objeto; en cambio en los celos el sujeto ama y lucha por obtener la fusión imposible con el amor de un Objeto, en el cual jamás tendrá la certidumbre de su correspondencia. En primero, hay seguridad y garantía del amor, en el segundo existe peligro y riesgo de poder perderlo.

 

Ejemplos clínicos

 

Durante casi el lapso de quince años estuve estudiando dos casos de erotomanía mixta internadas en mi Servicio San Juan del H. Moyano.

Las dos pacientes poseían cualidades clínicas diferentes pero guardaron siempre una uniformidad sorprendente en la organización delirante en su conjunto. El primer caso -que llamaré Beatriz (H.C. No.57778)- de 67 años de edad, comenzó a los 37 años, con la ‘divulgación inocente delirante’ de Falret a sentirse perdidamente amada de un famoso Director de un Canal de TV, que lo llamaré M.

Afectada de una telepatía y mensajería inalámbrica, siente a M. por todo su cuerpo (especialmente en los genitales). Lo escucha por uno y otro receptor acústico (“voces bilaterales antagónicas”) que la influencian, que le provocan todo tipo de sueños, le proporcionan promesas, visitas, casamiento, relaciones íntimas futuras, y vínculo matrimonial. Siente que por el amor de M. ‘le han hecho un lavado cerebral con el líquido menstrual de su vagina’ pues también ‘huele su perfume’...la insultan y se burlan de ella y de M. tocándole el ‘nervio’ del dolor hasta el cerebro... y ‘aunque vencerá al Mundo con el saneamiento de la ecología’... (¡!) (sic). Divide la especie humana en dos partes, por arriba de un arco iris luminoso, se halla el mundo ecológicamnete celeste y estelar y por debajo.. ‘el mundo de la contaminación y todo lo podrido de las pasiones’ y a tal efecto dibuja un cuadro sobre el tema. En suma: ideación difuminada megalomaníaca, persecutoria, alucinaciones cenestésicas, olfatorias y acústico-verbales, con polimorfismo delirante a temática predominante erotomaníaca, que conformaban un cuadro delirante crónico, algo tardío en su manifestacion, a temática erótica, cósmica e inhalámbrica. Mantuvo, y mantiene aún el Objeto de amor incólumne y su sintomatología. Es hoy día que le compra a su amado comida, revistas, colecciona fotos, adquiriendo videos sobre la naturaleza del Espacio y del Cosmos, buscándolo por los pasillos y jardines del Hospital.

Ahora bien, además de su cuadro endógeno delirante, que no cedió jamás con ningún tratamiento, es interesante destacar, la psicopatologia delirógena de Beatriz y sus reacciones vivenciales de tipo histórico-diacrónicas.

Criada en un medio austero de padres mayores y docentes con una elevada concepción moral de la vida, Beatriz se formó sola educativa y afectivamente, aprendiendo idiomas, historia de la cultura olmeca y tolteca mexicana, manualidades, llegando a ser incluso una virtuosa del piano. No tuvo contacto alguno con el mundo, ni tuvo nunca relaciones sexuales. Con la pérdida del padre a los 37 años, debuta con su delirio que se mantiene encapsulado y sostenido precariamente con terapia ambulatoria, hasta que fallece la madre, donde se produce el verdadero estallido psicótico con la búsqueda y persecución a M. en el canal de TV., llamadas telefónicas, acoso erótico constante al personaje, hasta que la intervención policial y judicial practique su internación definitiva.

b- El segundo ejemplo es similar. Se trata de una parafrenia sistemática, a temática erotomaníaca, que llamaremos Noemí (HC.Nº 53778) de 60 años de edad. Es casada-separada, con una hija y fue internada en el hospital hace 15 años por una erotomanía selectiva con un médico cirujano que llamaremos Dr. S el cual había operado a su abuela 15 años atrás antes de su internación. Noemí, consultó al citado Dr. en una o dos oportunidades por razones clínicas y no habiendo tenido relaciones íntimas con él, sintiéndose inmediatamente amada por S.

Se casó a los 19 años con un hombre al que conoció en circunstancias normales, mantuvo su delirio encapsulado y tuvo a su hija a los 29 años, o sea 10 años después. A poco de haber nacido su hija explotó su estado delirante, con alucinaciones y el citado delirio erotomaníaco y fue internada; tenía a la sazón 45 años de edad.

La extraordinaria fijeza por el amor del Objeto, se mantiene actualmente con una claridad meridiana, como cuando ingresó. Pausada y tranquilamente comenta que el Dr. S le habla contantemente de sus preocupaciones, de sus mujeres, lo oye todo el día a su lado, diciéndole ‘pillerías’, que otras le envidian su amor, porque es bello, suave, generoso; algún día se acordará de ella y la llevará del Hospital a vivir con él, dice tristemente porque ‘es el único que la entiende y que le perdonó su infidelidad’. Alguna vez soñó que el Dr. S le preguntaba recriminatoriamente ¿por qué estás tan sola?...

En suma, parafrenia sitemática, a temática erotomaníaca mixta (alucinaciones y delirio de infuencia), con incoecibilidad y fijeza del Objeto amado.

c- El tercer ejemplo me tocó observarlo como Psiquiatra Forense (Causa Civil No. 191925), en una erotomanía pura interpretativo-delirante de De Clérambault. Se trataba de una inteligente Sra. casada, de 42 años de edad, con hijos, obstetra, que comenzó su delirio erotomaníaco a los 34-35 años, de tipo analucinatorio sostenido por percepciones e intuiciones delirantes interpretativas, que la llevaron a la convicción total de sentirse amada por un eximio Profesor de Obstetricia varios años mayor que ella. Se sintió amada por éste, cuando cursaba su carrera, comenzando una verdadera persecución pasional amorosa por el Objeto de su amor. No cejó jamás en el requerimiento de su cariño; según ella el Objeto no podía ser libre, estaba preso de su familia y de sus hijos, y estaba convencida que no era vulnerable a sus pedidos. Los reclamos de amor eran continuos y permanentes, en su casa y en el ámbito laboral del Profesor, léase: cartas, flores, mensajes, obsequios, hasta llegar a pancartas escritas en la puerta su domicilio (!). Nunca dudó de ser correspondida e su amor, jamás rectificaría su delirio y jamás renunciaría a su amor, justificado por sus percepciones e intuiciones delirantes, hubiera sido inútil una confrontación con la realidad.

Es más, muerto ya el Prof. lo participó públicamente en un aviso fúnebre en que le preguntaba. “¿Porqué te fuiste sin decirme adónde vas?”. Actualmente se halla escribiendo las Memorias de su amor imposible, y en un último escrito me manifestaba su certeza de que ‘el profesor no había muerto...pues todo era una patraña’ (sic).

En suma, erotomanía pura, analucinatoria, con contenido interpretativo delirante persecutorio sistematizado, basado en percepciones e interpretaciones delirantes.

 

Reflexiones en torno a la bibliografía actual

 

Trataré de modo sumario exponer las diversas concepciones actuales y contemporáneas sobre la bibliografía en torno al tema, para luego reflexionar sobre ello. La literatura no muestra distinta forma nosológica del delirio tal como la expusiera el famoso maestro francés. Casi todos los autores confirman que aparece frecuentemente en las mujeres solteras más que en el hombre, después de los 30 años de edad, que es una forma crónica e irreductible, como subtipo de la delirios crónicos interpretativos [Eje I 297]- DSM IIIR, DSMIV, Segal, 1989(80) y Aktar, 1990(1)- que el Objeto de amor es considerado superior socialmente, y raramente vicario o substitutivo, excepto Segal ya citado.

Analizando los distintos autores, vemos que algunos coinciden en considerar la forma pura de erotomanía, o la forma “mixta”. Entre los partidarios de la primera se hallan Rudden y col. 1980(76); Seeman, 1978(79); Hollender y Callahan, 1979(43); Raskin y Sullivan, 1974(69); Bastie Y., 1973(3) y Taylor y col, 1983(90). Los partidarios de las formas ‘mixtas’ son varios los autores que tratan a la erotomanía como formando parte de tal o cual entidad nosológica, como veremos.

El delirio unido a psicosis maníaca o bipolar, lo describe Guirguis y col. 1981(42), Remington y Jeffries,1994(71), Signer, 1991(84, 85) y Evans y col., 1982 (Mennig.Clin,46-507-20).

Asociado a la esquizofrenia, lo observan Raschk y col. 1978(68), Mann y Foreman, l996(58). Vinculado al consumo de drogas y daño cerebral, lo observan Lowett-Doust y Christie, 1978(56), Signer y Cummings, 1978(86). Boast y Coid, 1994(8) vieron el cuadro erotomaníaco en un paciente con SIDA. Greyson y Akhter, 1977(41) la vincularon a la oligofrenia, como así también Collacott y Napier, 1991(17) que la observaron en un síndrome de Down, ligado al síndrome de intermetamorfosis de Frégoli(21), anexado al “Delirio del sosías de Capgrás”. En 1976, Steinembrunner y Scharfetter(88) realizaron un estudio muy interesante comparativo de 100 casos de estados delirantes en 1912, con respecto a 101 casos registrados en 1973. Comprobaron que las psicosis paranoides a base persecutoria e hipocondríaca se mantenían estables estadísticamente, en cambio las erotomanías habían descendido de forma significativa. Otros autores, como Y.Y. EL Gaddal, 1989(35) observan que una erotomanía estalló posteriormente de una intervención quirúrgica cerebral por hemorragia subaracnoidea en una paciente de 25 años, evolucionando con daño cerebral y delirio.

Recientemente, John, S. y Osvsiev, F. 1996(47) observaron la aparición de un delirio erotomaníaco posterior a severo daño cerebral, sin remisión del cuadro clínico, en un joven de 31 años de edad. Drevets y Rubin, 1987(27) la hallaron en una paciente con demencia de Alzheimer de 75 años de edad.

Muchos encontraron un enlace entre la erotomanía y el delirio del “sosías” de Capgrás(11, 14, 9) entidad en el que el enfermo cree ver un doble que lo persigue; en el caso observado por Sims y White, 1973(87) el paciente creyó que el Objeto de su amor era su madre, quien se hacía pasar por su sosías o doble. Esto mismo fué intuído magistralmente por J. Falret y Ch. Lasègue, en la “folie-à-deux”(6,55), y tambien fue advertido por el propio De Clérambault(5).

Existe consignado un caso raro de erotomanía bisexual asociada a ovario poliquístico, consignado por Michael, Zolen y Dinal, en l996(60); fue Dunlop, 1988(29) que detentó la posibilidad de delirio erotomaníaco en el amor lésbico, y Taylor, Mahedra y Gunn, l983(90), entre homosexuales masculinos.

Goldar, 1993(37) relaciona la corteza prefrontal y frontal con las áreas asociativas cerebelosas también vinculadas al lóbulo límbico y prelímbico; estas áreas se hallarían vinculadas a la axiología del deseo, al amor y al odio. De acuerdo a éstos criterios, pueda coexistir el citado delirio con trastornos cerebrales aún no muy bien determinados, que quizás puedan revelar aún más, acerca de la génesis del delirio en cuestión, desde el punto de vista neurobiológico.

Respecto a la psicopatología cabe mencionar a Guy Rosolato, 1980(74), el cual analizando la erotomanía cree ver que el narcisismo del sujeto construye la base pasional del delirio en la medida que el Objeto representa el polo de la identificación narcisística por una identificación proyectiva con el Objeto. Tal como expone Fedière, la erotomanía y los celos se excluyen, pues en los celos “no se posee lo que se desea” [on en se possede pas ce qu´on désire] en cambio, en la ilusión de ser amado, “no se desea lo que ya se tiene” [on ne désire pas ce que l’on a].

 

Reflexiones finales

 

¿Qué es entonces la erotomanía ? ¿es acaso un epifenómeno intercurrente en el desarrollo de un delirio que irrumpe con su la temática erótica, patoplásticamente condicionada según las condiciones prexistentes embrionarias y latentes de la constitución y vivencias infantiles del sujeto?

¿Puede haber acaso algún disparador neuroquímico y genético que patogénicamente se ponga de manifiesto según mecanismos aún ignorados? ¿Por qué la fijeza y rigidez en la conservación del Objeto amoroso en delirio erotomaníaco puro, a través de años y años de evolución aún negando su muerte?

Todos estos interrogantes etiopatogénicos no han podido ser contestados científicamente de manera fehaciente. Podemos sí, hacer una sutil referencia en relación a la psicogénesis de la pasión amorosa, tal como la hemos analizado antes, poniendo relieve en el factor de la soledad. Nos preguntamos seriamente si en el círculo timopático del delirio podría existir un brevísimo instante de reflexión crítica que determinara una entrega manifiesta y voluntaria a aceptar para siempre un amor ‘obligado’ como forma y modo, de continuar viviendo. Y ello entonces... ¿porqué? Jugará... quizás en el enfermo el factor unívoco de la soledad, tan mentada por Nacht(63, 64) y por otros autores más modernos(18).

El axioma...”mejor delirar...que estar sólo”...sigue siendo un enigma. El drama del niño del cuento -que todos hemos vivido alguna vez, enamorado de su maestra- y que no es correspondido y para peor mal interpretado, enloquece de amor y de pasión. Su legítima aspiración no llega jamás a hundirse en el fárrago del Delirio. Sólo sabemos que fallece antes(2).

Al revés, en la erotomanía el enfermo se impone “amar” para “ser amado”, felicidad fatua de un amor inexistente, pero que le obliga y sirve para “compartir” una vida ficticia. Al fin y al cabo “vive”, aún cuando ésta Vida sea una ilusión delirante.

En el delirio persecutorio querulante, el enodiamiento de apodera del sujeto; sólo quiere la destrucción del Objeto.

En la paranoia del amor, se intenta poder vivir, amar, sin importarle siquiera al sujeto si el propio amor, realmente existe como tal en el Objeto; da por cierto que es así. Es más. Da por hecho delirantemente la verosimilitud del mismo, sin importarle la burla o el vejamen de las críticas. Es amado y vive para su amor...in eternum.

Así considerado, el delirio erotomaníaco, resulta ser una relación cuasi mística del sujeto con el Objeto de su amor, creación psicopatológica absurda, pero apasionadamente ingenua y legítima, como expresión de un amor puro, ilusorio y pleno de esperanza.

Extraña condición autoimpuesta para continuar viviendo.

 

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Nota al pie:

 

1 Prof. Adjunto de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Jefe de Servicio Psiquiátrico

 

 

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