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ALCMEON 6

Apuntes sobre paranoia

Dr. Ricardo Pardal


"Creo que la paranoia, en algunos aspectos, es la evolución en los tiempos modernos de un antiguo y arcaico sentido que los animales de presa todavía poseen: un sentido que les advierte que están siendo observados (...) un sentido atávico."
Philip K. Dick (en una entrevista, 1974)

ALCMEON Vol. 2 Nº 2: 206-216, 1992

1. Introducción
Considerar la paranoia como una enfermedad es -diría yo- por un lado, un anacronismo. Por otro, nos aleja del conocimiento de la naturaleza misma del funcionamiento de la mente normal y, por consiguiente, de la mente enferma.

Para comenzar con la primera consideración, se puede afirmar que las discusiones que históricamente se registran sobre la categoría nosológica de la paranoia, llevan a un callejón sin salida. Esto es en parte -porque la paranoia, en el sentido más moderno posible, que es el de Kraepelin (10), es muy difícil de observar en un estado nosológico puro y aislado (concepciones anteriores sobre esta terminología resultan menos útiles).
Por otro lado, el desconocimiento de la naturaleza (el origen, las causas) de las llamadas «psicosis endógenas» inhabilita sobre fórmulas que intenten llevar las «formas clínicas» a la categoría de «enfermedades» .

Es éste un defecto estructural de la Nosología psiquiátrica que no se ha intentado corregir con demasiada convicción.

Pero (aún tomando la paranoia como «forma clínica») lo que más influye sobre esta insuficiencia, es el hecho de que el carácter persecutorio y otros rasgos bien conocidos (vivencias de autorreferencia, percepción delirante, etc.) se observan en multitud de afecciones que no coinciden con la clásica descripción de la paranoia, por la evolución, la edad de comienzo y la coexistencia de otros síntomas, obligando a la utilización del calificativo de «paranoides». Estas características, se muestran además como «cualidades» del comportamiento primario defensivo con el que todo individuo está familiarizado por propia experiencia. Todo aquél que tenga vecinos o haya experimentado los celos sabe esto.

La paranoia parece ser -mucho más que una enfermedad o un desarrollo patológico- una cualidad de ciertos procesos psíquicos (o de todos) y que se ve exagerada o se manifiesta desproporcionadamente en algunos enfermos.

La estructura «alopsíquica» (terminología creada por Wernicke (15) para designar la relación del «Sí mismo» con el mundo exterior) se orienta patológicamente al intensificarse y verse invadidos todos los rendimientos del psiquismo con esta «cualidad de relación» (la «Beziehungsqualitat» de que Kleist hablaba (9) pero, en verdad, no parece más que la exacerbación de un atributo que forma parte del funcionamiento normal.

Este fenómeno «cualitativo» -que, desde ya, pertenece al terreno de la Afectividad profunda y más primitiva -sufre seguramente una alteración «cuantitativa» y se manifiesta con intensas señales de peligro que actúan también -aunque más armónicamente-en el rendimiento psíquico normal y en los animales sirven a los fines de la preservación defensiva. (#)

Paralelamente -no puede decirse si es una con causa o una consecuencia- se observa en los pacientes paranoides una exaltación "autopsíquica" (Wernicke) o de las Relación del «Yo» consigo mismo (la llamada por Ball «autofilia») y que el Psicoanálisis conceptualiza en parte como "Narcisismo". Como es bien sabido, estas estructuras también son parte de la conformación psíquica normal y sus alteraciones mórbidas parecen ser fenómenos «cuantitativos» de exaltación de cualidades normales, más que hechos completamente nuevos.

Diversos son los elementos y manifestaciones que participan en la enorme variedad de síndromes «paranoides». De hecho, la «cualidad paranoide» no puede ser considerada como un mero reflejo arcaico de furor, agresividad o desconfianza. Deben añadírsele cualidades de otros sistemas que como -especialmente- la Memoria y el Razonamiento lógico, intervienen para dar a la paranoia el carácter humano que -ahora sí- la distinguen del más simple mecanismo preventivo del animal.

A este respecto, el concepto de «valor preventivo» creado por Goldar (5) (7) resulta irreemplazable, como luego se verá, al considerar los mecanismos cerebrales implicados en estos rendimientos.


II. Memoria y Paranoia
Es muy evidente que una alteración de la Memoria tiene lugar en los delirios paranoides, ya que la perturbación llamada por Kleist (9) como "cualidad de relación" no es más que una "vivencia de familiaridad" patológica. Está afectado pues, el «reconocimiento», proceso de memoria al fin.

Un hecho más evidente aún lo constituye la presencia de los «falsos recuerdos» (los Erinnerungsfalschungen de Kraepelin(10)) cuya existencia en los delirios paranoides es mucho más frecuente que lo que habitualmente se consigna en las historias clínicas y están muy lejos de ser exclusivos -según he observado personalmente de la forma confabulatoria de la parafrenia (si bien en esta forma clínica es cierto que abundan).

Este último trastorno, que resulta de acumular sucesos reales, pero distorsionados tendenciosamente en la memoria del delirante, conforman su realidad como una historia plagada de «hechos significativos» (a veces simples fábulas, pero siempre lejanos en el tiempo) como de otro modo no ocurre en la memoria biográfica de una persona normal. (#) Relacionando estos conceptos con los anteriores, una «vivencia de familiaridad patológica» empuja al sujeto a percibir la realidad como siempre enlazada con hechos del pasado nunca diversos o casuales. La cualidad paranoide hace de este mecanismo normal de la memoria un estereotipo iterativo y magnificado cuantitativamente. En los delirantes, la saga de «falsos recuerdos» va enriqueciéndose y confirmando su sustrato patológico, que es un hecho de memoria.

Seglas atribuye a los delirios persecutorios una cualidad mnésica anómala al hablar del «carácter palignóstico». Dice el autor: «El enfermo cree reconocer en lo que ve por primera vez, de una forma completamente nueva, los objetos, los individuos que ya conocía de antes, un lugar en el que ya había estado anteriormente.»(13)

Particularmente refinada resulta la siguiente observación de Seglas: «... es algunas veces, pero raramente el presente, siempre el pasado, jamás el futuro, que está puesto en cuestión en los hechos de que se quejan» (íd)
No debe olvidarse que, debajo del notable desarrollo del neopalio, el cerebro humano conserva intacto un "cerebro primitivo" con todas sus propiedades y que sólo resulta «enmascarado» su accionar por la actividad cortical superior, con lo cual, comparar las reacciones emocionales y delensivas humanas con las de los animales no es meramente hipotética y está lejos de ser un despropósito.

Pero los «falsos recuerdos» no están tan lejos como se presume del mecanismo de funcionamiento normal de nuestra memoria, por lo que dista de ser un fenómeno enteramente patológico, de no ser por su intensidad. En otro lugar (12) he afirmado que en rigor- todo recuerdo puede ser.considerado como «falso» en virtud de que siempre se conserva con características personales subjetivas (no objetivas).

Borges inicia uno de sus relatos con estas palabras: «Mi relato será fiel a la realidad o, en todo caso, a mi recuerdo personal de la realidad, lo cual es lo mismo.» Y en verdad esa es la forma en la que recordamos siempre.

Según parece, la exaltación de este mecanismo mnemónico es la cualidad sobresaliente de los delirantes paranoides, en combinación con procesos superiores de Razonamiento lógico-intelectual que se analizarán más adelante.

III. Estructura biológica de la memoria
Es evidente que todo acontecimiento psíquico toma su material de configuración de entre la información disponible en el tejido cerebral. Ya que el futuro aún no ha tenido lugar y el presente tiene un carácter nítido y evidente que a cada momento pasa a ser experiencia almacenada selectivamente, no cabe más que inferir que el «pasado» aporta el material primordial que confluye al psiquismo. La función mnésica es la que siempre participa-y es imprescindible-para configurar hechos psíquicos (aunque el fenómeno de la evocación los hace «presentes» o los recombina dando como resultado sucesos aparentemente inéditos, pero en realidad- «armados» con experiencias ya acaecidas). (#)

En ningún momento el cerebro produce acontecimientos psíquicos que no se originen en experiencias pasadas, ya que el simple aprendizaje, también es un hecho de memoria.

Ahora bien, esta función mnésica es altamente compleja y está integrada por «memorias parciales» acompañadas de sus correspondientes «vivencias de familiaridad» locales que concurren a un registro polisensorial que hace aparecer esta actividad multifocal como una sola: La Memoria.
Para esclarecer aún más este concepto de « memoria», que en definitiva es un proceso de registro configuracional y de capacidad de reconocimiento de estas configuraciones, debe decirse que existe una memoria motora, con lo cual queda claro que esta capacidad de registro del cerebro es mucho más que lo que vulgarmente llamamos «recordar». Se trata de una propiedad general del tejido nervioso.

En lo que concierne al mecanismo implicado en la paranoia -tema de este trabajo- requiere un análisis, en lo posible breve, de los dos aspectos esenciales que presenta la actividad mnémica.
Se puede dividir groseramente este proceso en dos niveles correspondientes con homólogos niveles anatómicos y filogenéticos de la constitución del cerebro.

En primer lugar, los procesos de registro y reconocimiento cortical del neopalio, que podemos agrupar como «memorias locales» y que funcionan en base a lo que se ha dado en llamar «vivencia de familiaridad local». Para cada área cortical (gnosias visuales, auditivas, polisensoriales y las gnosias filéticamente más refinadas, que son las del lenguaje verbal), este procedimiento de «reconocimiento» de señales llegadas a dichas cortezas se hace en función de sistemas «preformados» (atávicos) y del aprendizaje. (#)

Todo hecho de la realidad se hace así parte «material» de una configuración cortical (o de un conjunto de configuraciones) y pasa a ser lo que el sujeto «reconoce» como realidad, o sea aquella que él mismo puede evocar o recombinar (voluntaria o instintivamente) a través de la «materialidad» interna en la que queda registrada esa realidad, que una fuerza exterior y éste no es más que un proceso de memoria, sólo que ésta última puede corresponder a rendimientos de muy diversa estirpe. No obstante ello, la naturaleza íntima de este proceso es común: la vivencia de familiaridad local y el reconocimiento preformado unido al que (#) A estos procesos del nivel neocortical se suma la influencia permanente del nivel inferior «endotímico» (Lersch) (11) que procede del diencéfalo límbico e influye sobre los rendimientos superiores con la «entonación afectiva» (Jakob) (8) a través de zonas corticales filéticamente más antiguas (el hipocampo, el gyrus cínguli, etc.).

La función de estas cortezas «viejas» (primitivas) también se expresa como un proceso de «memoria», pero ligada ésta íntimamente a la vida emotiva e instintiva propia de su estrato inferior. A este sistema se debe el «valor» o «contenido instintivo-tímico» mencionado por Goldar y la posibilidad de estructurar una «memoria emocional» (íd.).

Cada proceso de pensamiento es una integración de representaciones superiores o neocorticales con su correspondiente influencia emocional inferior. El proceso descripto por Freud (2, 4) como «carga» de una representación no es más que lo que acaba de describirse. La elaboración psicoanalítica sobre el par «olvido-recuerdo» asienta en esta «bifidez» del proceso mnésico (representación y carga).

IV. Afectividad y paranoia
Como se ha visto para el caso de la Memoria, el impulso que se manifiesta como cualidad paranoide proviene de rendimientos subcorticales (diencéfalo límbico) y de registros corticales primitivos (corteza paralímbica según Goldar)(5). En este punto, que resulta de primordial importancia (la génesis afectiva de la cualidad paranoide) habrán de ser es paradójicamente contundentes y breves.

Es bastante bien conocido que el cerebro límbico es productor específico de reacciones emocionales primitivas vinculadas con la expresión de instintos y la influencia de este sistema cerebral «primitivo» sobre lasconductasde personas y animales ha sido muchas veces confirmada y aceptada.

En nuestro medio, Goldar (5) ha detallado con suficiente amplitud los circuitos del sistema límbico ligados a la producción de «señales de peligro», especialmente el conjunto que va del núcleo amigdalino, por vía del hipocampo y el fórnix a sus proyecciones sobre la corteza orbitaria posterior, región cortical en laque se procesan los que este autor llama «valores preventivos». Por ello puede pensarse en la participación específica del fenómeno primario paranoide como resultado de rendimientos límbicos. Esto haría de la cualidad paranoide un fenómeno esencialmente afectivo, a despecho de quienes creen ver la paranoia, un fenómeno intelectual o racional.

El hecho -mencionado reiteradamente por Goldar (5, 7)- de que en muchos psicóticos esquizofrénicos se pierdan estos valores preventivos (característica típica de las hebefrenias y los cuadros defectuales en general) hablaría de la deteriorización de esta articulación de sistemas cerebrales. La existencia de vivencias paranoides hablaría -por el contrario- de una indemnidad (inclusive una hiperactividad) de estos circuitos.

La capacidad de distorsionar los términos de la realidad que tienen los afectos exaltados es muy corriente de observar en el mecanismo de las "ilusiones" y ésto, tanto en maníacos como en personas normales que pasan por momentos de intensa emotividad. También es un fenómeno que todo el mundo conoce por experiencia personal.

La exaltación de los «valores preventivos» no puede llevar a alguien a otro lado que a la paranoia, ya que estos «valores» son esencialmente defensivos.

V. Razonamiento y paranoia
La idea tan difundida de que la paranoia es un trastorno del intelecto (la «folie raissonnante» de los franceses) debe considerarse a la luz de lo expuesto, como una simple apariencia. Según lo que se ha detallado arriba, tanto en la clínica como desde la neurobiología, el trastorno «primario» de los pacientes paranoides proviene de la afectividad profunda.

Por una razón que es propia de la naturaleza misma de nuestra especie (hecho que reside en la estructura nerviosa que la caracteriza) la tendencia a «poner en palabras» los sentimientos, certezas y opiniones sobre el mundo y a manifestar verbalmente interpretaciones sobre la realidad, es patognomónica del hombre.

Es natural, por ejemplo, que una persona que experimenta intensos celos, crea adivinar en las actitudes de su pareja la confirmación de la temible certeza que la embarga.

La interpretación racional constituye siempre un fenómeno secundario (posterior) a un hecho emocional que lo impulsa, lo cual coincide con el escalonamiento filogenético que corresponde al pensamiento verbal, que es el último en aparecer y el más especializado (que, no por ello deja de estar sometido al orden emocional que lo distorsiona desde las profundidades).

Según Allport (1) el «afán de explicación» es una natural tendencia de las personas a tratar de «explicar» situaciones que se le presentan. Es así que se generan los rumores. Cada uno transmite los hechos no objetivamente, sino como cada uno tienda a interpretarlos. Nadie transmite información «objetiva» o que no esté distorsionada con su visión personal. Desde este punto de vista, la objetividad es casi inexistente, como se ha visto también en el caso de la memoria.

El mecanismo de la génesis de la paranoia debe ser muy complejo, aunque no es -seguramente- un trastorno del pensamiento intelectual, que en estos pacientes está perfectamente conservado.

Cada vez que un paciente emite una interpretación delirante demuestra, sin necesidad de otra prueba, que su capacidad de raciocinio no está afectada directamente sino tal vez simplemente distorsionada.

VI. Conclusiones
Tal vez no sea desventajoso a fin de cuentas, que la nosología psiquiátrica se haya debatido con la cuestión de la paranoia, tratando en vano de agrupar síntomas como si fueran enfermedades. Este fracaso nos lleva directamente al estudio de la fisiopatología del cerebro, en busca de explicaciones más que de rótulos.

Esta búsqueda nos lleva a un problema que quizás sea más trascendente y es el del funcionamiento de la mente normal y del sustrato neurobiológico que la origina.

Así como el tubérculo o el goma son formas particulares de inflamación-que en última instancia es un mecanismo defensivo normal-así tal vez puedan entenderse los síntomas y síndromes mentales como productos de la desarticulación- por causas aún desconocidas de cualidades y rendimientos que el propio cerebro alberga en su fisiología para la propia preservación y cumplimiento de sus funciones como órgano.

Recopilando lo dicho, la paranoia puede considerarse con derecho, más una «cualidad» presente en alguna medida en el rendimiento normal, que como una monstruosidad completamente extraña e incomprensible.

Esta cualidad-fenómeno indudablemente del afecto primario-nos hace precavidos y propende a la defensa y pone en acción instintos esenciales para la supervivencia.

El aumento desproporcionado de intensidad y sobre todo su fijeza y rigidez hacen de este componente instintivo, un síntoma, tal vez una enfermedad.

Bibliografía
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1. Allport, G.W. - Postman, L.: The psychology of Rumor. N. York; H. Holt. 1947.
2. Freud, S.: «Proyecto de una psicología para neurólogos» (1895). En: «Obras Completas» Ed.Biblioteca Nueva, Madrid - 1973, pág. 209.
3. Freud, S.: «La interpretación de los sueños» (1898). En: «Obras Completas» Ed. Biblioteca Nueva, Madrid-1973, pág. 343.
4. Freud, S.: «La Represión» (1915) En: «Obras Completas» Ed. Biblioteca Nueva, Madrid 1973, pág. 2053.
5. Goldar, J. C.: Cerebro límbico y psiquiatría - Bs.As. - Salerno - 1975.
6. Goldar, J. C.: Biología de la memoria - Bs. As. - Salerno - 1978.
7. Goldar, J. C. - Reyes, J. A.: Esquizofrenia y valores preventivos. Neuropsiq. (Arg) 8 Nº 1 pág. 6 (1977).
8. Jakob, Chr.: Folia Neurobiológica Argentina. Tomo 1: Neurobiología General, Bs. As. López (1941).
9. Kleist, K.: Uber zykloide, paranoide u. epileptoide Psychosen u. öber die Frage der Degenerationspsychosen. Schw Arch f Neur u. Psychiat. 23, 3 (1928).
10. Kraepelin, E.: Psychiatrie. Ein Lehrbuch fur Studirende u. Aerzte IV. Bd. - Banh - Leipzig (1922).
11. Lersch, Ph.: La Estructura de la Personalidad - Scientia - Barcelona (1968).
12. Pardal, R.: Contribución a la patogenia del delirio paranoide. Acta Psiq y psicol. de Amer Lat. XXXVII Nº 2 pág. 123 (1991).
13. Seglas, J.: Leçons cliniques sur les maladies mentales et nerveuses. Asselin et Houzeau - París (1895).
14. Seglas, J.: Seméiologie des affections mentales. En: BALLET G. et. al. Traité de Pathologie Mentale - O. Doin - Paris (1903).
15. Wernicke, C.: Grundriss der Psychiatrie in klinischen Vorlesungen. Thieme - Leipzig (1900).

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