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ALCMEON 11

Clásicos: El Tratado de Psiquiatría de Emil Kraepelin

Emil Kraepelin


Presentación de la traducción
Se ha traducido directamente del alemán un fragmento del célebre tratado de Psiquiatría de Emil Kraepelin (1855-1926), Psychiatrie. Ein Lehrbuch für Studierende und Ärzte [Psiquiatría. Un manual para estudiantes y médicos], Leipzig, Barth, 8ª ed. 1913, concretamente las páginas 746-749, "Allgemeines psychisches Krankeitsbild" ["Cuadro clínico psíquico general"], del tomo III, "Klinische Psychiatrie" ["Psiquiatría clínica"], Parte II, Sección IX, "Die endogenen Verblödungen" ["Las demencias endógenas"], Apartado A, "Die Dementia praecox" ["La demencia precoz"].
Se eligió este segmento por considerarlo relevante para la comprensión de las ideas del autor respecto de la demencia precoz.
La traducción ha sido realizada por Johannes Meijer, Doctorandus Philosophiae y Doctorandus Engelse Taal en Letterkunde por la Universidad de Amsterdam, quien actualmente reside en Buenos Aires.
Además de hablar castellano, Meijer es profesor de inglés, y como lenguas maternas cuenta con la holandesa y la alemana. Su tarea ha sido meticulosa y encomiable.
En el futuro continuaremos entregando a los lectores de la revista Alcmeon otros textos escogidos de la misma obra, siendo nuestra intención contar con una traducción al castellano de Kraepelin, pues la consideramos imprescindible para entender las raíces del concepto de la enfermedad esquizofrénica o demencia precoz como él la denominó, en especial dados los avances de los métodos de imágenes in vivo que permiten exquisitos estudios cerebrales, pero que necesitan como requerimiento básico que las poblaciones a estudiar sean homogéneas, es decir que realmente posean la misma patología para poder comparar las alteraciones que presentan en común, manteniendo como referencia los cerebros normales.

Datos de la obra original: Psychiatrie. Ein Lehhrbuch für Studierende und Ärzte, von Dr. Emil Kraepelin, III. Band, Klinische Psychiatrie, II Teil, mit 105 Abbildungen, II Schriftproben und I farbigen Tafel, Leipzig, Verlag von Johann Ambrosius Barth, 1913.
Traductor: Johannes Meijer, Doctorandus Philosophiae y Doctorandus Engelse Taal en Letterkunde por la Universidad de Amsterdam. Holanda.(#)
Presentación y notas: Pablo Armando Berrettoni, Médico Psiquiatra (UBA).(#)

El texto de Kraepelin
Ahora si hacemos una visión de conjunto del cuadro clínico psíquico general de la demencia precoz, tal como se nos ha presentado en el resumen de alrededor de un millar de observaciones que pertenecen a la materia, parece que hay dos principales grupos de trastornos que caracterizan la enfermedad. Por un lado observamos un debilitamiento de aquellos estímulos de la emoción que permanentemente producen los motivos (#) de la volición.
En conexión con esto, la vivacidad mental y el impulso a la actividad se apagan. El resultado de esta parte del proceso mórbido son apagamiento emocional, fracaso de la actividad mental, pérdida de dominio sobre la volición, del esfuerzo, y de la capacidad para acciones independientes. El núcleo de la personalidad es por consiguiente destruido, la mejor y más preciada parte de su ser, como Griessinger una vez expresara, es borrada de ella. Con la destrucción de la voluntad personal, se pierde también la posibilidad de ulteriores desarrollos, los cuales dependen enteramente de la actividad de la volición. Lo que permanece es, en el dominio del conocimiento y del trabajo práctico, principalmente lo que ha sido previamente aprendido. Pero esto también tarde o temprano irá a la ruina a menos que el empuje real interno que está fallando sea reemplazado por estímulos externos que despierten a una práctica continua y así obvien la lenta desaparición de las capacidades que todavía había. Si y en qué medida la enfermedad directamente daña las posesiones (#) mentales, aparte de su desaparición gradual a través de la pérdida de la excitabilidad mental, necesita ulteriores investigaciones. La rapidez con la cual la demencia, a veces permanente y profundamente asentada, se desarrolla en el terreno de las actividades intelectuales también sugiere que ellas así mismo pueden ser dañadas por la enfermedad, aunque son regularmente afectadas en mucho menor grado que la vida emocional y la volición. Vale la pena hacer constar de todos modos, que la memoria y las destrezas mentales adquiridas pueden ocasionalmente estar preservadas en un modo sorprendente cuando hay destrucción completa y final de la personalidad como tal.
El segundo grupo de trastornos que dan a la demencia precoz su particular sello, ha sido apreciado en detalle especialmente por Stransky. Consiste en la pérdida de la unidad interior de las actividades del intelecto, emoción y volición en sí mismas y entre unas y otras. Stransky habla de una destrucción de la coordinación intrapsíquica, la cual aflojaría o destruiría las estructuras de la noopsique y de la timopsique en sí mismas tanto como sus relaciones mutuas.
Esta destrucción se nos presenta en los trastornos de la asociación descriptos por Bleuler, en la incoherencia del tren de los pensamientos, en los agudos cambios del ánimo tanto como en las intermitencias y descarrilamientos en las acciones. Pero además se pierde más o menos la estrecha conexión entre pensamiento y sentimiento, entre deliberación y actividad emocional por un lado, y las acciones por otro lado. Las manifestaciones emocionales no corresponden al contenido de las representaciones. Los pacientes ríen y lloran sin causa reconocible, sin alguna relación a sus circunstancias y sus experiencias, sonríen mientras narran el relato de sus intentos de suicidio, están muy contentos de parlotear tontamente, y de deber quedarse permanentemente en la institución; en las más insignificantes ocasiones caen en miedo 5 violento o en erupciones de furia, y luego inmediatamente estallan en una risa relinchante. Es justamente este desacuerdo entre representación y emoción que otorga a su conducta el sello de infantil. Stransky rastrea el ensuciamiento de la cama también a una conexión mórbidamente retorcida de este proceder con sentimientos de placer.
Las acciones de los pacientes no son, como en la gente sana, la expresión de su temperamento y visión de la vida, no son guiadas por la elaboración de las percepciones, por deliberación y disposición del ánimo, sino son el resultado incalculable de influencias externas casuales, y de impulsos, impulsos cruzados e impulsos contrarios, que se presentan, similarmente por casualidad, en el interior. Un paciente cantaba mientras saltó en el Neckar;(#) otros queman o disipan su dinero, intentan cortar la garganta de su hijo querido, o con compasivo chillar se maltratan a sí mismos en los modos más despiadados. Además pertenecen a este grupo los fenómenos de paramimia, las actividades de lado, tanto como los caprichos que resultan de ellas, pero especialmente se encuentran aquí los trastornos del lenguaje interno, los cuales pueden igualmente ser entendidos como un desatar de las relaciones entre la representación y lo que se pone en palabras. Como resultado de esta destrucción de la concatenación y condicionamiento internos, toda la vida activa recibe el sello de lo incalculable, lo incomprensible y lo retorcido.
Según me parece, hay una conexión interna entre los dos grupos de trastornos aquí distinguidos. Lo que forma nuestra experiencia en un edificio firmemente argamazado, en el cual cada parte debe ajustarse a la otra y subordinarse a un plan general, son los conceptos y representaciones generales. La calma pareja de nuestro temple, la pronta victoria sobre choques súbitos, son garantizadas por las emociones generales superiores; por un lado actúan como un freno, y por otra parte otorgan al terreno basal de nuestro temple un cierto colorido aun cuando no se producen estímulos emocionales causados por experiencias especiales internas o externas. Por último, la unidad interna de nuestra voluntad es determinada por las direcciones generales de la volición la cual está siempre viva en nosotros, y la cual es producto de nuestro desarrollo personal y generacional. Podemos por lo tanto esperar que un debilitamiento o una aniquilación de la influencia que concepciones generales, emociones superiores, y las direcciones duraderas de la volición ejercitan sobre nuestro pensamiento, sentimiento, y actividades, deben causar esa fragmentación interna, esos trastornos, que encontramos en la forma de la demencia precoz. Me parece que los trastornos observados en los pacientes y las quejas que producen, apuntan justamente a un daño a los asentamientos generales de nuestro desarrollo psíquico, como éste constituye la esencia de nuestra personalidad. Las direcciones generales de la volición y así mismo las emociones superiores podrían formar el primer punto de ataque. Pero el instrumento de las representaciones generales y su influencia reguladora sobre el tren del pensamiento perderían luego su valor cuando ya la voluntad no fuera capaz de mantenerlo más tiempo. Weygandt habla, obviamente siguiendo una similar línea de pensamiento, de una "demencia aperceptiva" en tanto que la dañada "apercepción activa" significa el dominio de la volición sobre la formación y el curso de los procesos psíquicos.

Presentación de la traducción
Se ha traducido directamente del alemán un fragmento del célebre tratado de Psiquiatría de Emil Kraepelin (1855-1926), Psychiatrie. Ein Lehrbuch für Studierende und Ärzte [Psiquiatría. Un manual para estudiantes y médicos], Leipzig, Barth, 8ª ed. 1913, concretamente las páginas 746-749, "Allgemeines psychisches Krankeitsbild" ["Cuadro clínico psíquico general"], del tomo III, "Klinische Psychiatrie" ["Psiquiatría clínica"], Parte II, Sección IX, "Die endogenen Verblödungen" ["Las demencias endógenas"], Apartado A, "Die Dementia praecox" ["La demencia precoz"].
Se eligió este segmento por considerarlo relevante para la comprensión de las ideas del autor respecto de la demencia precoz.
La traducción ha sido realizada por Johannes Meijer, Doctorandus Philosophiae y Doctorandus Engelse Taal en Letterkunde por la Universidad de Amsterdam, quien actualmente reside en Buenos Aires.
Además de hablar castellano, Meijer es profesor de inglés, y como lenguas maternas cuenta con la holandesa y la alemana. Su tarea ha sido meticulosa y encomiable.
En el futuro continuaremos entregando a los lectores de la revista Alcmeon otros textos escogidos de la misma obra, siendo nuestra intención contar con una traducción al castellano de Kraepelin, pues la consideramos imprescindible para entender las raíces del concepto de la enfermedad esquizofrénica o demencia precoz como él la denominó, en especial dados los avances de los métodos de imágenes in vivo que permiten exquisitos estudios cerebrales, pero que necesitan como requerimiento básico que las poblaciones a estudiar sean homogéneas, es decir que realmente posean la misma patología para poder comparar las alteraciones que presentan en común, manteniendo como referencia los cerebros normales.

Datos de la obra original: Psychiatrie. Ein Lehhrbuch für Studierende und Ärzte, von Dr. Emil Kraepelin, III. Band, Klinische Psychiatrie, II Teil, mit 105 Abbildungen, II Schriftproben und I farbigen Tafel, Leipzig, Verlag von Johann Ambrosius Barth, 1913.
Traductor: Johannes Meijer, Doctorandus Philosophiae y Doctorandus Engelse Taal en Letterkunde por la Universidad de Amsterdam. Holanda.(#)
Presentación y notas: Pablo Armando Berrettoni, Médico Psiquiatra (UBA).(#)

El texto de Kraepelin
Ahora si hacemos una visión de conjunto del cuadro clínico psíquico general de la demencia precoz, tal como se nos ha presentado en el resumen de alrededor de un millar de observaciones que pertenecen a la materia, parece que hay dos principales grupos de trastornos que caracterizan la enfermedad. Por un lado observamos un debilitamiento de aquellos estímulos de la emoción que permanentemente producen los motivos (#) de la volición.
En conexión con esto, la vivacidad mental y el impulso a la actividad se apagan. El resultado de esta parte del proceso mórbido son apagamiento emocional, fracaso de la actividad mental, pérdida de dominio sobre la volición, del esfuerzo, y de la capacidad para acciones independientes. El núcleo de la personalidad es por consiguiente destruido, la mejor y más preciada parte de su ser, como Griessinger una vez expresara, es borrada de ella. Con la destrucción de la voluntad personal, se pierde también la posibilidad de ulteriores desarrollos, los cuales dependen enteramente de la actividad de la volición. Lo que permanece es, en el dominio del conocimiento y del trabajo práctico, principalmente lo que ha sido previamente aprendido. Pero esto también tarde o temprano irá a la ruina a menos que el empuje real interno que está fallando sea reemplazado por estímulos externos que despierten a una práctica continua y así obvien la lenta desaparición de las capacidades que todavía había. Si y en qué medida la enfermedad directamente daña las posesiones (#) mentales, aparte de su desaparición gradual a través de la pérdida de la excitabilidad mental, necesita ulteriores investigaciones. La rapidez con la cual la demencia, a veces permanente y profundamente asentada, se desarrolla en el terreno de las actividades intelectuales también sugiere que ellas así mismo pueden ser dañadas por la enfermedad, aunque son regularmente afectadas en mucho menor grado que la vida emocional y la volición. Vale la pena hacer constar de todos modos, que la memoria y las destrezas mentales adquiridas pueden ocasionalmente estar preservadas en un modo sorprendente cuando hay destrucción completa y final de la personalidad como tal.
El segundo grupo de trastornos que dan a la demencia precoz su particular sello, ha sido apreciado en detalle especialmente por Stransky. Consiste en la pérdida de la unidad interior de las actividades del intelecto, emoción y volición en sí mismas y entre unas y otras. Stransky habla de una destrucción de la coordinación intrapsíquica, la cual aflojaría o destruiría las estructuras de la noopsique y de la timopsique en sí mismas tanto como sus relaciones mutuas.
Esta destrucción se nos presenta en los trastornos de la asociación descriptos por Bleuler, en la incoherencia del tren de los pensamientos, en los agudos cambios del ánimo tanto como en las intermitencias y descarrilamientos en las acciones. Pero además se pierde más o menos la estrecha conexión entre pensamiento y sentimiento, entre deliberación y actividad emocional por un lado, y las acciones por otro lado. Las manifestaciones emocionales no corresponden al contenido de las representaciones. Los pacientes ríen y lloran sin causa reconocible, sin alguna relación a sus circunstancias y sus experiencias, sonríen mientras narran el relato de sus intentos de suicidio, están muy contentos de parlotear tontamente, y de deber quedarse permanentemente en la institución; en las más insignificantes ocasiones caen en miedo 5 violento o en erupciones de furia, y luego inmediatamente estallan en una risa relinchante. Es justamente este desacuerdo entre representación y emoción que otorga a su conducta el sello de infantil. Stransky rastrea el ensuciamiento de la cama también a una conexión mórbidamente retorcida de este proceder con sentimientos de placer.
Las acciones de los pacientes no son, como en la gente sana, la expresión de su temperamento y visión de la vida, no son guiadas por la elaboración de las percepciones, por deliberación y disposición del ánimo, sino son el resultado incalculable de influencias externas casuales, y de impulsos, impulsos cruzados e impulsos contrarios, que se presentan, similarmente por casualidad, en el interior. Un paciente cantaba mientras saltó en el Neckar;(#) otros queman o disipan su dinero, intentan cortar la garganta de su hijo querido, o con compasivo chillar se maltratan a sí mismos en los modos más despiadados. Además pertenecen a este grupo los fenómenos de paramimia, las actividades de lado, tanto como los caprichos que resultan de ellas, pero especialmente se encuentran aquí los trastornos del lenguaje interno, los cuales pueden igualmente ser entendidos como un desatar de las relaciones entre la representación y lo que se pone en palabras. Como resultado de esta destrucción de la concatenación y condicionamiento internos, toda la vida activa recibe el sello de lo incalculable, lo incomprensible y lo retorcido.
Según me parece, hay una conexión interna entre los dos grupos de trastornos aquí distinguidos. Lo que forma nuestra experiencia en un edificio firmemente argamazado, en el cual cada parte debe ajustarse a la otra y subordinarse a un plan general, son los conceptos y representaciones generales. La calma pareja de nuestro temple, la pronta victoria sobre choques súbitos, son garantizadas por las emociones generales superiores; por un lado actúan como un freno, y por otra parte otorgan al terreno basal de nuestro temple un cierto colorido aun cuando no se producen estímulos emocionales causados por experiencias especiales internas o externas. Por último, la unidad interna de nuestra voluntad es determinada por las direcciones generales de la volición la cual está siempre viva en nosotros, y la cual es producto de nuestro desarrollo personal y generacional. Podemos por lo tanto esperar que un debilitamiento o una aniquilación de la influencia que concepciones generales, emociones superiores, y las direcciones duraderas de la volición ejercitan sobre nuestro pensamiento, sentimiento, y actividades, deben causar esa fragmentación interna, esos trastornos, que encontramos en la forma de la demencia precoz. Me parece que los trastornos observados en los pacientes y las quejas que producen, apuntan justamente a un daño a los asentamientos generales de nuestro desarrollo psíquico, como éste constituye la esencia de nuestra personalidad. Las direcciones generales de la volición y así mismo las emociones superiores podrían formar el primer punto de ataque. Pero el instrumento de las representaciones generales y su influencia reguladora sobre el tren del pensamiento perderían luego su valor cuando ya la voluntad no fuera capaz de mantenerlo más tiempo. Weygandt habla, obviamente siguiendo una similar línea de pensamiento, de una "demencia aperceptiva" en tanto que la dañada "apercepción activa" significa el dominio de la volición sobre la formación y el curso de los procesos psíquicos.

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