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Año VIII - Vol 5 - Nº 4 - Marzo de 1997

ALCMEON20

Clasificaciónde las Psicosis Endógenas y su Etiología
(5taentrega)

Karl Leonhard


Euforias puras

Las euforias puras son enfermedades muy raras, tal comosurgirá de la exposición estadística. En razón de esa rarezano sería posible en sí lograr la prueba de una forma deenfermedad propia, a pesar de que en parte los cuadros sonrealmente impresionantes. Pero obtienen un gran apoyo de parte delas depresiones puras, pues así como a la melancolía pura se leenfrenta la manía pura, a cada depresión pura se le enfrentauna euforia pura. Las enfermedades no poseen dos polos como laenfermedad maníaco-depresiva, pero se las puede denominar“de polos opuestos”, pues cada forma corresponde a unaforma opuesta. También la manía pura, en razón de su rareza,necesita un cierto apoyo de su polo contrario, la melancolíapura. Los cuadros de las euforias puras se muestran tambiénocasionalmente en la enfermedad maníaco-depresiva—volveremos a verlo en la psicosis deangustia-felicidad—, pero en su cuadro total las vemosimitadas por las psicosis polimorfas más raramente aun que lasdepresiones puras.

Euforia improductiva

El cuadro de la euforia improductiva es dominado por unbienestar profundo que pone a los enfermos en un estado detranquila satisfacción. Tiempo atrás describí en la psicosisde angustia-felicidad estados de una “sencillaalegría”. Por lo general sólo representan breves episodiosen el curso de la enfermedad; sin embargo, en ese plazoreproducen el cuadro propio de la euforia improductiva en todo sudesarrollo.

Los enfermos aparecen ya por su expresión facial felices ysatisfechos; por lo general muestran una sonrisa amistosa. Si lespreguntamos, confirman que se sienten bien, como nunca antes. Unenfermo aseguró que sólo en la época de su noviazgo se habíasentido tan bien. No es necesario que el sentimiento de alegríatenga un contenido; más bien parece venir de lo corporal, tieneun carácter “vital”. Allí reconocemos que la euforiaimproductiva constituye el polo opuesto de la depresión agitada,que también se caracteriza por un tono de sentimiento vital ycarente de contenido. También la irradiación psicomotriz esproporcionalmente opuesta; allí encontramos la agitación comosurgiendo de un profundo sentimiento de desagrado; aquí unatranquilidad uniforme en la alegría sin deseos.

Como hemos visto, el desagrado en sí carente de objetivo sebusca determinados contenidos; lo mismo encontramos en la euforiaimproductiva. Aquí las ideas se expanden; su contenido es laautoelevación en una forma cualquiera: la riqueza, una altaposición; también puede ser una felicidad erótica. Un enfermoque era un simple soldado afirmó que era oficial; otro pidió lamano de una joven que apenas lo conocía, y a pesar de su rechazoesperó con feliz satisfacción el pronto casamiento. Siconversamos con los enfermos acerca de sus ideas, reconocemos queen su estado total éstas carecen de importancia. Si dejamos quelas manifiesten, la euforia no se modifica, no aumenta. Losenfermos tampoco le dan mayor importancia a que se las reconozca.A decir verdad, siguen sosteniéndolas si se los contradice, perotambién pueden afirmar, sin que cambie nada en su estado deánimo, que si las cosas son así, tampoco tiene mayorimportancia. Es así que las ideas recuerdan las ideas maníacasde grandeza, que poseen en sí algo de un juego y que tampoco sontomadas muy en serio por los mismos enfermos. En la euforiaexaltada en cambio aparece una vinculación completamentediferente del afecto con las ideas y sólo así permite reconocercon toda claridad su falta de significación en la euforiaimproductiva.

Siempre son muy pocas las ideas que se manifiestan. Aparecencon el comienzo de la perturbación afectiva; en el período detiempo siguiente se fijan con holgura y sólo se les agregan muypocas otras. De manera que esas euforias se mantienen siemprecomo improductivas, aun cuando el sentimiento de bienestar,reconocido objetivamente y confirmado subjetivamente, seaperfectamente patente.

Los rasgos de la euforia improductiva se mantienen tambiéncuando las ideas tienen como contenido hacer felices a otros, talcomo lo veremos con mucho mayor detalle en la euforia exaltada.El hombre puede encontrar su felicidad también haciendo felicesa otros, según su disposición. Se comprende así que loseufóricos improductivos afirmen ocasionalmente que quieren daralgo bello a los demás hombres, por ejemplo la paz. Los enfermosse comprometen sólo muy libremente con esas ideas, de manera queno hay razón aquí para una confusión con los eufóricosexaltados.

Ocasionalmente los enfermos buscan realizar alguna actividaden el sentido de sus ideas; es así que el enfermo que hemosmencionado pidió la mano de la joven. El enfermo que vamos apresentar a continuación con todo detalle, realizó tambiénalgunas acciones en consonancia con su idea eufórica. Pero engeneral la pulsión es poca. La feliz satisfacción no permiteque surja un impulso de acción. También en la Clínica losenfermos se comportan más bien tranquilamente, hablan conlibertad, pero sin necesidad apremiante; apenas si piden que losden de alta. Un enfermo afirmó que quería quedarse, pues sesentía mejor en la Clínica que en cualquier otro lugar. Losenfermos se diferencian de las manías puras —quedesarrollan compulsión a hablar, fuga de ideas y siempre algunaactividad— gracias a su conducta tranquila.

Por lo general las euforias improductivas desaparecen enalgunas semanas hasta algunos meses, pero tienden a regresarperiódicamente. No puedo decir si se producen casos crónicos ycambios a temperamentos normales, que encontramos en lasdepresiones puras. Presento un caso de euforia improductiva.

Caso 32. Karl Gerst, nacido en 1896, enfermópor primera vez en 1938. En su carácter de policía pidió a loshuéspedes de un hotel, sin fundamento, sus datos personales yfue internado en la Clínica B. Aquí actuó con ciertapresunción, se ocupó de otros enfermos y como no mostró nadaparticular, fue dado de alta a las 8 semanas. En 1941 volvió allamar la atención. Como policía tenía servicio de patrulla,pero se hizo cargo además del ordenamiento del tránsito y ledio la mano en la calle a todos los que pasaban. Fue llevado a laClínica de Frankfurt y allí manifestó que desde hacía tressemanas se sentía más libre, de mejor humor y más sano, y quenunca se había sentido tan feliz como ahora. Con su ordenamientodel tránsito quería ofrecerle un servicio a la gente. Decíaque era bueno que fuera llevado a la Clínica Neurológica, puesaquí podía ocuparse de los enfermos y también estaba dispuestoa donar sangre. Animaba a los otros enfermos al trabajo,conversaba con gusto, aunque sin desarrollar una compulsión, ytenía siempre una expresión facial que irradiaba satisfacción.Seis semanas después la euforia desapareció y Gerst pudo serdado de alta en una condición equilibrada.

En la primera enfermedad de Gerst no se describiódetalladamente el estado de ánimo eufórico: no llamó laatención su conducta improductiva. Su conducta en el hotelseñala que en esa época era algo expansivo. También en lasegunda enfermedad se arrogó derechos que no le correspondían,pero esta vez se pudo reconocer que lo hizo a partir de su estadode ánimo eufórico. En la Clínica la euforia estaba ubicada enel primer plano del cuadro; el enfermo se sentía tan bien comonunca antes. Su actividad y sus ideas sólo eran una expresiónligera de su estado de bienestar.

Sumario

La euforia improductiva se caracteriza por un bienestar sinmotivo que parece surgir de un nivel del sentimiento más biencorporal. Se agregan muy pocas ideas en el sentido de la euforia,pero que para el enfermo no poseen mayor importancia. Encorrespondencia con su feliz bienestar, los enfermos sienten muypoca impulsión a actuar. Ocasionalmente tratan de convertir enrealidad sus ideas eufóricas, pero muestran poca insistencia.

Euforia hipocondríaca

La euforia hipocondríaca representa un cuadro patológiconotable al que presté atención por primera vez en ocasión dedos exámenes. En la serie de exámenes de la que partí enaquella época había 8 de tales casos, que en principio debíseparar de otros diagnósticos (hipocondría o psicopatíahipocondríaca).

Los padecimientos de los enfermos son parecidos a los de ladepresión hipocondríaca; a menudo las descripciones son másnotables aun. Las pseudosensaciones más variadas y máspeculiares se producen en el cuerpo, y los pacientes, más quedescribirlas, las comparan por medio de indicaciones decomprensión normal como “pinchar, quemar, agujerear”,etcétera. Eso se hace claro cuando estimulamos a los enfermos aque hagan una descripción más detallada de sus padecimientos yentonces nos dicen que es como si les hubieran cortado elcerebro, como si se les extendiera el estómago o la garganta,etcétera. La afirmación de que se han desplazado los órganosinternos es más frecuente en la euforia hipocondríaca que en ladepresión hipocondríaca. Nos recuerdan mucho las sensacionesesquizofrénicas, sin embargo también en los casos de euforiahipocondríaca con curso crónico se puede hacer con seguridad eldiagnóstico diferencial, como veremos más adelante.

Los enfermos se quejan mucho de esas pseudosensaciones; esevidente que sufren; incluso pueden afirmar que a la larga lospadecimientos son insoportables; y sin embargo, en su estado deánimo fundamental están eufóricos. Entre sus lamentos aparecesiempre un estado de ánimo elevado; incluso es cubierto en formaincompleta por las quejas; a menudo los enfermos, mientras sequejan vehementemente, tienen una expresión facial alegre. Aveces son conscientes de la contradicción y explican que a pesarde todos los padecimientos pueden seguir alegres. Laspseudosensaciones muestran que seguramente está enfermo el mismoestrato del sentimiento que en la depresión hipocondríaca.Parece que tanto la perturbación eufórica del sentimiento comola perturbación depresiva hacen que de lo somático surjansentimientos que el hombre normal no conoce. He tratado sobreeste tema en otro lugar (Leonhard, 1970a). Puesto que laspseudosensaciones no pueden ser ordenadas ni elaboradas por lapersonalidad psíquica, sino que quedan como un cuerpo extraño,son también perturbadoras y gravosas cuando el sentimiento se havolcado hacia el lado eufórico.

En la depresión hipocondríaca, en relación con lassensaciones patológicas se llega a abundantes fenómenos deextrañeza en el ámbito del sentimiento corporal. He encontradopocas veces esa extrañeza en la euforia hipocondríaca; entérminos generales parece pertenecer menos al cuadro que en lasdepresiones.

Al exponer sus padecimientos, los enfermos hipocondríacoseufóricos con frecuencia se vuelven muy vivaces y locuaces;describen con vehemencia lo que deben sufrir y piden ayuda.Cuando pasan a hablar sobre un tema diferente, siguen vivaces yexcitados, pero ya no muestran una nítida compulsión a hablar.Es difícil desviarlos, sobre todo de sus padecimientos; nomuestran fuga de ideas. Cuando se quejan vehementemente de suspseudosensaciones, puede que derramen algunas lágrimas teatralesy parezcan superficialmente perturbados. Sin embargo, esosestados depresivos (Verstimmungen) reactivos comprensibles pasanrápidamente y dejan su lugar al estado fundamental eufórico. Amenudo los enfermos tienen algo de querulante en sí, pero estovale más para los casos de curso crónico, a los que mereferiré más adelante. A continuación presento un casocaracterístico.

Caso 33. Betti Rot, nacida en 1896, tuvopadecimientos nerviosos en el cuerpo por primera vez en 1924;para sanarse permaneció durante un tiempo en un parque de aguastermales y luego volvió a sentirse bien. En 1937 enfermó denuevo y fue internada en la Clínica S. Aquí se quejó de sentirgolpes en toda la espalda, dolores de cabeza y de tener unaherida en la columna vertebral. Era vivaz y rebosante en susquejas. Tres meses más tarde, en enero de 1938, fue trasladada ala Clínica de Frankfurt y explicó aquí, con expresiónsonriente, que “había muerto en vida”. Afirmó quetenía una sensación extraña en la cabeza, tironeos violentosen los dedos, golpes en la espalda, estiramientos en los ojos,contracciones en el cerebro. Decía que tenía un nudo en lacabeza y una hendidura en el cráneo. Se mantuvieron tanto elafecto alegre como las quejas hipocondríacas. La enferma sedenominó a sí misma “una floreciente candidata a lamuerte”. Una vez manifestó también que ya no teníasentimientos normales, que no podía sentir normalmente. Diezsemanas después fue trasladada a la Clínica W. También allímanifestó muchos lamentos hipocondríacos manteniendo unaexpresión superficialmente alegre. Unos diez meses más tardemejoraron ambos. Rot pudo ser dada de alta en un estadoequilibrado.

En el caso de esta enferma, el contraste entre las quejashipocondríacas y el estado de ánimo alegre se manifestó enforma muy impresionante; llega a un punto tal que la enfermapuede hacer bromas sobre sí misma y llamarse “unafloreciente candidata a la muerte”. Se manifiestanfenómenos de extrañeza. Su afirmación de que era una muertaviviente señala una extrañeza del cuerpo; su posteriorafirmación de que no tenía sensaciones normales es laconfirmación.

Sólo 4 de los 8 casos de mi primera serie tuvieron este cursofavorable; los restantes 4 casos fueron crónicos. Si no hubieraencontrado siempre en las formas puras algún curso crónico,tendría grandes dudas en el diagnóstico. Pero aun cuandorefiramos estas observaciones a las otras formas puras, esnotable el hecho de que tantos casos adopten un curso crónico.Presento a continuación un caso:

Caso 34. Helene Fis, nacida en 1874, nollamó la atención hasta los 50 años. Desde 1924 se quejaba depadecimientos corporales. En 1932 ingresó por primera vez en laClínica de Frankfurt. Entretanto había sido operada repetidasveces a causa de sus padecimientos sin que se encontrara nada.Ahora se quejaba de dolores en los pulmones, en el cuerpo y en elcuello, palpitaciones, debilidad en el estómago, picazón en lacabeza y en el cuello. Era como si en el estómago se leextendiera algo, como si el nervio de la lengua se le debilitara,como si en el estómago se levantara un bocado, como si se leextendiera algo en la garganta. Decía que en la nuca tenía unasensación como si estuviera acostada sobre alambres. A pesar detodos sus lamentos, que exponía ampliamente y en detalle,parecía alegre y de buen humor. Ella misma explicaba que era unmilagro que sintiera alegría de la vida a pesar de los“terribles dolores” y que pudiera seguir sonriendo. Unahernia en el vientre, que le había quedado de una operación, nola molestaba para nada. Cinco días más tarde fue dada de altaotra vez. En 1936 apareció en la Clínica y se quejó de que nose esforzaban mucho para aliviarle sus padecimientos. Dirigió lamisma queja la Ministerio de Salud de la ciudad. No se produjouna mejoría, tampoco más tarde. En 1939 la enferma fue recibidanuevamente en la Clínica de Frankfurt. Ahora se quejaba dedolores y de una “sensación torpe” en la cabeza,dolores desde el cuello hasta la zona del estómago, presión enel cuerpo, etcétera, y exigió que la operaran. A pesar de quese quejaba entre gemidos de sus “terribles dolores”,estaba de buen humor, hablaba vivazmente y además estaba muyexcitada y alegre. Tres meses después murió de unabronconeumonía, a los 65 años, sin que nada cambiara en suestado.

Hasta los 50 años Fis estuvo sana y se ocupó como esposa delas tareas de la casa. Luego comenzó el cambio, que duró hastasu muerte a los 65 años. El comienzo en una determinada épocade la vida contradice, tal como lo vimos también en los casoscrónicos de depresión hipocondríaca, el supuesto de que sepodía haber tratado de una psicópata hipocondríaca. Contra unaenfermedad esquizofrénica habla el hecho tanto aquí como alláde que en todo el curso no se pudo reconocer ningún progreso,sino que se mantuvo el mismo cuadro desde el comienzo hasta elfin. Además, su estado de ánimo eufórico crónico sinachatamiento de los afectos no encuadraría nunca con unaesquizofrenia. Las pseudosensaciones recuerdan por su forma, porlo general grotesca, las sensaciones esquizofrénicas; sinembargo, nunca fueron sentidas como influencia de afuera. Loseufóricos hipocondríacos, igual que los depresivoshipocondríacos, no dudan jamás que sus pseudosensacionesrepresentan procesos patológicos. En los casos crónicos elcuadro corresponde completamente al que ofrecen las euforiashipocondríacas con curso fásico. Por eso no parece posible otrainterpretación. La inclinación al curso crónico, que hastacierto grado le corresponde a todas las formas puras, al pareceres particularmente grande en la euforia hipocondríaca. Por otrolado también podría ser que los casos crónicos obtengan confrecuencia relativamente mayor un tratamiento clínico, pues porlo general exigen en forma querulante ayuda para suspadecimientos. Por la gravedad de las pseudosensaciones, esaforma de reacción no es sorprendente; por eso es más propia dela euforia hipocondríaca que de la depresión hipocondríaca,pues el estado de ánimo eufórico busca la culpa más bien enlos otros, al contrario del depresivo. También en lasquerulaciones los eufóricos depresivos jamás llegan a la ideade hacer responsables por sus pseudosensaciones a quienes losrodean, como lo hacen los esquizofrénicos; sólo piden ayuda ensu enfermedad. Si incluimos los casos crónicos, la euforiahipocondríaca no es tan rara como para no aparecer de tanto entanto. Varias veces tuve que examinar tales casos; quieneshabían hecho los exámenes anteriores por lo general no sabíancómo juzgar a estas personas que se quejaban tanto y a pesar deeso parecían alegres y satisfechas.

Sumario

En la euforia hipocondríaca se unen pseudosensaciones de tipovariado con un estado de ánimo elevado. Los enfermos se quejanvivazmente de sus padecimientos y es evidente que sufren, peropor su conducta, su expresión facial y sus propias afirmacionestienen un estado de ánimo eufórico que apenas si se dejaperturbar pasajeramente por los padecimientos. Las euforiashipocondríacas se inclinan con más frecuencia que otras formaspuras a un curso crónico. Entonces las quejas adquierenfácilmente un tono querulante, pero se mantiene el estado deánimo fundamental eufórico.

Euforia exaltada

En la euforia improductiva y en la euforia hipocondríaca elestado de ánimo elevado parecía fundarse en lo corporal: lesfaltaba un vínculo con contenidos espirituales más elevados. Enla euforia exaltada las cosas ocurren a la inversa. Así como enla enfermedad del polo contrario depresivo, o sea en ladepresión autotorturada, el estado de ánimo depresivo(Verstimmung) se aviva una y otra vez con las ideas depresivas,en la euforia exaltada el estado de ánimo se aviva una y otravez en unión con las ideas eufóricas. Y mientras en ladepresión autotorturada las ideas de pequeñez suelen no tenermedida, también carecen de medida las ideas de grandeza de laeuforia exaltada. Eso indica que tanto allí como acá estáenfermo un estrato del sentimiento en el que tienen su raíz nolos procesos corporales, sino los espirituales. Las ideas de laeuforia exaltada nos recuerdan mucho las que hemos visto en lapsicosis de angustia-felicidad. En ambos casos los enfermosafirman de tanto en tanto que sus convicciones les han sidoinspiradas por un poder superior. Es así que las ideas exaltadastienen un carácter completamente diferente que las ideas más omenos triviales de la euforia improductiva. La psicosis deinspiración de Kleist que corresponde a la autopsicosisexpansiva por medio de ideas autóctonas de Wernicke, se puederelacionar tanto con la euforia exaltada como con la psicosis deangustia-felicidad.

Los eufóricos exaltados se encuentran continuamente en unestado de ánimo elevado, pero no se trata de un sentimiento defelicidad tranquilo y uniforme como en la euforia improductiva:más bien el sentimiento asciende poderosamente cuando seexteriorizan las ideas. Los enfermos poseen entonces algo deentusiasmado, algo de exaltado en sí y se expresan conconmoción interior. Si nos apartamos o desviamos laconversación hacia un tema indiferente, el estado de ánimoexaltado se apaga y los enfermos aparecen ahora menos elevadosque los eufóricos improductivos. En los temas indiferentes sereconoce más que la euforia la actitud algo solemne y el modo dehablar algo patético. En este carácter la euforia tiene en síalgo que fluye lentamente. El concepto de alegría, que a pesarde su inexactitud aplicamos a la euforia de los eufóricosmaníacos e improductivos, ya no es enteramente aplicable a laelevación de los eufóricos exaltados, pues a estos enfermos lesfalta por completo la ligereza que contiene el concepto dealegría. Más bien están repletos hasta lo extásico con susafectos alegres. Según su contenido, las ideas de los eufóricosexaltados son al mismo tiempo egoístas y altruistas; en primerlugar porque los enfermos se sienten poderosos, ricos yeróticamente favorecidos; y en segundo lugar porque quisieranemplear su poder para hacerle el bien a otros. Es así queregularmente se declaran no sólo influyentes, sino que seproclaman conductores de la humanidad, personas que no sóloquisieran aportar la felicidad a sí mismos, sino también atodos los otros, tal vez la beatitud en el aquende o el allende,tal vez una paz eterna o una salud eterna. A menudo atribuyen suvocación a Dios, por quien se creen iluminados y que les ha“otorgado” sus ideas. En épocas menos religiosaspueden sentirse llamados por sí mismos y capaces de realizargrandes cosas. En una forma más leve se conforman con apareceren su medio más íntimo como aportadores de la felicidad, paralo cual anuncian por ejemplo a los familiares la salvación de lanecesidad, y en la Clínica la curación a los otros enfermos.Una forma puramente egoísta de la idea, o sea un puro delirio degrandeza, no aparece entre los enfermos: más bien surge unaforma puramente altruista. Los enfermos pueden afirmarexpresamente que no les importa su propia posición: sóloquerían ayudar a los demás. Parece que de los afectospatológicos del tipo que se presenta en estos enfermos, lasexcitaciones de tipo altruista son puestas en primer plano, y nolas de tipo egoísta. De todos modos, las ideas de la euforiaexaltada son en primer lugar ideas de hacer feliz, y sólo ensegundo lugar delirios de grandeza. Lo mismo vale para las ideasde la psicosis de angustia-felicidad o de la psicosis deinspiración, como lo señala Kleist.

La afirmación de los enfermos de que las ideas les soninspiradas por Dios se apoya a menudo en vivencias alucinatoriasque pueden aparecer en la cima del afecto. Son preponderantementede naturaleza óptica y recuerdan vivencias traumáticas. Dios oun santo aparece a los enfermos y por medio de su mera aparicióno también por medio de palabras produce el estímulo paragrandes hechos. A pesar de que los enfermos presentan lasapariciones como reales, se trata más de pseudoalucinaciones quede verdaderos fenómenos engañosos. Nunca son percibidos comoextraños al yo, sino que reflejan lo que los enfermos llevandentro de sí en su afectividad exaltada. Por eso hablan de lasapariciones sin ningún asombro: sólo lo hacen con el entusiasmocon el que exponen también sus otras ideas.

Los otros síntomas no son propios de la euforia exaltada; lesfalta una excitación psicomotriz que es muy frecuente en lapsicosis de angustia-felicidad. El pensamiento se ve perjudicadosólo en el sentido de que es difícil fijar la atención de losenfermos a algo que no sean sus ideas. Un caso clarificará elcuadro patológico de la euforia exaltada.

Caso 35. Heinrich Horch, nacido en 1907,enfermó en 1940. Por la noche escuchaba la voz de Dios.“Eres un infiel, hombre lleno de vicios, pero me revelaréespecialmente para ti”. Fue internado en la Clínica deFrankfurt y explicó que tenía que escribir un libro sobre laBiblia y que gracias a él se verían cosas más grandes aun.Más tarde se declaró “hombre universal” que poseíafuerzas extraordinarias, incluso físicas. Pidió que serepartiera por partes iguales a los pacientes la sangre que lehabían extraído, a fin de que sanaran. Quería hacer el bien atodos los hombres. Tres semanas más tarde sanó y pudo ser dadode alta.

Su padre había sido muy religioso desde siempre, a la manerade los sectarios. A la edad de 60 años ese carácter seconvirtió en patológico. Se hizo muy notable, quería convertira todos los hombres y les decía a muchos: “Dios me lo hainspirado”. Más tarde volvió a tranquilizarse.

El paciente muestra de manera característica el cuadro de laeuforia exaltada. La actitud patética, el modo de hablar solemnepermiten reconocer que sus ideas lo dominan. El sentimiento defelicidad sobre su propio poder y grandeza se mezcla siempre conel sentimiento de felicidad de poder hacer el bien a los otros.Al comienzo aparecen vivencias pseudoalucinatorias. Es notablesobre todo la carga desde el lado del padre. Es evidente queéste pasó también por una fase de euforia exaltada, de maneraque existe una carga igual. Además parece haber ofrecido durantetoda la vida los rasgos de esta psicosis en forma leve, puessiempre fue un sectario. Por lo tanto su enfermedad sólorepresentaba un exceso patológico de su particular forma de ser.En las depresiones puras encontramos varias veces algo parecido.Otro enfermo, que en el transcurso de 20 años pasó por 4euforias exaltadas, expresó entre otras cosas: “La alegríapor lo que vamos a vivir es indeciblemente grande. Necesitovuestra ayuda, necesito la ayuda del mundo entero. Alemania serámás grande y más poderosa, y yo me haré cargo de lapresidencia del gobierno. Voy a estar bajo la protección delPadre Celestial. La libre elección del pueblo decidirá si voy aser el sucesor de Hindenburg; seguiré gustosamente el llamadodel pueblo. Sé que tengo que cumplir una gran misión”. Enun estado más leve de la enfermedad el paciente se llamaba a símismo “maestro” y prometía construir el órgano másgrande del mundo. En mis primeros casos de euforia exaltada no seencontró la inclinación de las depresiones puras a tomarocasionalmente un curso crónico. Pero en mi serie deinvestigaciones de Berlín encontré un paciente con euforiaexaltada de curso crónico.

Sumario

En la euforia exaltada el sentimiento de felicidad se vinculacon ideas que tienen como contenido simultáneamente unaautoelevación y hacer felices a otros. En esas ideas losenfermos se manifiestan de manera exaltada, con frecuencia hastaalcanzar un grado extásico del sentimiento. En cambio, si sedesvían las ideas, el afecto disminuye, de manera que la euforiano necesita aparecer en primer plano. De todos modos los enfermosmantienen también en los temas indiferentes una actitud solemney elevada, que señala el tipo particular del afecto. Confrecuencia reconocen que las ideas les fueron inspiradas por unpoder superior y señalan vivencias pseudoalucinatorias.

Euforia confabulatoria

En la depresión paranoide tuvimos ante nosotros una formapura donde la formación de ideas depresivas se producíamediante la creación de relaciones que señalaban una funciónintelectual. Algo parecido vemos en la euforia confabulatoria,descripta por Kleist como “confabulosis expansiva”.También aquí parece participar continuamente el entendimiento yllenar con contenidos el afecto patológico. Pero se crean menosrelaciones que complejos de ideas libres. Allí se expresa sinduda alguna el diferente efecto de los dos sentidos del afecto,pues el afecto depresivo lleva al pensamiento hacia unareflexión sobre lo dado, mientras que el afecto eufórico llevaa una actividad libre de la fantasía.

En los enfermos confabulatorios la euforia no llega a tantaprofundidad como en la euforia exaltada. También esto correparalelamente con lo que vimos en el enfermo depresivo, pues enel depresivo paranoide el afecto se queda de manera gradual ynotable detrás del depresivo autotorturado. La euforia delconfabulatorio tiene algo de leve en sí, pero no es tan fluidacomo la euforia de los maníacos. No podemos denominar“lúdicos” los relatos nítidamente penetrados por elafecto.

Las confabulaciones tienen siempre vivencias alegres comocontenido. Podemos reconocerlo de diversas maneras en laautoelevación que contienen. Luego los enfermos relatan que hantratado con algún personaje de elevada posición o que poseen ungran poder o grandes honras o también que han recibido unariqueza o que fueron homenajeados por el pueblo, etcétera.Cuando falta ese tono expansivo, es el deseo de sensaciones loque nos ilumina desde las confabulaciones: recibimos informessobre viajes con aventuras, viajes peligrosos por el mar, luchascon salteadores, animales salvajes, etcétera. También puedenaparecer en las confabulaciones encuentros con Dios y losenfermos pueden llegar a afirmar que han recibido inspiracionesde Él. Luego los enfermos se entusiasman y recuerdan así laseuforias exaltadas. Pero si los dejamos hablar, reconocemosrápidamente la diferencia. Mientras que los exaltados seempecinan en sus ideas y se apoyan en ellas con todo su afecto,los confabulatorios cambian rápidamente y tienen para agregarmuchos otros relatos fantásticos. En lo esencial esos relatospueden basarse en engaños de la memoria, tal como lo expresa elconcepto de “confabulación”, pero a menudo se tratasólo de ocurrencias fantásticas a las que les falta elcarácter vivencial. Sobre todo cuando los enfermos se arroganalguna posición elevada, no es necesario que un tono visual nosindique que el origen de esas ideas proviene de un supuestorecuerdo. Es posible que en la actividad aumentada de lafantasía se mezclen auténticas confabulaciones de caráctervivencial con ocurrencias fantásticas de naturaleza racional. Aellas pueden agregarse tal vez pseudopercepciones, pero esdifícil diferenciarlas frente a las percepciones sóloconfabuladas.

Los enfermos relatan gustosamente; al relatar se vuelvenvivaces y conversadores; pasan fácilmente de las preguntas queles planteamos a sus confabulaciones, con las que tienen mayorproximidad desde el punto de vista del afecto. Por su caráctervivaz recuerdan a los maníacos; no se parecen en cambio a losesquizofrénicos. A decir verdad, los parafrénicosconfabulatorios muestran, tal como lo veremos más adelante, unamanera de ser relativamente natural, pero no la vivacidad de loseufóricos confabulatorios. Las confabulaciones en losesquizofrénicos poseen algo de rígido en sí: sonfalsificaciones firmes de los recuerdos expuestas siempre de lamisma manera y complementadas sólo muy lentamente por otrasnuevas. Las confabulaciones de los eufóricos en cambio son másfluidas, en particular poco fijadas y llenas de ocurrenciasfugaces a las que les falta el carácter vivencial. Es así quecon sólo el cuadro de estado, sin tener que esperar el curso,podemos establecer con seguridad el diagnóstico correcto. Seproducen también enrarecimientos de la euforia confabulatoriaque aparecen sólo como particularidades del carácter ycorresponden al temperamento subdepresivo y subeufórico de losque se habló repetidamente en las formas puras. El padre de uneufórico confabulatorio que no pertenece a la serie deinvestigaciones elaborada aquí, tenía esa manera de serconfabulatoria. Se dedicaba a realizar cálculos para determinarel comienzo del reino de Cristo, describía los fenómenosnaturales que lo anunciarían, anunciaba la anarquía y lanecesidad, clasificaba las naciones según su valor religioso,etcétera. Estas características se comprobaron en formapuramente accesoria en razón de la enfermedad de su hijo. Por lodemás, se dedicaba a su trabajo y no parecía enfermo. Ademásno tenía nada esquizoide en sí, sino que era abierto y atento.Presento ahora el caso de un enfermo:

Caso 36. Hans Fers, nacido en 1903, enfermópor primera vez en 1917, o sea a los 14 años; decía cosas sinsentido, por ejemplo que tenía una mansión, podía cabalgar,que una joven gorda lo había llevado al bosque, que era doctor ymédico jefe de profesión. Fue internado en la Clínica y setranquilizó aquí muy rápidamente, de manera que después de 4semanas pudo ser dado de alta. Al parecer, dijo cosas sin sentidodurante un período de tiempo en todos los años siguientes. En1926 fue internado de nuevo en la Clínica. Esta vez hablóacerca de animales salvajes que había visto: “No sé si eraun sueño o si era realidad”. Decía que había visto signoscomo Juana de Arco y que oía dentro de sí una voz: “Parala reconstrucción del imperio alemán como en la edad deoro”. Decía que día y noche tenía apariciones que veíacon toda claridad. Decía que iba a ser rey de la repúblicamundial. “Yo mismo me pondré la corona sobre mi noblecabeza. Seré coronado aquí, en Frankfurt, por la nobleza deFrancia y Alemania”. Los soldados serían formados entoncespara ser “juguetes”, no para la guerra. Decía que secasaría con la mujer más bella y que había pasado por medio delas llamas con su caballo para la reconciliación de Alemania yFrancia. “El monumento a los pueblos en Leipzig estáenterrado ahora”. Fers llamaba a un paciente “Richardvon Löwenherz con el labio mordido”. Hablaba mucho yexaltado. En tres meses desapareció el estado. Fers comprendió,declaró que sus ideas no tenían sentido y fue dado de alta. En1929 enfermó de nuevo; quería enrolarse en la LegiónExtranjera y fue internado otra vez en la Clínica. Aquíafirmó, entre otras cosas: “No puedo evitar que me hayacaído un tesoro en el castillo maldito; debo cargar con el ejedel mundo; los meteoros chocan contra la Tierra”. Escuchabavoces que le decían que Prusia se había reconciliado con losjudíos; decía que se había establecido en Norteamérica, queel rey Fuad quería cerrar tratativas de paz en Berlín. Tressemanas después fue trasladado a la Clínica E.; allí siguióconfabulando y entre otras cosas dijo: “He cruzado por elfuego como espíritu, como una Juan de Arco alemana”. Tresmeses más tarde volvió a tranquilizarse, pero debido a que alparecer tenía recaídas leves (la historia clínica carece dedetalles), permaneció un año entero en la Clínica. Luego dejóde llamar la atención y fue dado de alta. En 1932 se casó. En1934 volvió a la Clínica y dijo, entre otras cosas: “Soyel káiser Federico III, rey de la república mundial; en loslagos de Mazuria los muertos resucitan, nadan hacia arriba ydespiertan con vida; pondré la quilla de un nuevo barco enmemoria de la guerra turca de los persas contra los árabes;luego se construirán también cruces de aire en el Bodensee; hayun jardín en el desierto, el ferrocarril pasa por los niños deldesierto”. Siete semanas después estuvo nuevamente libre yfue dado de alta. En 1939 estuvo de nuevo en la Clínica yexpresó, entre otras cosas: “He visto ahora que elmovimiento de la tierra ha girado, que todo se ha desplazado; loscaballos que yacen en el campo de batalla de Verdun resucitarán:eso me lo dice Dios; debo conquistar África y losBalcanes”. Cuatro semanas después recuperó el equilibrio yfue dado de alta. En su casa estuvo completamente sano. En 1941fue enrolado, pero dado de baja a causa de una nueva irrupciónde la enfermedad e internado de nuevo en la Clínica. Ahoraexpresó, entre otras cosas, que debía hacer planes para tenderun alambrecarril hacia Francia, que había hecho la guardia en laLegión Extranjera en África, que la artillería pesada alemanahabía arrancado con su fuego un pedazo de sol y disminuido lafuerza de los rayos. “Cuando se realizó la feria deFrankfurt, cayeron esferas rojas y verdes, rayos que iluminaronlas nubes oscuras”. Tres meses más tarde volvió a darsecuenta de sus actos, corrigió sus ideas e intentó explicarlaspor el hecho de que leía mucho y al enfermarse había mezcladolo leído con la realidad. Dijo que había llegado a su vivenciade los caballos de fuego por los caballos alados de un teatro deFrankfurt. Dijo que cuando estaba enfermo tenía siempre unsentimiento de felicidad, con frecuencia también el sentimientode haber sido iluminado por Dios. Fue dado de alta, volvió adedicarse a su profesión y no llamó la atención. En 1944volvió a la Clínica y explicó, entre otras cosas, que a laluna le faltaba un pedazo y que podía ocurrir que se produjeranorificios y grietas en la esfera terrestre. “Los cohetesllegan hasta el reino de la tierra y allí se unen a la masaígnea: luego la corteza terrestre se disolverá lentamente; eltiempo se ha reducido algo también y corre mal”. Tressemanas más tarde estaba otra vez equilibrado y fue dado dealta. Pero regresó ocho meses más tarde, pues en su casa habíavuelto a confabular. Sin embargo, en la Clínica apenas llamó laatención y fue dado de alta tres semanas después. En 1940volvió a la Clínica, y entre otras cosas relató que habíaestado una vez en Roma, luego había seguido viaje al África yde allí había pasado a América. El caballo utilizado lo habíaexpuesto en Frankfurt como agradecimiento. Relataba con unaevidente compulsión a hablar y con frecuencia seguía hablandocuando ya nadie lo escuchaba. Seis semanas después recuperó elequilibrio. Al menguar su estado, Fers se volvió levementehosco; no quería que le recordaran sus relatos; era evidente queestaba de mal humor por haber relatado tales cosas sin sentido.Durante la enfermedad en cambio tenía una expresión facialdesde alegre hasta entusiasta. En 1946 regresó a la Clínica yrelató un supuesto viaje a África y Arabia. Catorce días mástarde fue trasladado a la Clínica E. Allí fue dado de alta,pero regresó repetidas veces a la Clínica, siempre en lasmismas condiciones confabulatorias, que duraban algunas semanas yluego cedían el lugar a un estado normal.

La psicosis de este paciente es impresionante, pues un grannúmero de fases presenta siempre el cuadro característico de laeuforia confabulatoria. Las primeras veces que enfermó, Ferstenía a menudo algo de extásico en sí, de manera que sehubiera podido pensar en una euforia exaltada si no hubieranaparecido ya en esa época tantas confabulaciones. Más tardeconfabulaba expansivamente sin una nota extásica esencial; porúltimo las confabulaciones fantásticas dominaban por completoel cuadro de la enfermedad. Tal vez se manifieste allí elenvejecimiento del paciente, que en su madurez no era tanexuberante como en la juventud. El largo tiempo de observaciónque permite reconocer la cura de cada fase, impide la confusióncon una enfermedad esquizofrénica. Pero también así el cuadropermite excluir una esquizofrenia.

En otro lugar (Leonhard, 1981a) he descripto un enfermo con uncuadro patológico igualmente impresionante: su madre tambiénsufría una euforia confabulatoria.

Sumario

La euforia confabulatoria se destaca por sus relatosfantásticos con un estado de humor elevado. En parte se trata deengaños de la memoria, en parte sólo de ocurrenciasfantásticas. El contenido es de tipo alegre; con frecuenciarefleja una autoelevación; con frecuencia es también excitantegracias a su carácter fantástico y sensacional. También puedendesempeñar un papel las pseudopercepciones. Sin embargo, ladecisión consiste en que en el caso individual es difícil quealgo pueda ser percibido patológicamente en vez de confabulado.

Euforia fría

La suposición de una euforia fría se basa más en unaexigencia teórica que en una experiencia práctica. Si a cadadepresión pura le corresponde, como hemos visto, una euforiapura, es seguro que la depresión fría tiene también su polocontrario. De todos modos parecer ser muy raro. La depresiónfría no es frecuente: es mucho más rara que las otrasdepresiones. Si la euforia fría es más rara en la mismaproporción que las otras euforias, apenas si encontraremos uncaso para la observación. Es así que en la primera serie deinvestigaciones tuve una sola paciente.

De acuerdo con las consideraciones teóricas que expuse enotro lugar (Leonhard, 1970a), creo que la enfermedad en el polocontrario de la depresión fría se vincula igualmente con undebilitamiento del sentimiento y de la iniciativa. Ambas formasdeberían diferenciarse por el sentimiento fundamental, no porlos contenidos, así como la depresión hipocondríaca y laeuforia hipocondríaca se diferencian no por los contenidos, sinosólo por el estado del afecto. El caso siguiente responde a esesupuesto teórico:

Caso 37. Hermine Os, nacida en 1905, enfermóen 1941 y perdió la energía. No podía hacer ningún esfuerzo,ni para trabajar, ni para escribir, ni para leer. También a símisma parecía muy paralizada. Ingresó en la Clínica deFrankfurt y se quejó aquí sobre todo de que era completamenteindiferente, que recibía las cosas muy diluidas y no sentíanada por sus hijos. Pero al quejarse no estaba depresiva, sinoparecía satisfecha. Cuatro semanas más tarde fue trasladada alSanatorio H. Aquí también se quejó, manteniendo el buen humor,de que carecía de energías. Tres meses más tarde mejoró ypudo ser dada de alta. En su casa se sintió bien durante variosmeses, luego se produjo una recaída, de manera que Os debió serinternada por segunda vez en la Clínica de Frankfurt, un añodespués de su primera internación. Ofrecía el mismo cuadro queantes: se quejaba de que no podía hacer nada, de que no podíahacer ningún esfuerzo y de que no tenía sentimientos correctos.También objetivamente se mostró pobre en pulsiones; la mayorparte del tiempo la pasaba en la cama. Pero siempre sonreía consatisfacción cuando se hablaba con ella. Ocho semanas más tardevolvió a sentirse libre, tuvo más energías y pudo ser dada dealta.

En este cuadro patológico quisiera suponer una euforia fría,pues las quejas sobre empobrecimiento de los sentimientos y de lavoluntad iban a la par de un estado de ánimo eufórico. La faltade interés era objetivamente más fuerte que en las depresiones,seguramente porque un humor satisfecho la favorece más que unodepresivo. En contra de la suposición de una hebefrenia, dejandode lado la avanzada edad de la paciente, habla el curso fásico yen el cuadro sintomático la actitud natural de la enferma, que apesar del enfriamiento subjetivo de los sentimientos, mantuvo unacierta calidez e hizo pensar más bien en un tranquilo estadohipomaníaco que en uno hebefrénico. Por lo demás, loshebefrénicos apenas si se dan cuenta del empobrecimiento de sussentimientos.

Caso 38. En mi serie de investigaciones deBerlín volví a encontrarme con una euforia fría. Marie Sch.,nacida en 1937, de profesión asistente farmacéutica, era denaturaleza equilibrada. No le era fácil hacer amistades, perosiempre tenía amigas. En 1962 fue a verme porque, tal como seexpresó, hacía medio año que sentía de manera diferente a lohabitual. El cambio se produjo “repentinamente”. Sequejó de que no podía sentir interiormente. Estaba siempre conel mismo humor, ya sea que relatara algo alegre o algo triste. Adecir verdad, recibía todo lo que escuchaba o tomaba con lasmanos; también podía determinar si una cosa era bella, perotodo le resultaba tan extraño, que era como si le faltara elsentimiento correcto. Cuando decía algo, era como si pensarainteriormente, pero como si las cosas sobre las que hablabaestuvieran muy lejos. Si refería algo lleno de sentimiento, eracomo si el rostro careciera de expresión, y si acompañaba unrelato con gestos de las manos, también era como si las manoscarecieran de expresión. Cuando hablaba con otros hombresreconocía en los movimientos de éstos la vivacidad interior,pero se sentía a sí misma como que no participaba. Sin embargo,la gente nunca había manifestado nada sobre eso: al parecer nolo notaban. Tampoco sus padres notaban el estado anormal.Mientras la paciente me ofrecía este informe, se mostraba vivaz,despejada y alegre. Le aconsejé que se internara en la Clínicapara seguir con las observaciones; pero Sch. no se sintiódispuesta a ello porque en realidad no se sentía enferma. Cuandoquise tener noticias suyas un año más tarde, me escribiódiciendo que otra vez se sentía bien. Entretanto se habíacasado. No aceptó mi invitación para una entrevista personal.

También en esta paciente se reconoce la falta departicipación. Todo lo que tuviera sentimiento estaba alejado deella. Si creía que su expresión facial y sus gestos carecíande naturalidad, tenía a la vista también aquí un trasfondo desentimiento deficiente de los movimientos expresivos. Sinembargo, la paciente tenía al mismo tiempo una actitud vivaz yun humor alegre. A pesar de la descripción muy efectiva queofreció de sus padecimientos, no se sentía seriamente enferma.Es posible que su carácter alegre haya ocultado en la únicaentrevista una presunta falta de pulsión. Tal vez la razón porla que se ven tan pocas euforias frías sea que los enfermos nose sienten motivados como para recurrir al médico. Al parecer,la paciente no llamaba la atención en su medio.

Sumario

Si he logrado delimitar correctamente la euforia fría, éstase caracteriza por un debilitamiento de los sentimientos y de lavoluntad, sentido tanto subjetiva como objetivamente, conmantenimiento de un estado de humor eufórico.

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