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Año IX - Vol.7Nro. 1- Septiembre 1998

ALCMEON26

Clasificación de laspsicosis endógenas y su etiología diferenciada (11º entrega)

Karl Leonhard


Catatonía parafémica

Si he denominado "parafémica" a esta forma particular de catatonía, ocasionalmente algunos han interpretado mal el término, en el sentido de que se suponía en los enfermos una disposición a hablar. Pero la disposición de los enfermos los lleva a hablar sólo cuando llega el estímulo correspondiente desde afuera. Los enfermos no tienen una disposición espontánea. Por el contrario, por sí mismos no hablan casi nada. Sólo en los estadíos iniciales, cuando la falta de iniciativa todavía es pequeña, se puede observar ocasionalmente una leve compulsión a hablar. Las respuestas que ofrecen voluntariamente a las preguntas tampoco llevan a una compulsión a hablar, sino que por lo general son breves, e incluso la mayoría de las veces no siguen las reglas de la gramática. Lo anormal en lo parafémico no es la compulsión a hablar, sino la particular disposición a ofrecer una respuesta prematura.

Las respuestas sin sentido, que caracterizan a esta catatonía, aparecen por lo general ya en los comienzos de la enfermedad. Sin embargo, en esa época se encuentran diseminadas en medio de muchas respuestas lógicas. A menudo las respuestas incorrectas no tienen nada de irracional en sí, sino que no dicen nada, no son pensadas. Hay que prestar atención a esto si queremos reconocer la catatonía parafémica ya en su comienzo. El autismo, sobre el que todavía vamos a hablar, suele ser evidente ya en el comienzo.

Muchas respuestas son concretas también en los estadíos finales de la catatonía parafémica. Si comenzamos con las preguntas más simples, por ejemplo nos informamos acerca de los datos personales, puede que no haya nada que nos llame la atención. Pero cuanto más preguntamos, tanto más incorrectas se vuelven las respuestas. Por ejemplo, si le preguntamos a un enfermo que ha dado correctamente sus datos personales, la duración de su internación, obtendremos la mayoría de las veces una respuesta absurda o por lo menos muy indeterminada, como por ejemplo: "Hace mucho tiempo". Si queremos datos más precisos, lograremos pocas veces nuestro objetivo; más bien suele producirse un habla elusiva de aspecto negativista que puede llevar por ejemplo a la afirmación de que el enfermo hace 80 años que está internado, a pesar de que haya dicho antes correctamente que su edad era de 50 años.

Tanto las respuestas de carácter general como las completamente elusivas son características de la catatonía parafémica. Algunos enfermos ofrecen sólo respuestas indeterminadas o falsas; otros ofrecen muchas correctas. Lo más probable es que las respuestas sean imprecisas y carentes de sentido cuando tocamos temas que les desagradan a los enfermos. Por eso apenas si podemos conocer correctamente la duración de la internación en los pacientes más antiguos. A menudo también es posible provocar el habla elusiva preguntando en forma breve y muy concreta. Los enfermos responden entonces en forma igualmente rápida y al mismo tiempo sin sentido. También en las demás ocasiones las respuestas no sólo no son pensadas interiormente, sino que los pacientes suelen darlas con extrema rapidez, en cuanto hemos puesto en movimiento a los enfermos por medio de un juego de pregunta-respuesta. Al principio las manifestaciones del habla pueden ser vacilantes. Esto se explica seguramente por la pobreza general de impulsos de estos enfermos, de la que todavía hablaremos y que seguramente es responsable también de que no digan nada por sí mismos. En las Historias Clínicas se los suele denominar "mutistas", pero es porque no se les han hecho preguntas, que los enfermos hubieran contestado al principio con vacilación, pero luego con rapidez.

A continuación reproduzco un diálogo con una catatónica parafémica de la Clínica Gabersee:

(¿De dónde es usted?) Da su lugar de nacimiento correctamente. (¿Dónde vivió la última vez?) "Aquí en Gabersee". (¿Antes?) "En mi casa". (¿Dónde?) "Con mi familia, en mi casa". (¿Dónde era eso?) "En mi casa". (¿En qué lugar?) "Gabersee". (¿En qué lugar vivió antes?) "¿Antes? No puedo acordarme tan rápido". (¿Cuándo nació?) La respuesta es correcta. (¿Cuándo vino a Gabersee?) "Hace 3 años, 3 o 4 años". En realidad vino hace 10 años. (¿En qué año vino?) "No lo sé". (¿Aproximadamente?) "1908". ¿Cuántos años son entonces?) "Son muchos años". (¿Cuántos?) "Cuatro". (¿Desde 1908?) "Sí". (¿Qué año es ahora? "1900". En realidad es el año 1934. (¿Qué año fue el año pasado?) "También 1900". (¿Hace dos años?) "También". (¿Siempre 1900?) "Sí".

 

Lo que tenemos aquí es un habla elusiva. Las respuestas dadas no parecen surgir de una voluntad negativa activa, sino que los enfermos por lo general parecen lanzar simplemente lo primero que se les ocurre. Precisamente solemos tener esa impresión en las respuestas generales, no siempre incorrectas. El hecho de que los enfermos digan lo primero que les viene a la mente se debe a que las preguntas más simples, cuya respuesta correcta aparece de inmediato en el pensamiento, por lo general son respondidas correctamente, mientras que una voluntad negativa se delataría tanto en las respuestas simples como en las difíciles. Pero luego parece que los enfermos se niegan a responder, pues cuanto más los presionamos, más incorrectamente responden. Obsérvese en el diálogo tomado taquigráficamente y reproducido más arriba hasta qué punto fue imposible conocer el último lugar en el que vivió la enferma, cómo la paciente respondió elusivamente una y otra vez a esa pregunta.

Otra característica del habla elusiva de estos catatónicos no aparece en el ejemplo dado. A menudo las respuestas son tan absurdas, que no podemos pensar en respuestas voluntariamente falsas. En muchas expresiones no entendemos cómo se pudo llegar a semejante contenido. Esto se comprenderá si enfrentamos a las expresiones de la enferma anterior las expresiones totalmente carentes de sentido de otra paciente de la Clínica de Gabersee:

(¿Cómo le va?) "Bien". (¿Qué hace siempre?) "No hay nada en el corzo". (¿Qué quiere decir eso?) "No lo puedo reconocer". (¿Dónde realizó tareas hoy?) "En Feldfürsten". (¿Qué es eso?) "En la tabla". (¿En la tabla?) "Sí". (¿Ya comió?) "Sí". (¿Qué comió?) "Techo de velas". (¿Techo de velas?) "Sí". (¿Qué tal le gustó?) "Bien". (¿Qué suele comer?) "Sábado". (¿Qué día de la semana es hoy?) "Estiércol". (¿Qué fecha?) "88, 83". (¿Estación?) "Hermana Ludwila". (¿En qué año la admitieron aquí?) "No lo sé, en el 45". (¿En qué año nació?) "Ya no lo sé". (¿Qué planes tiene para el futuro?) "En un barrio con calles de obreros". (¿Qué quiere hacer allí?) "No, no lo sé". (¿De dónde es?) "En el barrio de Ludwila". (¿Qué es eso?) "En Bohemia". (¿Usted es de Bohemia?) "Sí". (¿Dónde nació?) "En Belén". (¿Dónde queda eso?) "En el establo". (¿Acaso es Jesús?) "Sí, a veces". (¿Está casada?) "Sí". (¿Con quién?) "Incluso en el precio". (¿Cómo se llama su esposo?) "Ludwila". (¿Para usted todo se llama Ludwila?) "Sí". (¿Tiene hijos?) "No". (¡Sin embargo tiene un hijo!) "No lo conozco". (¿Dónde estamos?) "En la calle Ludwil". (¿Dónde estuvo antes?) "Antes estaba también en mi casa, eso mismo y Staufen". (¿Vivió con su esposo?) "No conozco a nadie, nunca me casé". (¿No se casó?) "No". (¡Sí!) "No, nunca me casé". (¡Pero usted acaba de decirlo!) "No estuve casada". (¿Cómo era su nombre de soltera?) "Ludwila". (¿Qué más?) "Eso es todo". (¿Cómo se llama ahora?) "Schmidt". (¡La primera respuesta correcta!)

 

A partir de esta versión taquigráficas se puede reconocer que en gran parte faltaba la voluntad para dar respuestas correctas. Cuando otras pacientes presentes se reían de las llamativas respuestas, la enferma se irritó y sólo entonces pareció perder la buena voluntad; pero lo notable es que en ningún momento hizo el intento de negarse a responder, sino que al estar irritada lanzaba las respuestas más rápido que antes. Luego se puede reconocer en esta versión taquigráfica que la enferma decía lo primero que se le ocurría, sin que le importara si tenía algo que ver con la pregunta. Cuando respondía con "sí" o con "no", la respuesta no tenía un fundamento concreto, sino que dependía de que en la entonación de la pregunta tuviera preponderancia el "sí" o el "no". En una enferma que examiné con Schwab podíamos inclinar la respuesta en un sentido o en otro. Si le preguntábamos qué le gustaba más, alemán o francés, respondía "francés"; pero si preguntábamos "francés" o "alemán", obteníamos "alemán" como respuesta, porque ahora esa palabra estaba al final de la oración y por eso resaltaba más. Lo mismo ocurre en los "sí" y "no" cambiantes de las respuestas de la enferma de más arriba. Kleist denomina "ecológicas" las respuestas que simplemente se limitan a repetir la pregunta con un cambio en la forma. Esas respuestas "ecológicas" son frecuentes en la catatonía parafémica. Luego es posible reconocer la inmediatez de las respuestas de la versión taquigráfica por la constante repetición del nombre "Ludwila". Esas repeticiones son también muy características para el cuadro de esta enfermedad. "Ludwila" era el nombre de una hermana de una orden que años atrás había trabajado en la Clínica. Tal vez haya contenido alguna carga afectiva para la enferma. Sin embargo, es seguro que ese nombre aparecía continuamente porque después de la primera aparición ya estaba preparado y se ofrecía cuando no aparecía ninguna otra respuesta. Encontramos esta característica regularmente en los catatónicos parafémicos y podemos hablar casi de perseveración, aunque tenga un origen totalmente diferente al de la perseveración de los enfermos orgánicos. El hecho de que los enfermos digan de inmediato lo primero que se les cruza por la mente surge de las expresiones estimuladas por una asociación exterior. En ese sentido pudo haber surgido la observación de que Belén está en el establo.

Lo que parece estar más allá de una respuesta elusiva inmediata son las respuestas incomprensibles como "En Feldfürsten", "Barrio de Ludwila", "Nada en el corzo". A pesar de su extrañeza son igualmente características de los catatónicos parafémicos. Para explicarlas debemos subrayar que nunca sabemos qué recuerdos pasaban por el pensamiento de los enfermos, de los cuales había un fragmento preparado, cuando una pregunta estimuló el habla. Cuando por casualidad había a disposición varios conceptos, podrían brotar simultáneamente y producir falsas composiciones de palabras. De contaminaciones sólo podemos hablar en forma condicional, pues no se trata de pensamientos, sino sólo de palabras sin sentido. Lo agramático que poseen muchas respuestas se puede explicar en el sentido de que el impulso del habla recoge lo que está preparado, sin poder ordenarlo primero. También la brevedad de las respuestas, como se comprueba la mayoría de las veces, habla a favor de que actúa un impulso que se agota rápidamente.

Creo por consiguiente que en el fondo del habla elusiva de la catatonía parafémica hay una inmediatez particular según la cual después de una pregunta no se pone en actividad el pensamiento para proporcionar la respuesta, sino que hace oír lo que casualmente estaba a su alcance. Esta solución es facilitada también por la actitud exterior de los enfermos. Una vez que hemos superado su pobreza de iniciativas, las respuestas se suceden con tanta rapidez que no hay tiempo para una preparación del pensamiento. Es lo mismo si la respuesta es fácil o difícil, si exige pensar o no. También a preguntas muy difíciles o sin sentido, por ejemplo sobre la cantidad de estrellas o de granos de arena en el mar, obtenemos respuestas donde los pacientes dicen un número cualquiera, por lo general un número pequeño, ya que los números pequeños están más al alcance que los números grandes.

De esta manera se entiende que en su mayor parte las respuestas simples sean respondidas correctamente; aquí la respuesta correcta está tan al alcance, que es disparada por la pregunta sin que intervenga el pensamiento. En el caso de que también las respuestas simples sean respondidas incorrectamente, se pueden precisar por lo general fundamentos afectivos. En cuanto los enfermos comienzan a hablar elusivamente, de una manera negativista, se trata por lo general de preguntas que les resultan penosas. Es seguro que aquí la represión consciente o inconsciente se ocupa de que lo desagradable no esté al alcance. Una vez que ha sido dada una respuesta falsa, es raro que obtengamos la respuesta correcta continuando con el interrogatorio. También aquí reconocemos claramente el rechazo afectivo, que no quiere reconocer que lo que se dijo una vez es falso.

Si retrotraemos el habla elusiva parafémica a un cortocircuito del pensamiento, resulta un paralelo con otra subforma catatónica. En la catatonía proscinética vimos cómo los estímulos que vienen del exterior se convierten con anormal facilidad en los movimientos correspondientes. Por lo tanto las acciones parecen ser excitadas con la misma inmediatez que las respuestas en la catatonía parafémica. Por lo tanto hay dos catatonías con cortocircuito: aquí está en la acción, allá en el habla o en el pensamiento. Hemos visto hasta ahora cómo es posible reconocer en las catatonías las oposiciones, por ejemplo entre la catatonía proscinética y la negativista. Se agrega ahora el hecho de que las formas que están del mismo lado tienen entre ellas algo de parentesco. En la forma parafémica y en la proscinética encontramos de manera emparentada una facilitación de los recorridos de la voluntad. Podemos comprobar lo mismo en la catatonía paracinética. Del otro lado encontramos el impedimento tanto en la catatonía manerística como en la negativista. Podremos comprobar lo mismo en la catatonía hipofémica. Estas oposiciones señalan insistentemente que tenemos aquí enfermedades específicas de ámbitos de funciones específicos.

Si observamos con todo detalle la notable habla elusiva, tal como lo hemos hecho aquí, queda claro que nos enfrentamos con un fenómeno que representa algo muy específico y que no se produce en otro lugar. Sería totalmente equivocado extraer conclusiones de las expresiones de los catatónicos parafémicos en el sentido de un tipo de perturbación "esquizofrénica" del pensamiento. Hasta ahora se ha hecho esto con frecuencia, se ha investigado la perturbación del pensamiento de uno u otro esquizofrénico y se ha trasladado falsamente el resultado a la esquizofrenia en general. En el cuadro del habla elusiva se trata exclusivamente de una perturbación de la catatonía parafémica. No es seguro que podamos hablar allí de una perturbación del pensamiento en sentido estricto, pues al parecer los enfermos no piensan para nada antes de hablar. En consecuencia la perturbación se encuentra más en el ámbito de los recorridos de la voluntad y se muestra así como catatónica. Apenas si podemos juzgar cómo es el pensamiento de los enfermos. En los trabajos sencillos de la Clínica se comportan ordenadamente, de manera que no podemos obtener aquí ningún punto firme a favor de una grave perturbación del pensamiento.

Otros síntomas prueban también la pertenencia de esta forma de enfermedad al grupo de las catatonías. Sin que surjan verdaderas anomalías de la actitud, los enfermos muestran una notable rigidez de la psicomotricidad. Cuando hablan les faltan los gestos que por lo menos deberían insinuarse en una situación normal, y el rostro se mantiene notablemente inexpresivo; no reproduce nada de lo que reproduce un rostro normal: sólo es como una máscara. No se trata de una rigidez mímica como en la catatonía manerística o en los estados metencefalíticos, sino de una falta de expresión. Los enfermos pueden reír y sin embargo no sabemos si su estado de ánimo es de risa. Pueden ofrecer respuestas que podríamos considerar intencionalmente falsas, y sin embargo en su juego facial no hay nada que indique su voluntad negativa. La expresión facial siempre es incomprensible, extraña, impenetrable. Sobre todo parece faltar la expresión de los ojos, mientras que en la metencefalitis los ojos pueden conservar algo de expresión.

La falta de expresión mímica de la catatonía parafémica llama tanto más la atención cuanto los enfermos por lo general prestan atención al interrogador y lo miran en el rostro. Surge así un particular contraste entre una accesibilidad puramente exterior que se expresa también en la disposición a hablar, y una inaccesibilidad en el orden afectivo. La relación entre las personas, que sin duda alguna depende estrechamente de las expresiones mímica inconscientes, en ninguna otra esquizofrenia está tan marcadamente perturbada como en ésta.

De manera particular, los enfermos prestan atención sólo cuando les hacemos preguntas. En caso contrario carecen de una disposición pronta frente al medio, sino que parecen no preocuparse por nada, como si nada los tocara. No se reúnen con otros enfermos, no hablan con ellos si no son interrogados. De acuerdo con su actitud exterior, no se interesan para nada por la visita del médico. Se mantienen con una falta total de participación si hablamos a su lado con otros enfermos. Sólo cuando les dirigimos la palabra parece despertar su interés. De esa manera surge a su vez un contraste particular. A pesar de que prestan atención cuando se les habla, los enfermos encarnan lo que denominamos "autismo", de una manera casi clásica. Por ejemplo, la enferma a la que pertenece la segunda versión taquigráfica reproducida más arriba, caminaba de un lado al otro de la sala, no miraba a la izquierda ni a la derecha, tampoco levantaba la vista si alguien se le cruzaba en el camino, sino que lo evitaba mecánicamente y seguía su paso. Cuando comenzaba la distribución de la comida y todo el mundo en la sala se ponía de pie, la enferma ocupaba su lugar en la fila sin preocuparse para nada de la actividad, hasta que era llamada a comer. El autismo recuerda lo que vamos a encontrar en la hebefrenia, que denomino "autista", sólo que falta allí el contraste con el gesto de prestar atención inmediata cuando se les habla.

Ya en la falta de interés autista parece manifestarse una notable falta de iniciativa. La vida volitiva normal, y la vida afectiva también normal, que apenas puede separarse de la anterior, parece haber sido ampliamente desmantelada. En el estadío final nunca tenemos la sensación de que los enfermos estén ligados con fuerza a algo; nunca preguntan por sus familiares, nunca expresan deseos o emprenden algo por iniciativa propia. Las tareas cotidianas a las que están habituados son realizadas mecánicamente; cumplen los trabajos sencillos que se les encomiendan, pero nunca hacen nada por iniciativa propia. Tal como lo hemos señalado repetidas veces, nunca dicen nada de sí mismos. A pesar de que muchas cosas quedan ocultas detrás del autismo, es seguro que el desmantelamiento de la vida volitiva y afectiva es muy grande en esta catatonía.

En la catatonía parafémica se producen excitaciones, pero son poco características. Los enfermos lanzan a menudo insultos en el vacío y parecen escuchar voces. Pero nunca se dejan llevar por su excitación, como lo veremos en la catatonía hipofémica, sino que generalmente se dejan apaciguar con palabras. En ocasiones se producen agresiones al medio, aparentemente como resultado de impresiones engañosas. En algunos enfermos no se producen para nada las excitaciones. No podemos conocer más detalles sobre las falsas sensaciones o sobre las ideas alucinatorias de parte de los enfermos. Una enferma en la Clínica de Gabersee me decía con frecuencia que yo era su hijo, pero no hubo forma de saber si se trataba de una idea delirante o de un habla elusiva. Las falsas sensaciones y las ideas delirantes no juegan un rol importante, pues también en los estadíos iniciales de la enfermedad hay pocas señales de eso.

Entre mis catatónicos parafémicos hay uno que sufre la carga de una psicosis. Lo presento a continuación:

Caso 63. Rudolf Stö, nacido en 1887, estudiante de derecho, al principio no llamaba la atención, le gustaban también las reuniones sociales y pasó con facilidad por la escuela secundaria. A partir de 1909 cambió gradualmente, fracasó en el estudio, se tornó silencioso y pensativo, caminaba de un lado a otro en su habitación y respondía con irritación. En 1911 quiso dormir con la sirvienta, rompió una ventana y fue internado en la Clínica Psiquiátrica M. Aquí se mantuvo rígido como una estatua, tenía el rostro como una máscara y manifestó catalepsia y ecopraxia. Si se le hacían preguntas, contestaba con monosílabos. Se dejaba convencer de todo y respondía con preferencia con un "sí". Fue trasladado a la Clínica E. Aquí reía con frecuencia para sí mismo y corría por todos los rincones de la sala. En 1912 la Historia Clínica lo denomina "mutista". Sólo en 1914 volvemos a encontrar una entrada en dicha Historia Clínica. Stö respondía ahora con frecuencia y ocasionalmente se reía para sí mismo. En 1915 respondía a menudo correctamente, hacía muecas y hablaba consigo mismo. La entrada siguiente se encuentra en 1919. Stö se quedaba ahora en la cama y era inaccesible. En 1920 no hablaba casi nada y en ocasiones se ensuciaba. En 1921 se ponía a manosear los botones de su ropa. En 1922 se desgarraba con frecuencia la camisa. En 1922, a raíz de sus recorridas estereotipadas por el jardín, se le produjeron ampollas en los pies. En 1923 se ocultaba, estuporoso, bajo las sábanas. En 1924 arrojaba repetidamente la vajilla en la sala. Mantuvo con el médico el siguiente diálogo: (¿Cómo le va?) "Gracias, bien". (¿Qué lugar es éste?) "Bellevue". (¿Fecha?) "27 de julio de 1918". Respuesta correcta: 27 de julio de 1924. (¿Le gusta?) "Sí". (¿Le gustaría volver a salir?) "No". (Cómo se siente de ánimo?) "Bien". En 1925 la Historia Clínica dice de él que no participa y que está atontado. En 1926 y 1927 estaba estuporoso, en parte excitado y agresivo contra los enfermeros. En 1928 pasaba la mayor parte del tiempo en la cama. En 1929 corría en medio de alucinaciones y haciendo muecas por la sala. En los años siguientes se lo describe como apático, autista, ocasionalmente excitado y violento. En 1938 se mostraba tonto, se ensuciaba y reía si alguien le dirigía la palabra.

En 1939 lo examiné junto con B. Schultz. Respondía rápidamente a las preguntas, pero siempre en forma muy breve, y en parte eludiendo las cuestiones. Aun cuando se le planteaba una pregunta sin sentido, tenía a mano una respuesta. En todas las expresiones su juego facial seguía siendo el mismo, vacío. La frente estaba contraída con arrugas uniformes, las manos plegadas contra el cuerpo. La mano levantada se mantenía breve tiempo; por medio de gestos muy ostentosos se podía provocar algo de ecopraxia. El diálogo se desarrolló de la siguiente forma: (¿Hace cuánto tiempo que está aquí?) "Hace mucho tiempo". (¿Cuántos años tiene?) "Treinta años". (¿Qué fecha es hoy?) "1937". (¿Qué edad tiene?) "28". (¡Antes dijo 30!) "De acuerdo". (¿Cuán antigua es la Clínica?) "Hace mucho tiempo". (¿Hace cuánto tiempo que existe el mundo?) "Hace mucho ya". (¿Cuántas estrellas hay en el cielo?) "Todas". (¿Cuántas?) "Dos". (¿Cuántos soles hay?) "Tres". (¿Cuántas lunas?) "No hay ninguna". (Cajón y canasta) "El cajón es pequeño". (Árbol y arbusto) "Arbustos, matorrales". (Niño y enano) "Enano es correcto". (Proverbio: "La necesidad quiebra el acero") "Que la necesidad se come el acero". (Proverbio: "No hay rosas sin espinas") "Rosa, eso es católico". (Proverbio: "El amanecer lleva oro en la boca") "Buenos días, amanecer".

Un hermano, Friedrich Stö, nacido en 1886, estudiante de derecho, antes era tranquilo y trabajador, y pasó sin dificultad por la escuela secundaria. En 1908 se tornó apático, no comía nada, se sentía hipnotizado, escuchaba voces. Por eso fue internado en la Clínica Psiquiátrica M. Aquí se mantuvo totalmente rígido, adoptaba posturas forzadas, ofrecía flexibilitas cerea y reía a menudo sin motivo. Se quejaba de escuchar voces que lo insultaban. Se anotó el siguiente diálogo: (¿Dónde estamos?) "En la Clínica de Ojos". (¿Por qué?) "Porque padezco de los ojos". (¿Por qué está tan deprimido?) "Porque debo concentrar mi fuerza de voluntad en los ojos". (¿Por qué?) "Porque me duele, y no puedo aguantar el dolor". (¿Qué día es hoy?) "No lo sé". (¿Año, mes?) "No lo sé". El paciente respondió al saludo del médico con la siguiente observación: "No vamos a seguir jugando, no quiero seguir siendo estudiante de la corporación". Más tarde explicó: "Pienso en el medio". (¿Y a qué resultado llegó?) "Al círculo vicioso". Entretanto el enfermo se excitó y comenzó a declamar en voz alta; en otra oportunidad saltaba estereotipadamente en la cama. Fue trasladado a la Clínica E. Aquí fue en 1909 negativista, casi no respondía, sonreía pícaramente. Tenía excitaciones frecuentes, gritaba, cantaba, pataleaba y se ponía violento. A menudo se golpeaba a sí mismo con los puños en la cabeza. En 1910 se quedaba la mayor parte del tiempo bajo las sábanas y emitía un gruñido particular. Cuando salía de la cama, corría con un paso característico por la sala. En 1911 lanzaba en ocasiones sonidos inarticulados y hacía muecas. Sus pasos eran particularmente bamboleantes y entrecortados. En 1913 solía hablar a media voz para sí mismo y miraba para otro lado si alguien le hablaba. En 1914 molestaba con gritos, cantos y corridas por la sala. También se ponía violento. En 1915 estuvo en parte alegre y hablaba mucho con una sonrisa necia. En 1916 hablaba consigo mismo. En 1918 se ensuciaba, hablaba consigo mismo y le gustaba aplicarle un golpe desde atrás al enfermero. Los años siguientes estuvo por lo general tranquilo pero embotado, y se ensuciaba. En 1924 caminaba sin descanso de un lado para el otro y desgarraba sus ropas. En 1925 reía y hacía muecas y no decía nada. En 1926 estaba mutista, reía neciamente y solía cantar a media voz para sí mismo. En los años siguientes la Historia Clínica lo denomina siempre "embotado". En 1931 adoptaba una actitud fláccida y solía reír. En 1933 hablaba ocasionalmente consigo mismo. En los años siguientes estuvo embotado, se ensuciaba y no decía nada. En 1937 no respondía, y si se le exigía que mostrara la lengua, sólo abría la boca un poco. En 1939 estaba encorvado y dejaba colgar las manos fláccidas. En 1940 murió de una neumonía.

 

El paciente Stö tenía de tiempo en tiempo excitaciones que posiblemente hayan sido condicionadas alucinatoriamente. Por lo demás la Historia Clínica dice muy poco. Lamentablemente es lo que encontramos en la mayoría de las catatonías parafémicas. Por lo general los médicos no hablan con estos catatónicos autistas; lo que llama la atención en ellos es el embotamiento y las excitaciones que aparecen ocasionalmente. Sólo en 1924 se reproduce un breve diálogo que permite suponer de inmediato la catatonía parafémica; pues además de algunas observaciones generales el enfermo afirmó que se encontraba en Bellevue y que el año era 1918. Cuando lo examiné, ofrecía en todos los aspectos el cuadro de la catatonía parafémica.

Su hermano también es descripto como embotado y con excitaciones ocasionales. Pero además se encuentran rasgos que señalan en otra dirección. El enfermo aparecía negativista, se ocultaba la mayor parte del tiempo bajo las sábanas. Sus excitaciones tampoco parecen simplemente alucinatorias, sino que coincidían con cantos y gritos inarticulados. A ello se agregaba una agresividad impulsiva. De manera que encontramos los rasgos que fueron descriptos más arriba al tratar la catatonía negativista. El paso entrecortado señala tal vez la motricidad desgarbada de este enfermo. A ello se agrega la "risa necia", que posiblemente representa la risa ambivalente de la catatonía negativista. Sin embargo, el caso no se esclarece sólo con una catatonía negativista, pues los negativistas no están tan embotados como este enfermo; tampoco hablan solos consigo mismo, lo que indicaría falsas sensaciones. En cambio tenemos ante nosotros rasgos que se encuentran también en el hermano con catatonía parafémica. Por suerte, por lo menos al comienzo se han reproducido literalmente algunas expresiones del enfermo. Muestran una indudable habla elusiva, pues el paciente afirma estar en la Clínica de Ojos y habla sin sentido acerca de un circulus vitiosus, probablemente porque la pregunta contiene el término Schluss (cierre), emparentada con circulus por el sonido. Hemos visto ya de qué manera esas asociaciones completamente exteriores pueden determinar el contenido del habla elusiva. Es muy característica del habla elusiva la respuesta totalmente carente de sentido al saludo del médico: "No vamos a seguir jugando, no quiero seguir siendo estudiante de la corporación". Por lo tanto creo que el hermano del paciente sufría una catatonía combinada negativista-parafémica. En consecuencia la relación con la forma de la enfermedad del hermano se da por medio de uno de los componentes.

Sumario

El síntoma esencial de la catatonía parafémica lo constituye el habla elusiva. Los enfermos suelen dar todavía una respuesta correcta a las preguntas más simples e indiferentes. Sin embargo, cuanto más difíciles y cargadas de afecto son las preguntas, más seguro es que éstas sean respondidas elusivamente. El análisis detallado da como resultado la existencia de un particular cortocircuito en el habla, por lo que las respuestas no son preparadas en el pensamiento, sino que el paciente dice más o menos lo que casualmente tiene más a mano. A menudo vuelven las palabras dichas momentos antes, pero en pasajes completamente incorrectos, de manera que por lo menos surge el cuadro exterior de una perseveración. Con frecuencia son las asociaciones exteriores completamente casuales, a veces también sonoras, las que determinan el contenido de la respuesta. A menudo los enfermos expresan también palabras totalmente incomprensibles que tal vez se produzcan porque tienen a mano contenidos casuales diferentes que se unen de manera incorrecta. A veces podemos comprobarlo porque se crean neologismos. Cada pregunta lleva a un breve impulso del habla que se agota de inmediato, de manera que la mayoría de las respuestas son muy breves. Por lo general el paciente no construye frases largas, sino que lanza algunas palabras sin orden gramatical. Sin embargo, los pacientes responden a todas las preguntas, cualquiera que sean. Con ello se confirma la parafemia anormal. En cambio nunca hay un impulso para hablar. Si dejamos a los enfermos solos, por lo general no hablan, de manera que se los suele denominar "mutistas". La iniciativa superior de los enfermos se ha apagado ampliamente, así como la afectividad superior. La motricidad tiene algo de forzado en sí. La mímica es particularmente vacía, no dice nada, de manera que tampoco le dice nada al examinador sobre los procesos interiores de los enfermos. La insuficiencia se acentúa además por un marcado autismo, pues los enfermos jamás parecen preocuparse por su medio, en la medida en que no son estimulados para expresarse inmediatamente por medio del habla.

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