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Personalidades psicopáticas: tres enfoques

Neurobiología del psicópata1

Eduardo A. Mata2

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Sin embargo, es necesario subrayar que el funcionamiento de la conciencia no depende enteramente de la inhibición comportamental. La responsividad emocional y moral requieren acción comportamental y compromiso en el proceso de reparación y de manejo de estas cuestiones, tanto como el comportamiento prosocial. Los campos de la evaluación del self y de la volición moral están relacionados con el mantenimiento de la autoestima y el desarrollo desde la autonomía hacia la acción moral. Probablemente se encontrará que estas funciones de la conciencia dependen de neuromodulaciones diferentes de aquellas que están involucradas en la inhibición comportamental. Por ejemplo, la amígdala, a la que se considera importante en aspectos del desarrollo prosocial relacionados con la responsividad empática, puede compartir con el hipocampo y otras estructuras cerebrales la vulnerabilidad a los efectos mediados por respuestas al stress intensas y prolongadas. De todas formas, sería sorprendente si las complejidades de la conciencia no fueran comparables con la de sus basamentos neurobiológicos.

Lo que Galvin y col.(10) llamaron trastorno de conducta agresivo solitario (TCAS) fue encontrado relacionado, por estos investigadores, con la actividad DBH y el maltrato infantil, aunque estas relaciones distan de ser simples. La baja DBH correlacionaba más fuertemente con la presencia del TCAS que con el maltrato infantil, y aparecía el dato interesante de que los TCAS con antecedentes de maltrato (Tipo II) tenían valores más altos de DBH que los que no habían sido maltratados. Los individuos pertenecientes a este Tipo II mostraron menor actividad DBH que los que fueron maltratados pero que no presentaban TCAS y mucho menor aún que aquellos que no tenían TCAS y no fueron maltratados. En otro estudio de Galvin (11) quedó claro que si no se especificaba la fecha del maltrato, no había correlaciones significativas entre la baja DBH y la aparición ulterior de personalidades antisociales y borderline. Pero, cuando se tenían en cuenta, se observaba la correlación si el maltrato había ocurrido antes de los 36 meses de edad. La especificación de descuido era más confiable que la del abuso.

Es presumible que el 5-10 % de los chicos normales tengan baja DBH. A pesar de ésto, las cifras muy baja de DBH en los chicos severamente perturbados pueden reflejar una influencia genética, ya que se ha observado que los padres de chicos con trastornos severos de conducta y baja DBH, también tienen bajas las cifras de la enzima. Esto ha sido vinculado, por algunos investigadores, a la predisposición de estos padres a maltratar o descuidar a sus hijos.

Si la actividad de la DBH es afectada por la experiencia y no únicamente determinada por la genética, es posible que la asociación entre su actividad y el desarrollo del TCAS refleje dos subtipos de niños que desarrollan este último trastorno; aquellos cuya baja actividad DBH es el resultado de una falla genética primaria, y los que este descenso de la actividad enzimática es condicionada por el stress del maltrato. También es posible que algunas otras influencias más poderosas que el maltrato operen para bajar la DBH en aquellos niños que desarrollan TCAS sin que haya mediado maltrato previo. Es obvio que el TCAS se corresponde con la personalidad antisocial y las características generales del ImPUss.

En este marco cabe inscribir otra de las teorías mencionadas por Howard(24), la de los "modelos de aprendizaje cognitivo-sociales". Esta línea ha sido seguida por Blackburn (1982), Marshall y Barbaree (1984) y también la encontramos en los trabajos precursores de Gough (1948) con su "teoría de la socialización". Estos aportes responden a la cuestión ¿porqué?, y ven a la psicopatía como un trastorno del pensamiento. Por lo tanto Blackburn ve a la psicopatía primaria y a la secundaria compartiendo un sesgo cognitivo común hacia las intenciones malevolentes de los otros. Marshall y Barbaree han señalado que los padres de psicópatas los han castigado duro y erráticamente, y han sido fríos y distantes tanto para sus chicos como para terceros. Por lo tanto, se constituyen en modelos para el agocentrismo calloso y el distanciamente de los otros.

Para el modelo que luego presentaremos de la psicopatía, según Howard(24), esta teoría puede ser útil en la medida en que da una respuesta al ¿porqué?, aunque no contesta ni el ¿cómo? ni el ¿cuándo? Como se ha señalado en el esquema 1, las expresiones cognitivas de los mecanismos mediadores, no deberían confundirse con estos últimos. En un enfoque cognitivo, la psicopatía puede verse en términos descriptivos pero, desde un modelo psicobiológico se necesita explicar (nivel explicativo) los mecanismos mediadores.

Sobre la base de estudios animales se ha conjeturado que una seria disrupción del apego en períodos evolutivos críticos resulta en una regulación menos eficaz del sistema NA bajo condiciones de stress.

Estudios recientes indican que hay una superposición considerable en la disfunción emocional de los trastornos de conducta en los jóvenes y los informes han demostrado que los jóvenes delincuentes padecen mayores niveles de depresión y que, por otra parte, los jóvenes depresivos tienen mayores tasas de delincuencia. Estos últimos pertenecerían a la "psicopatía secundaria" de Blackburn(4). Habría una estrecha relación entre sintomatología afectiva y conducta delincuente en chicos.

¿Cuáles son los elementos comunes de la búsqueda de riesgos y de los comportamientos acordes a lo largo de distintas situaciones? ¿Hay una tendencia a evaluar situaciones como de bajo o alto riesgo, o la tendencia se da de la misma manera cualquiera sea la cuantía del mismo?

Horvath y Zuckerman buscaron, en el estudio mencionado, determinar las siguientes hipótesis:

1- Los buscadores de sensaciones deberían estar relacionados negativamente a la evaluación del riesgo y positivamente relacionados a las conductas temerarias en todas las áreas de toma de riesgos.

2- Similarmente, la impulsividad debería estar negativamente relacionada a la evaluación del riesgo y positivamente relacionada con las conductas temerarias en todas las áreas.

3- La evaluación del riesgo debería estar inversamente relacionada a la conducta temeraria y,

4- La apreciación del riesgo debería mediar las relaciones entre búsqueda de sensaciones e impulsividad y comportamientos riesgosos.

Los estudios efectuados por estos autores llevaron a la conclusión de que los comportamientos criminales y las violaciones menores a la seguridad (que representan tipos de comportamiento antisocial) tenían más en común una con otra que las que tenían con los riesgos deportivos y financieros. Los ludópatas, al menos aquellos que buscaban tratamiento, tenían bajos niveles de búsqueda de sensaciones. Algo parecido pasa con quienes toman riesgos financieros.

La criminalidad crónica a menudo es la expresión de una personalidad antisocial y por lo tanto, puede representar el grado extremo del rasgo P-ImpUSS. Los resultados de estudios hechos con gemelos adoptados en Scandinavia muestran que hay una fuerte influencia genética a partir de los padres, y que hay una débil influencia del ambiente compartido provisto por los padres adoptivos. Sin embargo, estímulos ambientales específicos, como la influencia de los pares, o el status socioeconómico de los padres adoptivos, puede también jugar un rol en el comportamiento criminal, tanto como un rasgo P-ImpUSS anormal.

Figura 6

La figura 6 resume las bases biológicas del rasgo de P-ImpUSS a través del análisis de los elementos aportados hasta ahora. Como se sabe, el rasgo P-ImpUSS incluye una variedad de comportamientos que pueden ser resumidos por el término desinhibición: criminalidad, búsqueda de variedad sexual, uso y abuso de substancias, así como toma de riesgos tanto en actividades financieras como deportivas. Los individuos con personalidades antisociales y bipolares en fase maníaca ilustran la desinhibición en sus formas comportamentales más vívidas. Estos trastornos representan los extremos anormales de una dimensión normal de la personalidad. En el nivel siguiente encontramos un déficit en una clase específica de condicionamiento. Los tipos ImpUSS, especialmente en sus extremos psicopáticos, tienen problemas en el aprendizaje de la evitación pasiva. Para situaciones en donde tanto la recompensa como el castigo son dos evoluciones posibles, parecen ignorar las segundas y enfocar sólo sobre las primeras. Tienen una fuerte capacidad para enfocar sobre los estímulos salientes e ignorar los que distraen, como serían las señales de castigo. En el nivel psicofisiológico, los desinhibidores muestran esta atención enfocada al exhibir fuertes reflejos que orientan la atención hacia estímulos novedosos que pueden elicitar reflejos defensivos en los bajos buscadores de sensaciones. Los desinhibidores también muestran aumento de la reacción cortical a los estímulos intensos que elicitan la inhibición cortical en los bajos desinhibidores. Esta capacidad para responder a estímulos intensos y novedosos es resumida bajo el término "accesibilidad cortical".

Debajo del nivel fisiológico están los sistemas bioquímicos que influyen sobre los amplios mecanismos comportamentales y las reacciones psicofisiológicas: el sistema DA (acercamiento), serotoninérgico (inhibición), y noradrenérgico (alerta y atención enfocada). Enzimas como la MAO y la DBH que regulan estos NT, y hormonas tales como la testosterona y el cortisol, están también involucradas en el rasgo. Una persona con alto P-ImpUSS probablemente tenga tendencias de aproximación y desinhibición fuertes y que sean débiles las de alerta e inhibitorias. La implicación es que tienen un sistema DA activo y reactivo, y que son inactivos o poco reactivos los ST y NA. La inversa sería válida para los que puntúan bajo en este rasgo: débil aproximación y fuerte inhibición o restricción con fuerte alerta o alertabilidad por señales de castigo.

Sitios neurológicos para la personalidad sugieren una nueva forma de frenología. Pero esta nueva frenología está basada en relaciones entre el comportamiento y vías y núcleos cerebrales bien definidos de neurotransmisión y no en la forma del cráneo, como la antigua. La restricción o inhibición de la conducta puede originarse en la corteza frontoorbitaria, donde el daño puede traducirse en desinhibición comportamental. Las influencias excitatorias a partir de fuentes corticales descienden al sistema comparador septohipocámpico (descrito por Gray, en 1982 en relación al rasgo de ansiedad) donde la ansiedad puede ser adicionalmente potenciada. El núcleo central de la amígdala es también una fuente de inhibición comportamental y de alerta autonómico. Cada uno de estos describe niveles de inhibición desde el más deliberado (corteza) hasta el más reflejo y menos conciente (amígdala).

El mecanismo de aproximación se origina en el sistema mesolímbico DA ascendente, que comienza en el área tegmental ventral y atraviesa el fascículo prosencefálico medial, al hipotálamo lateral y el n. accumbens y finalmente al córtex prefrontal medial y lateral. Otro sistema, que es mediado por NA y afecta el alerta, se origina en el LC y asciende a las estructuras límbicas que incluyen la amígdala, el septum, el hipocampo y, finalmente, todas las partes del neocortex. Un sistema serotoninérgico inhibitorio se origina en los núcleos del rafe y asciende a la amígdala, hipocampo, hipotálamo, septum, striatum, y todas las áreas del neocórtex.

Ultimamente, las diferencias individuales en la estructura y fisiología de estos sistemas depende del fenotipo. El ImpUSS tiene una fuerte heredabilidad, la cual está al tope de lo que es típico para los rasgos de personalidad. A diferencia de otros rasgos amplios de personalidad, sin embargo, los buscadores de sensaciones muestran substancial agrupamiento ordenado, lo cual sugiere alguna ventaja evolutiva en el rasgo. Un alto nivel de búsqueda de sensaciones debe haber estado asociado a la cacería, la búsqueda de nuevos territorios, de compañeros, y de actividad sexual con una variedad de parejas, por lo tanto aumentando la adquisición de recursos esenciales a la supervivencia y al éxito reproductivo. Pero también los altos niveles de toma de riesgos habrían sido maladaptativos, de tal modo que la selección pudo haber estado en un nivel óptimo en un punto intermedio del rasgo.

Los orígenes evolutivos son altamente especulativos. El significado actual de un rasgo y sus correlatos biológicos son más demostrables.

Haremos algunas referencias aquí al factor 2, el más vinculado con la violencia y la criminalidad. Un temperamento desinhibido puede ser un predictor temprano predisponente para el comportamiento agresivo o violento.

Figura 4

 

Impulsividad y Agresividad

La impulsividad involucra a una gran variedad de rasgos. Cuando se generan las condiciones para la aparición de un rasgo impulsivo, el sujeto está dispuesto actuar sin mayor reflexión ni planificación previa; piensa sobre sus acciones después de haberlas cometido, si es que lo hace. La ausencia de cogniciones previas al acto impulsivo significa que las consecuencias experimentadas previamente por acciones similares no son tenidas en cuenta.

Hay muchas clases de impulsividad. La tendencia a actuar rápidamente sin reflexión previa ha sido llamada impulsividad estrecha para distinguirla de un rasgo más amplio que implica a otros factores tales como vivacidad y temeridad. La impulsividad y la búsqueda de sensaciones están moderadamente relacionadas y en conjunto, comprenden uno de los tres factores que componen el ImpUSS. El Psicoticimo (P) de Eysenck se constituye en un excelente marcador para esta dimensión.

Dadas las relaciones entre impulsividad y búsqueda de sensaciones, se podría esperar que ambas sean predictoras eficientes del gusto por la toma de riesgos y del comportamiento emergente, pero uno de ellos podría ser primario y el otro secundario en estas predicciones.

Alternativamente, se ha sugerido que por lo menos algunas formas de violencia y de comportamiento antisocial pueden ser vistos como una búsqueda patológica de estimulación, lo cual se cree está vinculado con la baja respuesta fisiológica y la necesidad de incrementar el alerta a un nivel óptimo.

King(20) propone, para explicar la impulsividad y la agresividad, la "teoría del incentivo motivacional" que puede ser definido como "un objeto externo que tiene un valor positivo o hedónico para el organismo". Ejemplos de incentivos serían la comida para un roedor o un objeto de apego social para un primate. En los humanos, las conexiones asociativas pueden transformar objetos neutrales complejos en incentivos. Esto está en la base de la propaganda comercial. Un producto (estímulo neutral) es asociado con claves que provocan sentimientos cálidos y de excitación, que impulsan luego a su compra.

La "motivación" puede ser definida como "la activación motora de un organismo debido a la presencia o ausencia de un incentivo esperado". Por ejemplo, antes de que la comida esté disponible, los roedores exhiben una actividad motora incrementada como consecuencia de estar en presencia de la fuente de alimentos.

La teoría del incentivo emocional relaciona la noción de incentivo como un activador externo de la excitación "motivacional". El incentivo presentado a un animal desencadena una serie de comportamientos "preparatorios" destinados a la consumación del incentivo.

King subraya el papel de la DA en este mecanismo, cosa que también han sostenido Gray, Cloninger y Zuckerman. Su principal hipótesis descansa en el hecho de que el sistema DA mesolímbico debe ser distinguido del no-lómbico. Se ha demostrado recientemente que las regiones neoestriadas del cerebro forman un componente límbico que está densamente inervado por neuronas DA provenientes del área tegmental ventral mesencefálica y de las porciones mediales de la substantia nigra pars compacta. Estas regiones límbicas neoestriadas incluyen el núcleo accumbens, el tubérculo olfatorio, y la porción más ventral y medial del estriado. El estriado límbico es una central de procesamiento de información, que recibe información proveniente de regiones paleocorticales y límbicas tales como el cingulado, el orbitario, el insular y el neocórtex temporal. Además, hay proyecciones desde áreas tales como la amígdala basolateral y el subículum del hipocampo (Fig. 8).

Figura 8

Los inputs DA al sistema estriado límbico parecen aumentar las respuestas motrices hacia una multitud de incentivos. Esto diferencia la acción DA sobre el estriado no límbico, que responde a demandas ambientales que no contienen incentivos.

La DA se activa ante la novedad, la recompensa y la seguridad. Los agonistas DA tales como la apomorfina o las anfetaminas, aumentan la locomoción en un campo abierto novedoso. Además promueven conductas irritables y agresivas.

El sistema DA mesolímbico aumenta selectivamente la respuesta a los reforzadores condicionados; y las lesiones de este sistema anulan las respuestas a tales reforzadores.

La mayor parte de las conclusiones derivadas de experiencias animales conducen a pensar que existen diferencias hereditarias en la tendencia a tener comportamientos exploratorios en presencia de incentivos. El sistema DA mesolímbico parece ser un mediador fundamental en esta tendencia. Las respuestas emocionales agresivas parecen ser un componente central en estas diferencias individuales. Desde que los incentivos sociales componenen una parte fundamental de los reguladores externos del comportamiento humano, King ha propuesto que los rasgos impulsivos de personalidad en los humanos son derivados de una actividad DA mesolímbica incrementada.

King y colaboradores han demostrado que los niveles de DA en LCR están correlacionados positivamente con los rasgos de extraversión y que la actividad motriz promedio está vinculada positivamente con el cluster B. Estos datos apoyan la hipótesis que una actividad DA aumentada en estas áreas tiene que ver con la impulsividad incrementada.

Se podría esperar, entonces, que medicamentos que reduzcan el disparo DA deberían actuar sobre los comportamientos impulsivos(20).

Lewis ha señalado para el "psicópata secundario" de Blackburn, la existencia de alteraciones afectivas, un comportamiento hostil e irritable, agresivo y demandante, y explosiones de cólera. Hawett y Martin (1980) informaron que "un estilo de vida caracterizado por comportamientos antisociales y abuso de alcohol y drogas está íntimamente asociado con la aparición temprana de estados de ánimo depresivos que difieren de la depresión clásica".

La disfunción prefrontal sería un factor contribuyente, combinado con la impulsividad, debido a: 1) la pérdida del control sobre estructuras subcorticales que facilitan la agresión; 2) cambios comportamentales, los que incluyen explosiones emocionales y agresivas y comportamiento querulante.

Hare y Forth(13) han vinculado la disfunción del hemisferio izquierdo, reflejada en la preferencia por la mano, el pie y el ojo del mismo lado, con ulteriores comportamientos delincuenciales y violentos. En sus investigaciones sobre presos, las preferencias de lateralidad estuvieron relacionadas con el tipo y severidad de las actividades criminales, o con comportamientos agresivos y violentos. Los mismos autores admiten que estos resultados no son concluyentes.

Tal vez convenga aquí hacer algunas consideraciones generales sobre la destructividad en general para otorgarle un cierto contexto a los conceptos puntuales de esta característica en los psicópatas.

Neuroquímica

Sobre la base de experiencias animales, han sido implicados numerosos NT centrales en la modulación del comportamiento agresivo. Los más importantes son la DA, la NA y la ST.

Noradrenalina

Para Raine, los estudios que vinculan la NA dan resultados paradójicos e inconsistentes. Hay alguna evidencia de que la NA tiene alguna participación en la agresión afectiva (defensiva, impulsiva). La administración de IMAOs que elevan los niveles de la NA central, aumenta la lucha inducida por shock. De manera similar, drogas que vacían de NA al cerebro, anulan la furia inducida en gatos. Evidencias contradictorias, sin embargo, han indicado que la inyección de NA colocada intraventricularmente no produce agresión afectiva.

Paradójicamente, la NA parece tener un papel inhibitorio de la agresión predadora (ofensiva, impulsada por motivaciones), como se demuestra por la reducción de la actividad asesina de la rata hacia el ratón, en ratas cuya NA central había sido aumentada por la administración de tricíclicos. En general, los resultados a partir de estudios animales sugieren que la NA puede facilitar la agresión afectiva, en tanto que inhibe la predadora, aunque hay mucha inconsistencia en los hallazgos a través de las especies.

Una manera de explicar esta aparente contradicción es analizar las diferencias entre agresión defensiva y predadora. Aunque hay una cantidad de razones para relacionar las nociones etiológicas de subalerta y desinhibición, estos estudios neuroquímicos indicarían que estos dos constructos no siempre van juntos al producirse el comportamiento agresivo. Por ejemplo, un incremento en la NA puede conducir a un incremento en el alerta general, el cual disminuiría el umbral para la agresión reactiva. Tal proceso sería similar a una forma de desinhibición, en donde, al mismo tiempo, el incremento en el alerta inhibe los mecanismos más complejos de la conducta predatoria. La agresión afectiva puede ser vista entonces como una desinhibición, a consecuencia del hiperalerta, mientras que la agresión predatoria derivaría de una desinhibición debida a un bajo alerta. Sin embargo, para evaluar esta hipótesis, se necesitan estudios neurofisiológicos en humanos para llegar a una más completa definición de la agresión y criminalidad.

Dopamina

El papel de la DA en la agresión animal ha sido menos extensivamente estudiada que algunos otros NT, pero existen investigaciones que sugieren que la DA facilita la agresión afectiva. Drogas tales como la L-Dopa y la apomorfina, la cual eleva los niveles de DA, se ha encontrado que induce la lucha espontánea en roedores, poe el contrario los neurolépticos que bloquean los receptores DA, suprimen la agresión espontánea en ratas. Además, el incremento de la síntesis de DA ha sido encontrado después de comportamiento agresivo en lauchas.

Se ha encontrado también que las drogas que aumentan los niveles de DA inhiben la agresión depredadora. Por lo tanto, de manera similar a la NA, la DA puede inhibir la agresión depredadora y estimular la defensiva, o afectiva. No se ha demostrado consistentemente esta proposición.

Serotonina

Funcionalmente, este NT está asociado a muchos y diferentes efectos. Sus numerosas familias y subfamilias de receptores cumplen en esta variedad un papel muy importante.

Aunque inicialmente fue conocido su papel en la digestión, es en realidad un NT que, en el cerebro, representa un papel inhibitorio para la descarga de impulsos. Por lo tanto, podría esperarse que los individuos con bajos niveles de serotonina (ST) tengan problemas en el control de los mismos. Las pruebas de su acción en humanos, incluyen(28):

a) Estudios del catabolito (5-HIAA) en LCR.

b) Estudios del contenido de triptofano en plasma y de la recaptación de ST en las plaquetas.

c) Desafíos neuroendocrinos de sus receptores centrales.

Los niveles del principal catabolito de la ST, el 5-HIAA, fueron medidos simultáneamente de la corteza y el LCR de 48 personas, y estaban correlacionados. Se cree que refleja la actividad ST presináptica, por lo que su reducción significaría una reducción de su actividad central.

Se descubrieron bajos niveles de 5-HIAA en pacientes depresivos que tenían antecedentes de intentos violentos de suicidio (no de los no violentos). Los vínculos psicológicos entre la agresión auto y héterodirigida han sido reconocidos desde Freud. Mann(29) también sostiene que hay una relación entre la agresión dirigida interna o externamente, basándose parcialmente en una asociación estadísticamente significativa de ambos tipos de agresión en el mismo individuo. Sostiene, por lo tanto, que la violencia dirigida externamente no debe ser discutida en forma independiente de la que se dirige hacia sí mismo. Las vinculaciones biológicas fueron descubiertas por el NIMH quienes informaron que la agresividad vinculada a la personalidad estaba inversamente relacionada con los niveles de 5-HIAA en el LCR.

Esta relación trivariada entre bajos niveles de 5-HIAA en LCR, conducta suicida y agresividad, ha sido confirmada en una muestra de prisioneros fineses que tenían una historia de abuso de alcohol y que habían sido encarcelados por asesinato o intento de asesinato. Estos delincuentes mostraban una crueldad inusual hacia sus víctimas. Los asesinos que fueron considerados "impulsivos" tenían menores niveles de 5-HIAA que los otros. Tomados en conjunto, pareciera que la impulsividad fuese el factor común.

Estos sujetos que cometían agresiones impulsivas fueron diagnosticados como trastornos explosivos intermitentes o personalidad antisocial, mientras que otros delincuentes recibían el diagnóstico de trastorno de personalidad paranoide o pasivo-agresivo. Es posible que otras dimensiones de la personalidad diferentes de la impulsividad contribuyan a las diferencias informadas sobre el 5-HIAA en el LCR.

En otro estudio se comparaba 16 asesinos convictos, 22 que intentaron suicidio y 39 sujetos de control. 15 de los 16 asesinos fueron considerados impulsivos. Los niveles de 5-HIAA de los suicidas eran menores, los de los asesinos parecidos a los controles, salvo los que habían asesinado a sus parejas. Es posible que éstos hayan cometido el asesinato en extrema emoción violenta, pero las muestras fueron extraídas 40 días después. Este grupo podría haber sido considerado más impulsivo (como rasgo) que los demás.

Por más de una década se ha acumulado evidencia de la relación significativa entre los índices de funcionamiento del sistema ST central y la conducta impulsivo agresiva. En primer lugar, hay correlaciones inversas entre el 5-HIAA en LCR y la historia de comportamientos agresivos en individuos con trastornos de personalidad y alcoholismo.

En segundo término, menores concentraciones de 5-HIAA en LCR fueron encontrados en delincuentes violentos, comparados con los no violentos.

En tercer lugar, se han encontrado correlaciones negativas de la respuesta de prolactina a la estimulación con agonistas ST, y automediciones de agresión, irritabilidad y hostilidad. Además de estos hallazgos en humanos, se han encontrado relaciones inversas similares ya sea en los niveles de 5-HIAA en LCR como en la respuesta a fenfluramina y la expresión de agresión abierta en primates no humanos(21). (platon)

Las mediciones ST efectuadas en los estudios biológicos de la agresión en humanos adultos sólo reflejan la actividad ST central de un modo indirecto. Es distinto cuando se estudia a la conducta suicida, en donde tanto los receptores pre y postsinápticos cerebrales postmortem, y las plaquetas premortem han sido examinados. Mientras los primeros son difíciles de llevar a cabo por su complejidad, los estudios plaquetarios premortem de individuos agresivos y no agresivos son fáciles de realizar.

Estas mediciones plaquetarias se efectúan a través del binding a receptores relacionados a la ST, como el receptor 5-HT2a y el binding de inhibidores presinápticos de recaptación de ST, tales como hidrocloride de imipramina tritiada y paroxetina tritiada. Aunque las plaquetas constituyen un sitio periférico y no comparten el mismo microambiente como las neuronas ST centrales, se ha informado que los sitios transportadores de ST plaquetarios son estructuralmente idénticos a los sitios correspondientes de las neuronas ST en el cerebro.

Los resultados de los estudios de Coccaro(21) conducen a la conclusión de que una historia de actos agresivos y la tendencia a responder a las provocaciones con violencia, covarían con el número, pero no con la afinidad, de los sitios plaquetarios de recaptación de ST evaluados usando paroxetina tritiada. Notablemente, la correlación entre los valores Bmax para la ligadura de la paroxetina tritiada y la historia vital de agresión eran independientes del funcionamiento global, del estado de la depresión, o de los trastornos afectivos, alcoholismo, o abuso de drogas, actuales o del pasado. Por lo tanto, es improbable que esta relación simplemente represente un epifenómeno de otras condiciones psicopatológicas entre los pacientes en esta muestra.

La ausencia de correlaciones similares inversas puede ser explicada por el limitado puntaje en las mediciones de agresión a lo largo de su biografía, y/o por el pequeño tamaño de este grupo de sujetos. La ausencia de una diferencia significativa entre los transportadores plaquetarios ST en los sujetos sanos y los que padecían trastornos de personalidad, sugieren que no hay anormalidades en los transportadores de los sujetos con trastornos de personalidad como grupo. Más aún, estos datos sugieren que hay una relación entre una dimensión de la agresión y variables relativas al sitio del transportador plaquetario ST. Esto es consistente con otros datos relacionados a variables biológicas y de personalidad en individuos con trastornos de personalidad. Casi todos los estudios de ligadura del sitio de recaptación plaquetaria ST han sido llevados a cabo con imipramina tritiada, principalmente en sujetos depresivos. Sobre todo estos estudios han arrojado alguna evidencia de la existencia de una anormalidad en el sitio de ligadura en la depresión y en la suicidalidad. Esto puede deberse a que la ligadura de la imipramina tritiada no refleja la totalidad de la población transportadora ST. La ablación de los terminales ST elimina solamente el 50 % de la unión de la imipramina tritiada en el cerebro de la rata. Por otra parte, la imipramina tritiada tiene una menor afinidad que la paroxetina tritiada por el sitio de recaptación plaquetaria. Y, además, la imipramina tritiada tiene menor afinidad que la paroxetina tritiada por los sitios de unión plaquetarios, por lo que puede ser confundido por drogas residuales o alguna otra variable. Por consiguiente, la imipramina tritiada no parece ser un marcador tan sensitivo o selectivo para la ST como se creyó en un principio. En contraste, la paroxetina tritiada es 100 veces más vida que la imipramina por los sitios de recaptación. Su distribución en el cerebro del ratón sigue estrechamente las de la ST. Además, la anulación química de las vías ST reduce la unión de la paroxetina tritiada entre el 60 y el 90%. Por consiguiente, la paroxetina tritiada parece ser un radiomarcador más selectivo para la recaptación de la ST en el cerebro y plaquetas que la imipramina.

Los efectos fisiológicos de la reducción de la cantidad de sitios transportadores presinápticos para ST en las neuronas ST centrales es desconocido. Se ha sugerido que podría estar asociado a una disminución de la recaptación, lo cual puede tener numerosas consecuencias. Para empezar, la disminución de la cantidad de ST que reingresa al citosol podría reducir su catabolismo a 5-HIAA por la MAO. Esto podría explicar parcialmente la reducción del catabolito en el cerebro de los suicidas, y en el LCR de los depresivos, intentos de suicidio, y en individuos con comportamientos agresivo-impulsivos. En segundo lugar, la disminución de recaptación haría que exista mayor biodisponibilidad de ST en la sinapsis. Esto podría conducir a una disminución de la sensibilidad de los autoreceptores terminales de ST, a un mayor diparo de ST por impulso neuronal y, por último, a una disminución de la sensibilidad de varios receptores ST postsinápticos. Dependiendo del grado en que todas estas alteraciones ocurran, la reducción de los sitios de recaptación del transportador podría asociarse a un descenso neto de la actividad ST en el cerebro, lo que está asociado a la depresión y a los comportamientos agresivo-impulsivos.

Los hallazgos de Coccaro coinciden con otros previos que mostraban una reducción de los valores Bmax para imipramina tritiada en poblaciones de "discapacitados mentales" agresivos internados, de adolescentes con trastornos de conducta, y en niños con problemas de impulsividad y agresión, comparados con voluntarios sanos sin una historia personal o familiar de trastornos psiquiátricos. Es posible que las mediciones de agresión correlacionen inversamente con el número de transportadores plaquetarios, tanto a lo largo del ciclo de vida como en sujetos con trastornos mentales distintos de los de personalidad.

La capacidad limitada de los datos provenientes de las plaquetas deriva del hecho de que no son neuronas, ni están incluidas en redes. Sin embargo, estudios recientes muestran que la secuencia de aminoácidos de las proteínas transportadoras de ST que se expresan en plaquetas y neuronas son idénticas. Por lo tanto, es posible que algunas anormalidades relacionadas con las proteínas transportadoras y su nivel de expresión ocurran en plaquetas tanto como en neuronas.

Sobre la base de estudios de lesionados cerebrales y pruebas farmacológicas, se cree que la ST inhibe tanto la conducta predatoria como la defensiva. La administración de P-CPA (paraclorofenilalanina), una droga que disminuye la producción de ST inhibiendo la enzima que convierte el triptofano en ST, por ejemplo, aumenta la pelea inducida por shock en ratas. Similarmente, la destrucción de los núcleos del rafe dorsal, en donde se originan las vías ST, aumenta la lucha y el asesinato en ratas. En contraste, la administración del precursos ST, 5-hidroxitriptofano, el cual incrementa los niveles de ST, se ha demostrado que disminuye la lucha inducida por shock y la conducta asesina hacia ratones, en ratas.

Hay fuerte evidencia del rol inhibitorio de la ST sobre la agresión que parte de los estudios farmacológicos efectuados sobre la conducta asesina de las ratas. En contraste con esta evidencia, hay una cantidad de estudios que probarían que el deterioro del sistema ST puede suprimir el comportamiento de ataque en ratones. Por otra parte, se ha encontrado que los niveles de ST aumentan después de un comportamiento agresivo en animales. En general, sin embargo, los resultados de los estudios en animales indican que los procedimientos que elevan la disponibilidad de ST cerebral, inhiben los comportamientos agresivos, y lo contrario los aumentan.

En otro trabajo(22), Coccaro subraya la relación inversa del 5-HIAA con la gravedad de la depresión, historia de serios intentos de suicidio y o suicidios violentos, lo cual también fue señalado por Linnoila(26). La relación con la depresión no siempre ha sido replicada, pero sí con los serios intentos de suicidio, los cuales se han visto también en otros grupos psicopatológicos tales como esquizofrenia y alcoholismo, además de los trastornos de personalidad.

La relación diagnóstica cruzada entre la baja concentración de 5-HIAA en LCR y suicidio sugiere que la disfunción ST está relacionada con un agrupamiento específico de conductas. Lo mismo ocurre con la agresión, ya que parece estar más relacionada con la agresión impulsiva, que con la premeditada. Esta reducción de 5-HIAA en LCR y de la ligadura de imipramina en la corteza frontal y tronco cerebral de los suicidas, sugiere fuertemente una reducción de la función presináptica ST, de la misma manera que la elevación de la ligadura de los receptores corticales 5-HT2 hacen pensar que la función 5-HT postsináptica está incrementada, probablemente por up-regulation compensatoria de estos receptores. Por otra parte, el efecto neto de esta sumatoria es desconocido, y puede reducirse, aumentarse o permanecer sin cambios dependiendo de la magnitud de esta compensación.

Experimentos con animales demuestran que la "hipersensibilidad" es el núcleo temperamental del rasgo de la impulsividad-agresividad, en respuesta a los estímulos frustrantes o adversos, y una capacidad disminuida para controlar estas reacciones. La diferencia primaria entre el comportamiento suicida y agresivo es el lugar donde la agresión es colocada: hacia sí mismo en el suicida y hacia afuera en los comportamientos agresivos. En muchas ocasiones ambas conductas se dan simultáneamente (suicidios ampliados).

En tanto que algunos efectos de la ST tienen que ver con sus efectos basales (lo que puede ser en alguna medida hereditario), otros están más vinculados a la "reprogramación" emergente de situaciones especiales. Esto es lo que puede ocurrir con el cambio de status social y los niveles de ST observado en los monos vervet.

Los efectos basales podrían estar vinculados con lo que llamamos "personalidad" (es decir, disposiciones relativamente estables a responder al ambiente social y natural de modos diferentes pero predecibles). La "reprogramación" a corto plazo de estos efectos basales (por ejemplo, a un cambio de status social) tiene características diferentes, comparables a lo que se podría llamar un "cambio comportamental" o "cambio de actitud".

La definición científica de personalidad ha estado sometida a una considerable controversia. Recientemente, Cloninger (1986, 1987), y después McDonald (1988) han propuesto una teoría de la personalidad basada en tres factores que, a su vez, derivan de los tres principales sistemas de neurotransmisión límbica: los controlados por la dopamina (DA), la serotonina (ST) y la noradrenalina (NA).

En este marco, se ha sugerido que la ST estaría vinculada a la "evitación del daño" (la tendencia a evitar o tomar riesgos). La NA se asocia con la "dependencia a la gratificación" (la tendencia a buscar la aceptación y recompensa social como motivador del comportamiento), mientras que la DA estaría ligada a la "búsqueda de estímulos" (la tendencia a buscar estímulos novedosos).

Desde el momento que cada uno de estos sistemas influye en los otros, las necesidades y comportamiento de cada individuo necesitarían el análisis del estado de estos tres niveles.

De acuerdo con la teoría de Cloninger, el sistema ST está asociado con la evitación del daño y la toma de riesgos; los niveles bajos de ST están asociados con la tendencia a evitarlos y los altos a tomarlos.

Es muy llamativa la similitud de esta tipología en relación con el riesgo, con la descripta por Rof, hace más de treinta años, basada en la división entre "ocnófilos" (no tomadores de riesgo) y "filóbatas" (tomadores de riesgo)(30) y, también, con el concepto de "personalidad autoritaria" (31,32) y "personalidad de Tipo A"(33), conceptos que han sido tratados en otra parte. En principio, sólo enunciaremos aquí que las concepciones de Fromm y Adorno respecto del "carácter revolucionario"(34,32), como opuestos en un continuo, ha sido descrita por mí en un trabajo anterior(31), y las bases narcisistas del Tipo A, por consiguiente del mismo autoritarismo y posiblemente de los "no tomadores de riesgo", están bien fundamentados en un trabajo de Condon(35).

Resulta pues, de muy alto interés, considerar cómo ciertos sistemas de NT como el ST pueden influir en las disposiciones comportamentales y rasgos de carácter estables que han sido descritas como "personalidad". Pero además, diferentes niveles de un NT pueden tener efectos ampliamente específicos en la modificación de la sensibilidad o amplitud de respuesta a diferentes claves sociales o simbólicas de amenaza, reaseguramiento, atractividad sexual, etc. Esto implica la esfera cognitiva, si lo queremos ver desde el punto de vista cognitivo-comportamental, y suponen el fundamento de los "esquemas" o "creencias básicas" en este enfoque(36). De acuerdo a la teoría modular de la personalidad, sobre la que nos explayamos más arriba, serían sustentadas por redes neurales tanto más estables y rígidas, cuanto más precozmente hayan sido establecidas, tanto más intensos los vehículos emocionales con los que fueron impresas, y tanto más significativas las relaciones con los emisores de los mensajes estructurantes de tales redes.

Por ejemplo, dado el efecto inhibitorio de la ST, los individuos con bajos niveles de la misma pueden ver amenazas en señales ambiguas que son ignoradas por aquellos con altos niveles de este NT. Como consecuencia, las diferencias basales de ST podrían estar en los fundamentos de aquellos esquemas o creencias básicas que, a su vez, pueden ser importantes elementos modulares en la constitución de nuestra personalidad.

Consideremos la tendencia de algunos individuos a ser agresivos, manipuladores y socialmente tortuosos. Las mediciones psicológicas de este rasgo son similares a lo que los anglosajones llaman "machiavellianism". Esta escala parece estar vinculada a la "dependencia a la gratificación" y "evitación del daño" de Cloninger: cuanto más alto califican para el maquiavelismo, menores son sus puntajes en gratificación social y evitación del riesgo. Desde que la agresividad está a veces asociada con ciertas formas de dominancia, los rasgos de la personalidad involucrados en la manipulatividad social se vincularían por lo tanto con disposiciones comportamentales determinadas por los niveles basales de la actividad del NT.

Nótese que en estos casos hay que presumir la existencia del involucramiento de dos sistemas distintos de NT: el ST y el NA. Cada uno de estos sistemas, por otra parte, depende de cierto número de procesos neuroquímicos, y cada uno es sensible de ser "reprogramado" por la experiencia. Por lo tanto, la medición de un sólo NT nos diría poco o nada acerca de un individuo específico. Éste sería el caso de cotejar, desde el punto de vista de la personalidad, lo que ocurre con el "maquiavelismo", el "autoritarismo", el "carácter revolucionario" y el "narcisismo", todas ellas variables independientes difíciles de fusionar para crear compartimientos del tipo "todo o nada". Inclusive la respuesta a claves sociales, como por ejemplo los cambios de actitudes y de respuestas emocionales a la aparición televisiva de líderes políticos, los niveles de actividad basales de los NT pueden ser poderosas razones para establecer las diferencias de percepción, sensibilidad y comportamientos ulteriores.

En lo concerniente a la ST, los descubrimientos recientes apuntan a dos áreas de importancia en la psiquiatría social y forense, como son los comportamientos desviados y criminales, y el suicidio. Debido a que la ST está vinculada a la inhibición de la respuesta, sus bajos niveles pueden tener que ver con la incapacidad para reprimir impulsos, como ya se expresó más arriba. Dependiendo de la interacción con otros sistemas de NT, sus alteraciones pueden tomar la forma de violencia impulsiva (tal como homicidios), autodestructividad (suicidio), depresión (incapacidad para inhibir pensamientos negativos o amenazantes), adicciones (al juego, a la comida, etc.)

Un metaanálisis de los estudios que examinan la relación de NA, DA, y ST con el comportamiento antisocial en humanos sugiere que la reducción simultánea de ST y NA pueden potenciar la agresión humana. Este metaanálisis encontró que en los estudios en los que los sujetos antisociales tenían un trastorno afectivo o alcoholismo, la NA central estaba significativamente disminuida. Los niveles de ST, sin embargo, estaban igualmente reducidos, independientemente de que tengan o no problemas psiquiátricos. Los niveles reducidos de ST y NA en los antisociales pueden estar relacionados con esta disminución de la inhibición comportamental. La relación de los niveles de NA con esta desinhibición, sin embargo, sí parece secundaria a las enfermedades psiquiátricas. Coccaro(22), ha señalado que en un estudio las función ST estaba asociada con la agresión autodirigida (solamente intentos de suicidio) en las depresiones mayores primarias, y la heteroagresión en los desórdenes primarios de personalidad. Tal vez este hallazgo refleje algunas diferencias en sus respectivas neurobiologías, basada en la regulación del comportamiento inhibido (mediado por ST) y el alerta (mediado por catecolaminas). Se ha informado extensamente sobre una hiporrespuesta en los receptores NA en la depresión mayor (DM). La observación de que la mediación del comportamiento agresivo por parte de la ST es atenuado por la disminución de NA, y otros que demuestran que las funciones fisiológicas de la ST pueden deteriorarse cuando hay fallas en el sistema NA, apoyan esta posibilidad.

Las pruebas realizadas con desafíos farmacológicos parecen indicar que la disfunción ST estaría al nivel o por encima del nivel del hipotálamo.

La hipótesis de Linnoila(26) es que, de dos grupos igualmente violentos, los ofensores impulsivos podrían tener menores niveles de 5-HIAA en el LCR en relación con los no impulsivos, que habían premeditado sus actos. Por lo tanto, un bajo 5-HIAA es más bien un marcador de impulsividad que de violencia. Puede señalar baja producción de ST, o ser indicador de un alto transporte fuera del LCR, lo cual es un fenómeno de membrana. Los autores sugieren que el temprano consumo de alcohol asociado a bajos niveles de 5-HIAA pueden desembocar en cuadros de psicopatía violenta, por lo que sería conveniente suministrar preventivamente serotoninérgicos.

Se comprobó, en un estudio finlandés, que los incendiarios y ofensores violentos tenían baja tasa de 5-HIAA en LCR. Los incendiarios en este grupo fueron elegidos por tratarse de comportamientos impulsivos de baja agresividad, y eventualmente con agresividad dirigida hacia objetos inanimados más que hacia objetos vivientes. Fueron excluidos los incendiarios que registraban antecedentes de intentos de suicidio violentos. Las concentraciones de 5-HIAA o MOPHEG no correlacionaban con el comportamiento incendiario repetido, pero sí lo hacían con el nadir glucémico en el test de tolerancia a la glucosa (TSG), el cual es una medición de la tendencia a la hipoglucemia.

Esto apoya la hipótesis de que un pobre control de impulsos está vinculado a bajos niveles de metabolitos de las monoaminas y con una tendencia a la hipoglucemia en ofensores criminales. Hay varias explicaciones para el mecanismo de esta asociación. En primer lugar, puede estar asociado con una forma particular de depresión, caracterizada por intentos violentos de suicidio. En segundo lugar, con descontrol de la agresión por un impulso incrementado hacia ella. Y, en tercer lugar, por deficiencia en el control de los impulsos y, como consecuencia de esto, descontrol de la agresión, inter e intrapersonal.

El triptofano (Tf) y el Litio (Li) reducen los actos violentos, aparentemente porque retrasan la descarga, y ayudan a mantener el control (El Li facilita la actividad ST, inhibe su recaptación, down regula la cantidad de receptores ST en el cerebro de la rata).

El ST, la glucosa y el metabolismo de la insulina, se demostró que están asociados unos con otros en el metabolismo de los incendiarios y en los ofensores habitualmente violentos e impulsivos. Linnoila no encontró correlación entre catabolitos de las monoaminas, y bajo nadir de glucosa en el TTG, pero pueden coexistir en muchos incendiarios. Lo que más correlaciona es esta última. La tendencia severa a la hipoglucemia es un fuerte predictor a las recaídas en los incendiarios.

La falta de correlación entre el nadir de glucosa y los bajos niveles de 5-HIAA en el LCR no es sorprendente. Esto se debe a que la concentración de glucosa está determinada multifactorialmente, y la responsividad de uno solo de ellos (insulina, glucagon, GH, adrenalina) podrían vincularse a la ST central.

La última asociación estudiada por los fineses fue con el alcohol. Formularon la siguiente hipótesis: un bajo 5-HIAA en LCR está asociado a bajo control de impulsos, disforia e insomnio intermitente. El alcohol, que tiene un efecto similar a la reserpina sobre el sistema ST, puede remedar agudamente algunos de estos síntomas, disparando ST, pero a largo plazo empeorando por vaciamiento de la misma. Por lo tanto, el abuso de alcohol puede, en estos individuos, con un control deficiente de impulsos, representar un intento de automedicarse, aunque solamente empeora la situación, disminuyendo el control de impulsos y probablemente agravando la hipoglucemia. Tal asociación podría explicar por qué tantos de estos sujetos estaban bebidos cuando cometieron sus crímenes. En apoyo de esta hipótesis, Branckey y col. han encontrado evidencia de que en estos alcohólicos con una historia, tanto de depresión como de agresión, la relación Tf/LNAA puede ser baja.

Se ha encontrado un paralelismo entre concentraciones de HVA y 5-HIAA en LCR. Cuando ambas están bajas son un poderoso predictor de riesgo suicida. Los predictores más fuertes son el nadir de glucosa en el TSG y los niveles de 5-HIAA en LCR. Estas variables psicobiológicas como tales o asociadas a las comportamentales tienen más valor que las comportamentales solas. Los individuos propensos a las ofensas son más fácilmente identificables usando estas combinaciones. Las drogas serotoninérgicas pueden mejorar esta situación, reduciendo el consumo de alcohol y mejorando los perfiles metabólicos(26).

Coccaro(42) señaló que estudios animales muestran que la arginina-vasopresina (AVP) juega un rol facilitador de la conducta agresiva, en especial contra personas, en particular en individuos con trastornos de la personalidad. Niveles altos de AVP en LCR se correlacionaron con biografías cargadas de agresión, lo cual es mucho más fuerte en hombres que en mujeres. Ésto no parece estar vinculado a la impulsividad, desde que las concentraciones de AVP en agresores violentos, incendiarios, y controles normales, eran similares. Puede ser significativo que la concentración AVP en depresivos sea baja, y que sea alta en estados maníacos. Hay que tener en cuenta que el "pool" de AVP periférica y central son diferentes, tienen vías distintas y cumplen funciones no relacionadas entre sí.

Parece haber una relación funcional y recíproca entre la AVP y la ST. Los inhibidores de recaptación de ST (IRSS), como la fluoxetina, reducen dramáticamente los niveles de AVP y de la agresión defensiva. La relación entre ST y AVP puede ser sólo unidireccional, como por ejemplo, disminución de AVP por aumento de la ST.

Se han hecho observaciones en los monos vervet(27). Hay varios hechos interesantes en relación con la dominancia. Las monas dominantes tienen ciclos menstruales más regulares y predecibles, con lo que aumenta la posibilidad de embarazo. En algunas especies la ovulación en las hembras subordinadas puede ser suprimida, quizás debido a alteraciones por el stress, que produce supresión de LH. En los machos dominantes hay diferencias en la testosterona y en la ST. La ST en la sangre de los monos vervet dominantes es el doble de la que tienen los subordinados. Estos cambios bioquímicos parecen estar relacionados con las diferencias de status. Entre los vervet y otros monos, los factores sociales no afectan solamente las hormonas, sino también las concentraciones y el funcionamiento de la ST cerebral. Cuanto más alto es el nivel de ST, más capacidad tienen para las actitudes prosociales y menor destructividad (¿el "carácter revolucionario" de los monos?). La ST modula e inhibe la agresión destructiva. Los sistemas serotoninérgicos parecen ejercer mucho de su impacto inhibitorio sobre la agresión disminuyendo la actividad de otros sistemas neuronales que la facilitan.

Se ha visto que los monos dominantes y los subordinados no presentan diferencias morfológicas significativas, pero sí comportamentales. En relación con las hembras subordinadas, es menos probable que las dominantes inicien la agresión, y es más probable que inicien una reconciliación después de una pelea, así como también, son más capaces de conseguir aliados en una lucha, y es más probable que actúen defendiendo al grupo contra la intrusión de un animal potencialmente agresivo. Se ha visto en los machos, un patrón de diferencias vinculadas con el rango similar, al de las hembras. Estos datos sugieren que los animales dominantes difieren de los subordinados en su capacidad de establecer vínculos sociales, en evitar comportarse con agresión inapropiada y por inhibir ataques inadecuados o no provocados.

Combinados con observaciones hechas en otras especies, estos hallazgos apoyan la idea de que la dominancia y la agresión son conceptos distintos.

Neurofisiológicos

Desde hace tiempo se ha argumentado que la baja respuesta cortical puede ser una causa determinante de comportamiento criminal. Aunque estas teorías no han estado inicialmente dirigidas a explicar la violencia, una variedad de fuentes indican que los ofensores violentos, en particular, pueden ser corticalmente bajoalertables. El alerta reducido se lo supone vinculado con la búsqueda de sensaciones; como consecuencia, a esta teoría se la analiza conjuntamente con la teoría del alerta, de la que nos ocupamos más arriba. Esta última ha sido más frecuentemente verificada midiendo las respuestas fisiológicas, especialmente el EEG y los potenciales evocados pero, como se ha visto ya, el alerta autonómico ha sido visto también en el marco de la teoría del arousal. Ya hemos revisado más arriba las opiniones de Howard(24) al respecto.

Hay muchos estudios que han evaluado el alerta en delincuentes y criminales, pero una dificultad importante para obtener conclusiones reside en que esos estudios provienen únicamente de tres fuentes: las respuestas fisiológicas electrodérmicas, cardiovasculares y corticales. Además, estos estudios no son prospectivos, y fueron llevados a cabo en poblaciones institucionalizadas.

Un estudio prospectivo reciente demuestra que la baja alertabilidad puede ser crítica en el desarrollo del comportamiento antisocial y criminal. La conductancia eléctrica de la piel en reposo, el rendimiento cardíaco y la actividad EEG fueron determinadas en 101 chicos de 15 años, y vueltas a determinar 9 años después, cuando tenían 24. Los hallazgos se han mostrado en las figs. 5, 6 y 7. Se encontró que los criminales tenían significativamente menor gasto cardíaco, reducida conductancia en la piel y más frecuencia theta en el EEG que los no criminales. Estas tres mediciones clasificaron correctamente al 74% como criminales. Estas relaciones no parecen estar condicionadas por clase social, habilidades académicas, o área de residencia.

Figura 3

Este estudio sugiere que si estas comprobaciones fueran llevadas a cabo en poblaciones no institucionalizadas y no seleccionadas, se pueden encontrar evidencias aún más fuertes sobre las relaciones entre los aspectos biológicos y la criminalidad. La baja alertabilidad fisiológica es un constructo muy utilizado pero extremadamente complejo, dado que las tres mediciones mencionadas no suelen estar correlacionadas en la población general. El hecho de que las tres coincidan para predecir crimen en una misma muestra puede ser visto como concediendo algún grado de replicación de las vinculaciones del alerta con el crimen.

Aunque estos hallazgos tienen un significado potencial, hay dos problemas importantes que necesariamente tienen que resolverse: 1) El primero es si estos hallazgos pueden ser replicados. Si esto es así, eso demostraría que la baja responsividad al alerta puede tener un papel importante en el desarrollo de la personalidad antisocial, y puede ser una vía mediante la cual las influencias genéticas en la aparición del comportamiento antisocial ejerzan su influencia.

El segundo tema tiene que ver con la evolución de las variables evolutivas. Debido a que el crimen sólo puede determinarse si el individuo fue atrapado y condenado, los resultados están limitados a los criminales "fracasados". El análisis funcional discriminante califica a muchos sujetos bajorrespondientes como no criminales, pero puede que éstos lo sean, y no han sido detectados. La disponibilidad de extensos autoinformes sobre comportamiento antisocial, agregados a los grupos de criminales oficialmente reconocidos como tales, aumenta la fuerza de los efectos conjeturales.

Ya hemos mencionado que un gran número de estudios han implicado alteraciones EEG en los criminales. Algunos autores las encontraron en un 50%. Estos hallazgos han sido confirmados por otros sobre asesinos y ofensores violentos. Una de las alteraciones más comunes observadas en el EEG es la excesiva actividad theta, la cual es consistente con la baja respuesta al alerta. Estudios diseñados más rigurosamente, como el mapeo cerebral, puede profundizar en este tema.

Una teoría sostiene que como la actividad theta excesiva caracteriza el EEG de los niños, su presencia en el adulto criminal podría significar una cierta "inmadurez cortical". Numerosos estudios prospectivos han demostrado que una excesiva actividad theta en niños y adolescentes predice actividad antisocial en la adultez, pero no hay estudios prospectivos en relación a la violencia. Se necesitan también estudios para explorar la posibilidad de que las alteraciones EEG, específicamente la baja alertabilidad, puedan subyacer a los déficits cognitivos y fracaso escolar, la cual puede relacionarse ulteriormente con la violencia.

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