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Personalidades psicopáticas: tres enfoques

Neurobiología del psicópata1

Eduardo A. Mata2

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Los psicópatas representan un tipo extremo de personalidad sobre la dimensión P-ImpUSS. Algunas de estas características pueden ser vistas en los rasgos que componen la dimensión P: impulsividad, falta de reflexión, búsqueda de sensaciones (especialmente desinhibición) y falta de socialización.

Figura 1

Eysenck interpretó, en los '70, que la dimensión P era una amplia tendencia latente hacia el psicoticismo. Este término era usado en el sentido de un espectro que incluía la esquizofrenia, los trastornos afectivos mayores, la personalidad antisocial (TPA) y la criminalidad en general, y también involucraba al pensamiento creativo pero desviado dentro de la población no psicótica. Zuckerman cuestionó la amplitud de este concepto y sugirió que era mejor usar la palabra psicopatía (tendencias antisociales) para esta dimensión. Los delincuentes y los prisioneros adultos puntúan alto en la dimensión P, pero los esquizofrénicos lo hacen sólo ligeramente por arriba de la población general, y los depresivos endógenos lo hacen como esta última.

Los criminales con personalidades antisociales puntúan más alto en la dimensión P que los que no lo son. Probablemente si se estudiara la población general aparecerían puntajes más altos en gente que puede convertirse en criminales bajo determinadas circunstancias.

La forma más extrema de búsqueda de sensaciones puede verse en la manía. Los hipomaníacos son caricaturas de buscadores de sensaciones impulsivos, y comparten muchas de sus características biológicas, incluyendo un aumento de la dimensión EP (extraversión-psicoticismo) y bajos niveles de MAO plaquetaria.

Por lo tanto no es sorprendente que los sujetos con este trastorno puntúen alto en estos rasgos, y lo hacen aún cuando estén en fase normal, e inclusive en fase depresiva, lo que demuestra que la relación no es estado-dependiente. Los hijos de pacientes con esta dimensión también puntúan alto en búsqueda de sensaciones, especialmente en desinhibición, lo cual sugiere que el rasgo de personalidad puede ser parte de una disposición transmisible genéticamente del desorden.

En contraste, los individuos con depresiones unipolares puntúan bajo en este rasgo, aún inmediatamente después de su recuperación. Los esquizofrénicos, especialmente los solitarios e inactivos, tienden a ser bajos buscadores de sensaciones. Estos hallazgos son un desafío para las afirmaciones de Eysenck, que tiende a ver a toda clase de psicosis ubicado en lo alto de su dimensión P.

El modelo neuronal sugiere que un sistema feedback positivo similar al comportamental se puede ver en el trastorno maníaco, en el que la estimulación impulsa al paciente a buscar más estimulación. El darle a un paciente bipolar IMAOs en la fase depresiva dispara a menudo la fase maníaca, caracterizada por desinhibición comportamental, humor eufórico, actividad incrementada, altos niveles de NA en el LCR, y posiblemente un incremento de DA en áreas del cerebro específicamente involucradas en la actividad y en la recompensa. Todos estos efectos pueden ser debidos a una desregulación del sistema de las catecolaminas (CA). Si este estado de hiperactividad se prolonga, las CA podrían ser vaciadas con los consiguientes cambios comportamentales, tales como una caída desde las alturas de la manía a las profundidades de la depresión. Esta curvilinealidad del rendimiento catecolaminérgico está descrita en la figura 5, modificada de Zuckerman.

Figura 5

De acuerdo a este modelo, el sistema CA juega un papel en el humor, la actividad, la interacción social, y en ciertos desórdenes clínicos. Más específicamente, la actividad DA estriada puede influir en el la actividad física, y la DA en el N. accumbens y en las proyecciones prosencefálicas sobre los sentimientos positivos. La actividad social también puede estar influenciada por vías DA específicas. El alerta NA puede ser más importante en el alerta de sentimientos negativos tales como la depresión o la ansiedad, pero la NA y la DA pueden tener efectos sinérgicos en estados tales como los maníacos caracterizados por la euforia y la hostilidad. Variaciones normales en estos rasgos asociados con la personalidad pueden moverse entre los rangos B a C; y estarán basados en los niveles tónicos de la actividad o reactividad CA. Estados asociados con extremas variaciones de las CA cerebrales van desde la depresión producida por la depleción de NA a la ansiedad y los ataques de pánico producidos por su exceso. De la misma manera, un déficit de DA puede producir anhedonia y retraimiento social, también característicos de la depresión, y un ligero exceso produce euforia, hiperactividad, e hipersociabilidad; pero en un exceso de dosis o en su hiperactividad crónica (como ocurre bajo la acción de drogas estimulantes), los efectos óptimos cambiarían a una actividad limitada y estereotipada, alejamiento social, y hostilidad y agresión que alimentarán la paranoia. Tales efectos curvilineares de la actividad CA han sido demostrados repetidamente en la literatura sobre experiencias en humanos y animales. Por ejemplo, la actividad motora en las ratas aumenta con la administración de anfetamina, pero decrece a medida que se aumenta la dosis. Su comportamiento social experimenta idénticos cambios. Tales relaciones curvilineares explicarían algunas diferencias en dirección a las relaciones entre metabolitos de las catecolaminas y humor o comportamiento en normales y en pacientes, debido a que las dos poblaciones podrían ocupar dos diferentes rangos en el nivel de actividad CA, una en la rama ascendente y otra en la descendente de la curva.

En el esquema de Zuckerman (Fig.6) se observa que, en un nivel más bajo de análisis, la modulación cortical de la estimulación intensa, como se muestra en el paradigma de aumento-reducción en los potenciales evocados, parece representar una expresión neural directa de la propensión de la inhibición-desinhibición comportamental. De la misma manera que una persona con una tolerancia fisiológica al alcohol está en mayor riesgo de volverse alcohólico, el individuo con mayor tolerancia a la estimulación o excitación cortical está en un riesgo aumentado de transformarse en un buscador desinhibido de sensaciones. El buscador elevado de sensaciones es activado por altos niveles de estimulación mientras que las bajas tienden a "desintonizarlo", como si se dispararan mecanismos de inhibición cortical. Hay ventajas y desventajas adaptativas en ambos extremos. Un aumentador-desinhibidor parece tener un SNC "fuerte" que continúa funcionando bien aún bajo las condiciones de sobreestimulación más estresantes, tales como una batalla. Un reducidor tiende a perder alerta cortical y atención en tales condiciones y por lo tanto pierde eficacia. Sin embargo, el feedback positivo del aumentador puede constituirse en una vulnerabilidad. La tendencia a buscar altos niveles de estimulación puede impulsarlo a conductas antisociales, como ocurre en el psicópata. Vemos que en los niveles bioquímicos más bajos del rasgo involucrado en la dimensión P, encontramos déficits de hormonas, NT y enzimas, que juegan un papel fundamental en la inhibición comportamental, incluyendo déficits de cortisol, serotonina, NA y MAO, y dopamina-beta-hidroxilasa (DBH).

En un nivel más bajo de análisis, la modulación cortical de la estimulación intensa, como se muestra en el paradigma de aumento-reducción en los potenciales evocados, parece representar una expresión neural directa de la propensión de la inhibición-desinhibición comportamental. De la misma manera que una persona con una tolerancia fisiológica al alcohol está en mayor riesgo de volverse alcohólico, el individuo con mayor tolerancia a la estimulación o excitación cortical está en un riesgo aumentado de transformarse en un buscador desinhibido de sensaciones. El buscador elevado de sensaciones es activado por altos niveles de estimulación mientras que las bajas tienden a "desintonizarlo", como si se dispararan mecanismos de inhibición cortical. Hay ventajas y desventajas adaptativas en ambos extremos. Un aumentador-desinhibidor parece tener un SNC "fuerte" que continúa funcionando bien aún bajo las condiciones de sobreestimulación más estresantes, tales como una batalla. Un reducidor tiende a perder alerta cortical y atención en tales condiciones y por lo tanto pierde eficacia. Sin embargo, el feedback positivo del aumentador puede constituirse en una vulnerabilidad. La tendencia a buscar altos niveles de estimulación puede impulsarlo a conductas antisociales, como ocurre en el psicópata.

Por consiguiente, a través del procesamiento de la intensidad de los estímulos, se ha podido distinguir entre aumentadores y reducidores de los potenciales evocados (PE) corticales. La reacción cortical a estímulos breves, tales como un destello de luz o un ruido brusco, puede ser evaluado repitiendo el estímulo muchas veces, registrando las reacciones corticales por medio de EEG, y promediando la respuesta por medio de una computadora. Esta operación traza una curva de respuesta punto por punto. Las complejas formas de ondas visibles en humanos son altamente hereditarias; las curvas para muchos gemelos idénticos puede ser muy aproximadamente superpuestas, y se parecen a las que se obtienen en un individuo determinado a través de mediciones múltiples(16).

Significativamente, niveles bajos del metabolito de la ST, el 5-HIAA y de las enzimas MAO y DBH se encuentran también, típicamente, en los aumentadores visuales en potenciales evocados. Por el momento no se sabe si los NT o neurorreguladores inhiben directamente el alerta cortical debido a que los datos humanos son linearmente correlacionables. Los bajos niveles de MAO se vinculan consistentemente con los buscadores de sensaciones y son bajos en los desórdenes desinhibitorios. La MAO baja puede ser un signo de falta de actividad ST o excesiva actividad DA. La baja DBH, un correlato algo menos consistente de los buscadores de sensaciones, resulta en una baja actividad NA en las áreas límbicas que sirven al alerta y a la inhibición.

En lo que hace al vínculo entre los potenciales evocados y los buscadores de sensaciones han habido por lo menos 21 estudios llevados a cabo en poblaciones de antisociales. Pueden dividirse en los de latencia rápida, mediana y tardía (Fig. 4). En los estudios de respuesta rápida se ha advertido una prolongación del tiempo de latencia de tronco cerebral, lo que puede interpretarse como indicando un alerta reducido y un filtrado excesivamente alto de los estímulos ambientales. Las consecuencias comportamentales de estos hallazgos será en la deprivación de estímulos y bajos niveles crónicos del alerta.

Los hallazgos en los PE de latencia media, fueron mucho más equívocos, pero se ha especulado que los psicópatas parecen mostrar crecientes amplitudes a los PE a estímulos de creciente intensidad (aumentadores córtico-visuales), un fenómeno que ha sido vinculado a la búsqueda de sensaciones.

Los resultados de la latencia tardía de los PE, fueron mucho más consistentes, y ellos indican, sorprendentemente, que los psicópatas muestran amplitudes P300 aumentadas, indicando un incremento de la atención a los estímulos que les interesan.

Se ha sostenido que las consecuencias comportamentales de estos tres niveles de potenciales evocados (la deprivación de estímulos, la búsquedad de sensaciones, y la atención a eventos estimuladores) están causalmente vinculados. Esto es, que los individuos con bajos niveles, crónicamente, de alerta (posiblemente causados por excesivo filtrado de estímulos) buscarían estimularse para llevar los niveles de alerta a una performance óptima. Esta búsqueda de estimulación puede explicar parcialmente la atención incrementada hacia los sucesos de interés, reflejada en el aumento del P300 a estímulos blancos en un paradigma de atención selectiva. Las situaciones potencialmente peligrosas y riesgosas, en las que los actos criminales y delictivos encuentran facilidades para ser llevados a cabo, son muy atractivas para los psicópatas.

Como muchas teorías de la violencia basadas en la biología, este modelo tomado de los PE es sólo una explicación parcial del comportamiento violento. Por otra parte, aunque muchos psicópatas son violentos, no todos lo son; y hay violentos que no son psicópatas. Por lo tanto, se debe tener prudencia al extrapolar los datos a partir de una teoría de la tendencia a la violencia de los psicópatas. Una característica inusual de este modelo es que los psicópatas están en condiciones de aumentar su atención. Este hallazgo contradice creencias de base biológica sobre el comportamiento criminal, que casi universalmente enfatizan sobre los déficits sobre tales poblaciones.

Si la propuesta de que hay una predisposición biológica a la violencia conduce a la personalidad antisocial y al crimen, hay que tener en cuenta que tales conductas dependen fuertemente de las circunstancias ambientales en las que se encuentra el individuo. Por ejemplo, con un CI apropiado, buenos cuidados parentales, y crianza en una familia de alto status socioeconómico, la toma de riesgos y la búsqueda de estimulación puede traducirse en un audaz y creativo hombre de negocios o en un piloto de jets militares o de fórmula 1, y no en el crimen y la violencia.

Tales interacciones pueden tener implicaciones para las intervenciones. Como ejemplo, se cita que se han visto psicópatas que muestran tanto elevados P300 sobre zona parietal, como registros elevados en pruebas neuropsicológicas que registran el funcionamiento del lóbulo parietal. Estos hallazgos, relativamente específicos, muestran que no hay diferencias ya sea en PE registrados en lóbulos temporales, o en los rendimientos verbales o de CI. Estos estudios demuestran que los psicópatas criminales pueden estar capacitados para tareas y ocupaciones que implican habilidades manipuloespaciales, tales como artes plásticas, manejo de vehículos y mecánica. Si un psicópata violento puede ser identificado en la adolescencia, puede ser factible ayudarlo a desarrollar sus habilidades latentes que poseen claramente y alejarlos así de la violencia y el crimen. El trabajo y otras situaciones similares pueden ser interesantes, en donde los jóvenes psicópatas pueden ser identificados, ya que pueden "competir" en situaciones en donde es más probable que elicite comportamientos más violentos y criminales.

Buschsbaum y Silverman desarrollaron una técnica para comparar los componentes de potenciales evocados tempranos. Este componente PE representa la reacción cortical temprana que ocurre entre 100 y 140 ms después del estímulo. Los individuos que muestran una amplitud marcadamente incrementada de los PE como función de un estímulo crecientemente incrementado (curva positiva), son llamados aumentadores, en tanto que aquellos que muestran poco incremento o aún disminución en la amplitud de los PE a las intensidades más altas (curvas negativas) son llamados reducidores. Aunque esta terminología sugiere una dicotomía, la distribución de las curvas de intesidad entre estímulos y PE es continua y normal.

La reducción puede representar una función protectora cortical. El aumento puede ser considerado como un fracaso de la inhibición cortical o un marcador para un sistema nervioso fuerte en el sentido pavloviano de resistencia a una inhibición transmarginal a partir de una estimulación intensa.

Como ocurre con las respuestas cardíacas-respuestas reflejas defensivas, los aumentadores o reducidores en los PE están más claramente relacionados a los puntajes de la Escala de Desinhibición (DIS), la cual es una subescala de la Escala de Búsqueda de Sensaciones. El DIS mide la búsqueda de novedades y de sensaciones a través de otra gente como ocurre en reuniones desinhibidas y las experiencias sexuales variadas.

El PE aumentador es característico de individuos con trastorno bipolar (aun cuando no está bajo estado maníaco), alcohólicos, y delincuentes masculinos. Los reducidores son característicos de los esquizofrénicos crónicos o en agudos con pobre pronóstico. Las diferencias de género son inconsistentes, pero los aumentadores tienden a cambiar a reducidores con la edad.

Se han estudiado estas características en modelos animales. Los gatos "aumentadores" tienden a ser más exploratorios, activos, y muestran reacciones de lucha o aproximación ante estímulos novedosos, en tanto que los "reducidores" tienden a estar tensos y emotivos y alejarse como respuesta a estímulos novedosos.

Usando paradigmas condicionados, Saxton y col. encontraron que los gatos aumentadores eran más reactivos en un esquema de intervalos fijos, en el cual la gratificación es simplemente una función de presión sobre una palanca, pero los gatos reducidores rendían mejor en un esquema que les requiere mantener una baja tasa de respuesta para obtener gratificación. La última clase de esquema castiga a los respondedores impulsivos y requiere una capacidad para inhibir la respuesta y evitar el castigo (pérdida de gratificación). Los gatos aumentadores, por lo tanto, recuerdan a los buscadores impulsivos de sensaciones y a los psicópatas en su deficiencia en el aprendizaje de la evitación.

Siegel y otros extendieron el paradigma reducidores-aumentadores a las ratas, usando linajes Romanos de alta evitación (RHA) y de baja evitación (RLA). Estos dos linajes fueron criados a partir de un stock original Wistar para rendimiento en adquisición de tareas de dos vías de evitación activa. Las ratas RHA aprendieron rápidamente a evitar el shock, en tanto que las ratas RLAS tienden a congelarse más que correr y por lo tanto les toma mucho más tiempo aprender la evitación.

Casi todas las ratas RLA y Wistar eran, reducidores o aumentadores débiles, en tanto que la mayor parte de las ratas RHA estaban entre los moderados y fuertes aumentadores. Hay poca superposición en los potenciales evocados entre los grupos RLA y RHA en lo que hace al paradigma aumentadores-reducidores.

Debido a que todos los miembros de un linaje son como gemelos idénticos que comparten casi todos sus genes, se pueden hacer generalizaciones a partir de diferencias en los linajes encontrados en otros estudios. Además de las diferencias en la evitación activa, las ratas reducidoras son menos activas y más temerosas en las pruebas a campo abierto, menos agresivas cuando son shockeadas, muestran poca tolerancia a los barbitúricos y poco gusto por el alcohol, son más maternales con sus crías, y muestran menos respuesta hipotálamo adrenal al stress a través del disparo de serotonina, CRH, y ACTH. En respuesta a la estimulación de las áreas hipotalámicas laterales mediante la gratificación intrínseca ("placer") en el cerebro, las ratas de baja evitación son más sensibles a bajas intensidades, pero tienden a más escape cuando son estimuladas con altas intensidades. Las ratas de alta evitación, por lo contrario, un modelo conveniente para el buscador de sensaciones impulsivo, tanto normal como psicopático: activo, explorador de nuevos ambientes, agresivo, más susceptible de abuso de substancias, menos protectores de los más jóvenes, una necesidad de intensa estimulación como gratificación e insensibilidad a gratificaciones más débiles, y menor respuesta del eje adrenal al stress. Sin embargo, las ratas de alta evitación muestran un incremento en el disparo de dopamina en el córtex prefrontal en respuesta al stress. Las drogas opiáceas y estimulantes que son usadas por los buscadores impulsivos de sensaciones incrementan la actividad dopaminérgica.

Kumar y col. han hecho una excelente revisión de los trabajos que vinculan a los buscadores de sensaciones con el uso de drogas y, en cierta medida de alcohol, además de actividades, creencias y experiencias paranormales(3). Los resultados de sus trabajos muestran diferencias entre hombres y mujeres, dando puntajes más altos para los hombres, en especial para el uso de substancias. Los usadores de drogas tenían más altos niveles de creencias en fenómenos paranormales que los no-usadores, e informaron un número más alto de experiencias en tal sentido, tendiendo también a ser más introspectivos. En este último sentido no había diferencias entre hombres y mujeres.

Estos resultados sugieren que ambos tipos de comportamientos (drogas y experiencias paranormales) comparten algo en común: la búsqueda de aventuras y de experiencias variadas y excitantes. Mientras que la tendencia al aburrimiento y a la desinhibición parece ser más significativo en los usadores de drogas, no lo es tanto en los buscadores de experiencias paranormales. Es posible que la combinación de ambas conductas tenga que ver con motivaciones de introspección, más que por presión de los pares o razones culturales.

El comportamiento social de los altos buscadores de sensaciones observable en el laboratorio muestra altos niveles de expresión de afectos sociales positivos a través de miradas, sonrisas, risas, autoconfidencias y charlas. Las mujeres se involucran con los hombres en conversaciones privadas más que las que puntúan bajo. Las relaciones amorosas tienden a ser múltiples y superficiales.

Las variables demográficas de este rasgo están asociadas a la edad y al sexo. Van declinando consistentemente desde la adolescencia hacia los 60 años, siendo los puntajes de los hombres significativamente más altos que en las mujeres. El trastorno por personalidad antisocial es 4 a 7 veces más prevalente en varones que en mujeres y declina con la edad después de un pico a los 20 años. La socialización puede explicar algunas diferencias vinculadas al sexo, y la experiencia adquirida las que tienen que ver con la edad, pero también puede haber diferencias determinadas por cambios en los NT, enzimas y hormonas gonadales.

Las hormonas gonadales, en particular la testosterona, han sido asociadas con la sexualidad, la dominancia social y la agresividad en animales. Estos hallazgos han sido algunas veces extendidos a los humanos sin suficientes estudios comparativos. Altos niveles de testosterona en prisioneros han sido relacionados con historias de agresiones especialmente malignas, pero tanto en prisioneros como en normales la testosterona parece estar relacionada con la dominancia social, la búsqueda de sensaciones (desinhibición) y experiencias héterosexuales. La testosterona parece estar relacionada tanto con las dimensiones P como E, pero hay alguna evidencia de que hay menos de ella en los tipos introvertidos y ansiosos de hombres. Hay que tomar con prudencia estos datos porque el stress puede disminuirla y la estimulación sexual puede aumentarla en los hombres. Las relaciones entre testosterona y personalidad son recursivas, (Fig.6).

Para algunos autores, sin embargo, las hormonas gonadales, tanto la testosterona como los estrógenos, están directamente relacionadas con los buscadores de sensaciones varones, especialmente en los de tipo desinhibido. Estas hormonas estarían también negativamente relacionadas con la socialización y el autocontrol -otros dos marcadores para la dimensión ImpUSS- y a la variedad de experiencias heterosexuales y cantidad de parejas heterosexuales. Por otra parte, el estradiol en el hombre está relacionado con altos puntajes en el MMPI para esquizofrenia, hipomanía, y psicopatía. La testosterona en delincuentes presos está relacionada con la alta dominancia y extrema violencia. El cortisol y la NA en el LCR están inversamente relacionados a rasgos que constituyen la dimensión P-ImpUSS. El cortisol está producido por la activación de la vía del stress del eje adrenal, en tanto que la NA en el LCR puede ser parcialmente una función de la actividad en el LC y en las vías descendentes dentro de la médula. Cuando se enfrenta con un stress natural, tal como esperar sentencia por un hecho criminal, los prisioneros no psicópatas muestran alerta en sus mediciones periféricas y de NA y A, pero los tipos psicopáticos muestran poco cambio en el alerta adrenérgico.

La enzima MAO (Mono-amino-oxidasa) está contenida en las mitocondrias de las neuronas monoaminérgicas y regula el nivel de los NT disponibles en las células a través de degradación catabólica por los NT después de la recaptación. La MAO en los humanos es evaluada usualmente a través de las plaquetas. La MAO plaquetaria es usualmente de tipo B, la que está primariamente asociada con la regulación de las neuronas DA en el cerebro humano.

Bajos niveles de MAO plaquetaria han sido asociados con altos niveles del rasgo de búsqueda de sensaciones, y también con niveles altos de actividad social, criminalidad, tabaco, alcohol y drogas ilegales. Los alcohólicos, individuos con trastorno bipolar, y con trastorno borderline de la personalidad tienden a tener bajos niveles de MAO. Los niveles altos han sido vinculados con niveles bajos de búsqueda de sensaciones.

Los bebés que tienen alta MAO son menos activos y coordinados que los que la tienen baja, en los tres primeros días después del nacimiento, lo cual sugiere una influencia genética en las relaciones entre MAO y rasgos comportamentales entre los adultos. De hecho, los niveles de MAO parecen estar casi enteramente determinados genéticamente por un gen principal con numerosos alelos.

Las diferencias individuales en la MAO plaquetaria son altamente confiables y resistentes a cambios temporarios. Los aumentadores corticales de potenciales evocados tienden a tener baja MAO plaquetaria, en tanto que los reducidores muestran lo opuesto, lo cual provee otra relación entre los dos niveles del fenómeno. La demografía de la MAO es consistente con los puntajes de P, buscadores de sensaciones, y psicopatía: los hombres tienen menos MAO que las mujeres, y la MAO aumenta con la edad tanto en el cerebro como en las plaquetas sanguíneas.

Los hallazgos comparativos usando monos que viven en una colonia natural también proveen apoyo para las relaciones entre ImpUSS en humanos (y sociabilidad, también) con los niveles de MAO. Los monos de baja MAO se veían como más activos, socialmente dominantes, juguetones, sexuales y agresivos. Los monos con alta MAO tendían a ser inactivos, aislados socialmente, y bajos en la jerarquía de dominancia, y tendían a mostrar poca actividad sexual o agresiva.

Como se deduce de esto, la MAO plaquetaria ha sido relacionada con rasgos de personalidad y con el comportamiento tanto en humanos como en monos. Pero hay sutiles diferenciaciones entre los subcomponentes de este superrasgo. En un trabajo de Klinteberg y col.(5) realizado con pilotos militares de jets, se encontró que los perfiles de personalidad y sus características neuropsicológicas coincidían con la elección de una carrera que implicaba toma de riesgos, altos requerimientos profesionales de habilidades perceptuales y motoras. En ellos se midió la actividad de la MAO plaquetaria y los niveles séricos de un metabolito adrenal androgénico, el sulfato de dihidroepiandrosterona (DHEA-S), y se los comparó con un grupo de conscriptos. Contrariamente a lo que se podría esperar, no había diferencias en la MAO plaquetaria de ambos grupos, cuando se sabe que está descendida en otros tipos de tomadores de riesgos, como los escaladores de montaña y varias clases de deportistas con alta toma de riesgos. Que los pilotos no tuviesen baja MAO tiene que ver con el hecho de que este marcador está vinculado a la desinhibición motora en las tareas neuropsicológicas, en donde los pilotos obtenían, por lo contrario, altos puntajes. Los perfiles de personalidad de los pilotos diferían de los de los conscriptos en la dimensión esperada. Los primeros mostraban altos puntajes en la búsqueda de sensaciones, extraversión (E) y no-conformismo, y una tendencia a tener bajos puntajes en relación con la ansiedad.

Ambos grupos diferían en una de las dos escalas de impulsividad administradas. Se piensa, teóricamente, que la impulsividad está relacionada con una vulnerabilidad a los trastornos psicosociales "desinhibitorios", mientras que los rasgos de búsqueda de novedades parecen estar más bien vinculados a los comportamientos de toma de riesgos. La impulsividad que mostraba similitudes en ambos grupos tenía que ver con un subtipo "estrecho" de la misma, más bien relacionada con la tendencia a actuar bajo la presión de estímulos momentáneos.

Los pilotos tenían más altos niveles de DHEA-S, la cual, según estudios de Fava y col. (6, 7), correlaciona también inversamente con el tipo "A" de personalidad (que, se sabe, tiene un riesgo coronario mayor que la población normal). Diversos estudios han confirmado que la DHEA-S está vinculada a la búsqueda de sensaciones, la evitación de la monotonía, las escalas de asertividad, y la habilidad espacial, pero disminuye bajo la acción del stress crónico. En estas condiciones, sus niveles basales resultan bajos en relación con los de cortisol, sugiriendo un cambio en el metabolismo de la pregnenolona adrenal que va desde los andrógenos adrenales hasta los glucocorticoides. Se especuló que estos cambios córticoadrenales, que afectan a las tres clases de sus esteroides (mineralo, glucocorticoides y andrógenos adrenales) podrían maximizar la producción de cortisol necesaria para la supervivencia y minimizar el uso de la pregnenolona por síntesis de mineralocorticoides y andrógenos, no tan necesarios para la supervivencia en condiciones de stress severo.

La testosterona ha sido asociada con la agresión verbal y una preferencia por los deportes. No obstante, las relaciones entre andrógenos gonadales y adrenales no está todavía suficientemente clara. En conclusión, las características bioquímicas de los pilotos militares podría ser asociada a una personalidad impulsiva sin signos de desinhibición motora en las tareas neuropsicológicas. Por lo tanto, se puede aceptar que solamente algunos aspectos de la impulsividad son críticos cuando se asocian a baja actividad MAO. La actividad MAO plaquetaria y las hormonas andrógenas pueden estar también vinculadas a estos aspectos diferenciales de la impulsividad, y pueden interactuar también diferencialmente con la actividad frontal inhibitoria, más alta en las pruebas en los pilotos que en los conscriptos.

Otro trabajo de la misma autora y su equipo(8) permitió comprobar la existencia de una activación relativamente más alta del hemisferio derecho en las personas con baja MAO plaquetaria, la cual, a su vez, se asociaba con un acortamiento del tiempo empleado en la verificación y chequeo de las pruebas.

Pacientes con altos niveles de MAO plaquetaria tenían una habilidad pareja en las pruebas con ambas manos, situación que, con niveles menores de rendimiento, se ha encontrado también en pacientes con esquizofrenia de alta incidencia genética, en los cuales se encuentra también altos niveles de 5-HIAA. En este trabajo, el resultado más interesante fue la relación negativa encontrada entre la actividad MAO plaquetaria y la cantidad de fracasos en las inhibiciones en el tiempo de reacción ante tareas que tenían señales auditivas para la inhibición de la respuesta. Esto puede interpretarse como una preferencia por la velocidad en relación con la exactitud. También puede ser visto como un índice de la desinhibición motora, comparable al paradigma de la evitación pasiva en investigaciones animales, en la que la depleción serotoninérgica está asociada con una capacidad reducida de refrenar respuestas que han sido previamente castigadas. En investigaciones anteriores efectuadas sobre seres humanos se ha visto que la impulsividad y la psicopatía han estado relacionadas con resultados parecidos en tareas similares. Como ya ha sido señalado, el aprendizaje de la evitación pasiva está deteriorado en los psicópatas y en los extravertidos, quienes tienen, por supuesto, baja actividad MAO. Esto lo vincula con una baja actividad frontal inhibitoria, lo cual apoya la hipótesis que la actividad plaquetaria MAO puede ser un marcador de la actividad ST central. Parecidos déficits de rendimiento se pueden observar en animales con depleción de ST, lo cual vincularía la baja MAO plaquetaria con baja actividad ST central.

Los humanos con baja MAO suelen involucrarse en comportamientos antisociales y consumo de drogas. La MAO parece ser un factor importante tanto en la dimensión E como en la P, cosa que también ocurre con la testosterona. Aunque hay poca evidencia que relacione la MAO con la dimensión N, hay alguna evidencia de una relación positiva con la ansiedad en los pacientes. La alta heredabilidad de la enzima, y sus correlaciones comportamentales en los primeros días de vida sugieren su importancia en la psicobiología de la personalidad. La razón de su importancia en por lo menos dos dimensiones de la personalidad no está clara. Como se señaló más arriba, algunos investigadores sugieren que la MAO es un indicador positivo de la actividad ST. Otros han puntualizado que su importancia alcanza a los tres principales sistemas de NT, aunque la MAO B parece estar involucrada en el sistema DA. Los bajos niveles de MAO no necesariamente aumentan o disminuyen la actividad de cualquiera de esos sistemas, aunque los desregularía. Si uno de los sistemas monoaminérgicos (MA) está ya activado, y si hay baja MAO para degradarlo, y si hay hiperrespuesta en los receptores, entonces es probable que todo el sistema hiperresponda.

Veamos el papel de la enzima dopamina-b-hidroxilasa (DBH). En la neurona DA, la conversión bioquímica de tirosina a L-dopa a dopamina se detiene con la producción de esta última. Pero en la neurona noradrenérgica, la enzima DBH convierte la DA en NA, en el interior de la vesícula sináptica. Las concentraciones de DBH en el plasma y en LCR correlacionan fuertemente, lo que sugiere que ya sea la DBH plaquetaria como la del LCR tienen una fuente común -como la DBH cerebral- o, más probablemente, que los sistemas NA periféricos y centrales están coordinados. En los procesos neuronales, la DBH ha sido utilizada como un marcador inmunohistoquímico en las neuronas noradrenérgicas de la corteza adrenal y en el hipotálamo de monos rhesus. La DBH sérica tiene propiedades que la hacen un posible marcador biológico de los efectos sobre el sistema noradrenérgico del abuso o maltrato infantil temprano (54b). En primer lugar, la actividad de la DBH sérica aumenta especialmente en los dos o tres primeros años de la vida, con un descenso de ese incremento después de los seis años. En segundo lugar, los estudios en animales de experimentación y en humanos, han mostrado disociación entre la DBH plasmática y los cambios catecolaminérgicos. Por lo tanto, mientras parece no ser útil como índice de la respuesta simpática a estressores agudos, sí puede serlo a los que actúan a lo largo de lapsos prolongados. En tercer lugar, considerando que tanto los sistemas noradrenérgicos como de los glucocorticoides son respondientes al stress, su interacción parece involucrar alteraciones en la actividad DBH.

Galvin y col. habían propuesto que el maltrato infantil en etapas evolutivas críticas ponía al sistema NA en condiciones iniciales de sobreestimulación, posiblemente con una elevación inicial de su enzima limitante, seguida después por represión de la misma actividad enzimática reflejada periféricamente por un descenso de la actividad DBH.

Estudios ya antiguos encontraron correlaciones negativas significativas entre la búsqueda de sensaciones y la DBH plasmática, aunque estudios recientes no han apoyado estos hallazgos. Bajos niveles de DBH deberían conducir a la predicción de bajos niveles de NA, y Ballenger y col. encontraron una correlación negativa substancial entre la NA en el LCR y la búsqueda de sensaciones.

A pesar de las inciertas relaciones entre DBH y búsqueda de sensaciones, se han encontrado bajos niveles de DBH con alteraciones en la inhibición de impulsos, por ejemplo, alcohólicos y niños con conducta no socializada y en los pacientes borderlines.

Varios trabajos de Matthew Galvin y col.(9,10,11) han asociado el maltrato temprano infantil con varias secuelas ulteriores (cogniciones sociales, regulación afectiva, apego, los sistemas del self, y las relaciones con los pares), habiendo sido también implicado en la patogenia de los trastornos severos de conducta. Se dice de estos niños que "no tienen conciencia", pero la conciencia en todo caso es un complejo constructo enraizado en la psicobiología.

Se sabe que la conciencia del sentido de pertenencia o la necesidad moral derivada del interjuego entre las diferencias biológicas individuales y las experiencias evolutivas tienen que ver con el apego, las cogniciones, las emociones y la autonomía. La conceptualización de la conciencia mide el grado de inclusividad y abstracción que una persona utiliza cuando provee una definción personal de la conciencia. Investigaciones llevadas a cabo con niños y adolescentes normales de edades entre los 5 y los 17 años, han permitido identificar cinco etapas en este proceso de conceptualización, a las que se ha denominado de acuerdo a sus características más salientes: la conciencia externa (que va desde el nacimiento hasta los 6 años); la conciencia cerebral o del corazón (desde los 7 a los 11), la conciencia personificada (entre los 12 y 13 años), la conciencia confusa (entre 14 y 15) y la conciencia integrada (entre los 16 y 17). Hay etapas de transición en otros terrenos que están también vinculadas a la conceptualización de la conciencia. La moralización del apego mide las transiciones evolutivas de las respuestas de los más jóvenes a las demandas y prohibiciones parentales basadas en cómo éstos vinculan los sentimientos de seguridad, empatía y pertenencia a las relaciones del hijo con el padre o con otras figuras de autoridad. La responsividad moral-emocional mide las transiciones evolutivas de la manera en que el niño usa: a) la ansiedad y el humor para regular la conducta moral; y b) los procesos de reparación y de manejo de situaciones de errores y equivocaciones para recuperar los estados fisiológicos que se experimentan normalmente cuando uno se siente una buena persona. La evaluación moral mide los cambios evolutivos en la manera como un niño justifica la adhesión o no a reglas de conciencia basadas tanto en el razonamiento como en las defensas psicológicas. Este último campo se subdivide en tres sectores, centrado en las formas en que el niño clasifica las reglas de conciencia según estén fundamentadas en derivadas de la autoridad, derivadas de sí mismo, o derivadas de los pares.

Por último, el campo de la volición moral actualmente bajo análisis, mide las transiciones evolutivas de las maneras como el niño usa su sentido de autonomía al responder y al redefinir reglas de conciencia.

Se supone que la NA juega un papel importante en la modulación del comportamiento y en la internalización de valores. Por lo tanto, los marcadores biológicos de alteraciones en un sistema noradrenérgico en desarrollo pueden resultar de interés, desde el momento que los niños maltratados persistentemente en edades tempranas pueden resultar afectados en las raíces psicobiológicas de la conciencia. Existen estudios respecto de las interacciones de los dos sistemas principales de respuesta al stress, como son los glucocorticoides y la NA, que han correlacionado la DBH sérica baja-recordemos que es la enzima involucrada en el paso de DA a NA-con el trastorno de conducta disocial y con el maltrato persistente en edades tempranas.

En uno de los estudios de Galvin y col.(11), ellos conjeturaron que:

a) los pacientes que habían sido maltratados antes de los 36 meses de edad tendrían menos suficiencia (más retraso evolutivo) y más interferencias psicopatológicas que aquellos que no habían sufrido experiencias de maltrato, o que de haberles ocurrido, fueron más tardías.

b) cuando se los clasificara de acuerdo a su actividad enzimática, los pacientes con menor actividad DBH tendrán menos suficiencia y más interferencias psicopatológicas que los que tenían actividad DBH más elevada.

c) en relación con los campos de conciencia considerados más arriba, los pacientes que tenían más interferencias psicopatológicas en la valoración de la autoridad y de los pares (esto es, menor respeto por los derechos de los demás en función de normas y valores apropiados a la edad) tendrán que tener más abuso, maltrato o negligencia tempranas, así como menor actividad DBH.

Los resultados demostraron que aquellos que habían sido maltratados antes de los 36 meses de edad tenían un retraso significativo en el desarrollo de la conciencia de acuerdo a las etapas evolutivas descriptas anteriormente, en comparación con los que no lo habían tenido, o lo habían experimentado sólo más tarde. El primer grupo resultaba notoriamente menos eficiente en conceptualizar su conciencia personal y en informar sobre reglas derivadas de sí mismo y de los pares, que el grupo de comparación. No eran tampoco capaces de utilizar sentimientos de ansiedad para inhibir comportamientos antisociales, ni eran capaces de hacer algún movimiento, por consiguiente, para restaurar un equilibrio interior perdido a causa de su mala conducta. No podían percibir a las figuras de apego como motivación para obtener un cambio en sus actitudes morales; tampoco se sentían motivados a obtener protección de las mismas a través de los cambios que pudieran producir para volverse personas responsables ni en ese momento ni en el futuro.

Cuando se analizaron las interferencias psicopatológicas combinadas con la evaluación de pares y autoridades, el grupo con mayores interferencias tenía también menor actividad DBH y mayor frecuencia y cantidad de abuso temprano que los que no tenían interferencias. Por otra parte, el primer grupo tenía un retraso considerable en el desarrollo de la suficiencia moral, con un estrecha relación con trastornos de conducta. Estos retrasos de desarrollo, interferencias psicopatológicas, falta de reconocimiento de los valores de la autoridad y de los pares, requieren un sistema de inhibición comportamental que es mediado por la NA.

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